Pedro Cuevas es el fundador de Mohicano, la marca que nació hace más de 30 años en Patronato, y que ha desarrollado los jeans más sostenibles con el 'calce perfecto´para combatir el consumos desechable.

La historia de la última fabrica sostenible de denim que queda en Chile es familiar. Es una batalla por innovar y preservar lo que comenzó una madre que emprendió, creció y tuvo éxito en la industria textil chilena desde el Puerto de San Antonio, en la Región de Valparaíso. Allí creció Pedro Cuevas, junto a sus tres hermanos, rodeado de telas, grandes máquinas y tiendas. “Llegamos a tener cinco boutiques muy variadas, con todo tipo de ropa y calzado y a todas les iba bien”, cuenta Cuevas a Forbes Chile. Él es el fundador de este denim sustentable: Mohicano Jeans.

“Yo conocí muchas historias de fábricas chilenas que partieron chicas y se volvieron grandes. Llegaba a la fábrica y veía estacionado el Mercedes-Benz del dueño. Yo quería ser ese señor, con ese Mercedes”, dice entre risas. Y lo logró. Tuvo todo lo que quiso y más, asegura. Tras dejar los estudios de agronomía que cursaba, sintió que era algo natural seguir los pasos de su madre en el mundo de la moda y el comercio.

A los 20 años desarrolló una línea de jeans que llamó Free Beach. Cuatro años más tarde decidió mudarse a Santiago a instalar una tienda en Patronato, donde incluso la gente de regiones llegaba a comprar. “Quise crear mi propio camino”, recuerda. Pero investigando y tras ver la película ‘The last of the Mohicans’, vio que era algo representativo, pues veía como muchas otras empresas iban quebrando y él se adueñaba de esas máquinas grandes para confeccionar, desde Chile, los jeans. “Este es el nombre que tiene que tener mi marca: Mohicano”, pensó.

Con un capital de 30 millones de pesos, que venía en su mayoría de la venta de uno de los camiones familiares, apostó por establecer una fábrica en Santiago -actualmente tiene dos en Santiago y una en Tierra de Fuego- mientras grandes marcas, como Ricciardi y Levi’s, abandonaban la producción nacional. “La competencia China parecía ganar, pero su fabricación era estandarizada y desechable; no estaba hecha para la mujer latina. Yo fui contra la corriente. Me enfoqué en el ‘calce perfecto‘ como bandera para construir una marca premium desde el origen”, asegura.

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Fábrica de Mohicano en Tierra de Fuego.

DENIM DESDE LA PATAGONIA: LOS JEANS MÁS SOSTENIBLES

Todo cambió cuando en sus viajes comenzó a ver todo tipo de tecnología que podía traer a Chile para innovar. Desarrolló líneas de jeans con partículas de plata; jeans anticelulitis, que se activaba por el tipo de fibra; y aplicaciones con aloe vera. Las telas las trae de Brasil, Egipto e Italia.

Antes de la pandemia, en 2020, llegó a vender 20.000 jeans al mes, cifra que se ha reducido a 12.000, y que lo tiene lejos de las grandes ganancias de antes, pero reinvirtiéndolo todo en tecnología -ha invertido 1.5 millones de euros- para seguir con el propósito: demostrar el valor de la industria textil nacional y hacerla sostenible. “Fabricamos solo lo que nos piden con antelación para no producir sobre stock. Aunque el mercado mayorista mermó, nuestras ventas online (B2C) pasaron del 5% al 30%“, detalla Cuevas.

De hecho, gracias a esta tecnología, trajo máquinas de la marca italiana Tonello que intervienen en el lavado y reducen el gasto de agua de 120 litros a solo 5 u 8 litros en la producción de jeans: “Inyectamos agua mediante nanoburbujas (como vapor), usamos láser en vez de químicos para desgastar la prenda y lavamos con ozono”, añade.

Máquinas Tonello de lavado.

Y bajo este contexto de sostenibilidad, en 2016, abrió una de las fábricas más remotas, justo en Porvenir, Tierra de Fuego. “Elegí la Patagonia por la Ley Navarino, que reduce la carga de impuestos a través de una franquicia tributaria, y para salir al mundo con una denominación de origen que todos asocian con calidad premium y sustentabilidad“, indica. Sin embargo, también por el sueño de abrirse al mundo: quiere llegar a Estados Unidos y Europa. A esta planta está trayendo maquinaria robotizada de Italia que le permitirá producir más en menos tiempo.

En 2027 incorporará otro hito para su producción sostenible: ha probado durante dos años, junto a otra empresas y científicos, el proceso de bacterias que “se comen” el tinte índigo y devuelven el agua blanca para ser reutilizada mediante ósmosis inversa. Esto permitiría la reutilización del 100% del agua que hasta ahora gasta en la confección de los jeans.

“Nuestra filosofía es ser un producto de kilómetro cero en Chile, con estándar europeo y calce perfecto, para combatir la contaminación de toneladas de ropa que llegan al desierto”, resalta el empresario.

Mohicano ya no se vende en retail, como lo hizo en un tiempo en Paris, “porque priorizan el precio sobre la calidad. Hoy la industria es demasiado informal. Muchos productos dicen ‘Hecho en Chile’, pero vienen de talleres informales con condiciones precarias”. Sus ventas se concentran por ecommerce a través de su página web, y en sus tres tiendas físicas: una en Avenida Kennedy, la original de Patronato y un showroom de experiencia B2B en Recoleta.

Cuevas se convirtió en todo lo que quiso desde joven, cuando hace más de 30 años partió este negocio. Pero sobre todo, ha logrado mantener el legado de su madre con un toque propio y un desarrollo sostenible que lucha contra el consumo desechable.