Cada alimento que se pierde o desperdicia implica más que un producto que no llega a consumirse. También significa desaprovechar agua, energía, suelo, transporte, capacidad productiva y horas de trabajo.
La pérdida y el desperdicio de alimentos representan una de las mayores oportunidades para avanzar hacia sistemas alimentarios más eficientes. Mientras millones de personas en el mundo enfrentan dificultades para acceder de manera regular a una alimentación suficiente, segura y nutritiva, un porcentaje significativo de lo que se produce nunca llega a consumirse. Reducir esta brecha exige el compromiso de todos quienes participan en la producción, distribución y consumo de los alimentos, y tiene efectos que van mucho más allá de lo social y ambiental.
Cada alimento que se pierde o desperdicia implica más que un producto que no llega a consumirse. También significa desaprovechar agua, energía, suelo, transporte, capacidad productiva y horas de trabajo. A ello se suma un impacto climático considerable: según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la pérdida y el desperdicio de alimentos son responsables de entre el 8% y el 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero[1].
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La realidad de Chile hace que este desafío cobre una dimensión especial. La extensión de nuestro territorio, las distancias entre los centros productivos y los principales centros de consumo, junto con la necesidad de abastecer oportunamente a comunidades a lo largo del país, hacen cada vez más importante contar con una cadena alimentaria eficiente.
Enfrentar esta tarea exige mirar el proceso completo. Las pérdidas y el desperdicio pueden producirse en cualquier etapa y ningún actor puede resolver este problema por sí solo. Se requiere un esfuerzo conjunto entre la industria, las autoridades, el comercio y la sociedad para avanzar en soluciones concretas.
En ese contexto, las decisiones de consumo cumplen un papel fundamental. La disponibilidad de alternativas que combinen practicidad, conservación y tamaños adecuados para diferentes tipos de hogares puede contribuir a disminuir las pérdidas en el día a día.
Pero el desafío no termina ahí. También es necesario impulsar soluciones de procesamiento y envasado que ayuden a extender la vida útil de los productos, reducir mermas y ampliar su disponibilidad. Mantener alimentos seguros durante más tiempo no solo ayuda a evitar pérdidas innecesarias, sino que también facilita su acceso en zonas alejadas de los centros de producción.
La innovación también abre nuevas oportunidades para seguir avanzando en esta materia. Dar un mejor uso a materias primas que tradicionalmente terminaban desechándose permite aprovechar recursos que antes se consideraban residuos. Hoy existen tecnologías capaces de recuperar subproductos y transformarlos en nuevos ingredientes, contribuyendo a una producción más eficiente.
La reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos no debe entenderse únicamente como un desafío ambiental. Es también una oportunidad para fortalecer la seguridad alimentaria, hacer un uso más inteligente de los recursos y construir cadenas de suministro más robustas. En un mundo donde la demanda por alimentos sigue creciendo, avanzar en esta materia es una responsabilidad compartida y una oportunidad concreta para generar valor para las personas, las empresas y el país.
[1] https://www.unep.org/news-and-stories/press-release/food-waste-focus-world-marks-international-day-zero-waste
Sobre el autor
Guillermo Yáñez es Country Manager y Director Comercial de Tetra Pak Chile
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