Las empresas chilenas superaron la primera etapa de adopción de la inteligencia artificial. La segunda edición de “SONDA Tech Trends” así lo confirma: el 88% de las compañías ya opera con IA en alguna medida, ya sea explorando casos de uso, desarrollando pilotos, aplicándola en procesos específicos, integrándola como eje estratégico o incorporándola transversalmente en su […]
Las empresas chilenas superaron la primera etapa de adopción de la inteligencia artificial. La segunda edición de “SONDA Tech Trends” así lo confirma: el 88% de las compañías ya opera con IA en alguna medida, ya sea explorando casos de uso, desarrollando pilotos, aplicándola en procesos específicos, integrándola como eje estratégico o incorporándola transversalmente en su operación. La cifra representa un salto significativo respecto de la primera edición del estudio, cuando solo un 16% declaraba utilizar activamente esta tecnología.
Sin embargo, el principal desafío ya no consiste en adoptar IA. La pregunta relevante es cómo convertir esa adopción en una capacidad estratégica, escalable y sostenible para el negocio.
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La evidencia del desfase es clara. El 53% de las organizaciones reconoce manejar solo ideas generales sobre cómo avanzar, mientras que apenas un 13% declara contar con una estrategia clara en ejecución. Al observar los distintos niveles de madurez, un 40% se mantiene explorando o desarrollando pilotos, un 30% ya aplica IA en algunos procesos y solo un 5% ha logrado integrarla transversalmente en toda la organización.
Esta brecha es comprensible. Las herramientas de inteligencia artificial generativa democratizaron el acceso a la tecnología antes de que muchas organizaciones pudieran definir cómo integrarla a sus procesos, sus datos, su arquitectura tecnológica y su modelo de negocio. Hoy es relativamente sencillo acceder a un modelo generativo y comenzar a experimentar. Lo verdaderamente complejo es pasar desde esas experiencias individuales o aisladas hacia una operación gobernada, segura y conectada con resultados medibles.
Ese es el punto de inflexión que estamos viviendo. Durante la primera etapa, las empresas se preguntaban qué podían hacer con inteligencia artificial. En la etapa actual deben decidir qué procesos desean transformar, qué decisiones podrían mejorar, qué capacidades necesitan desarrollar y cómo medirán el valor generado.
La diferencia es profunda. Usar una herramienta de IA puede aumentar la productividad de una persona o de un equipo. Industrializar la IA, en cambio, significa rediseñar la forma en que una organización opera. Requiere conectar modelos y agentes con datos confiables, sistemas empresariales y procesos críticos. También exige establecer criterios de seguridad, trazabilidad, observabilidad, gobierno y control de costos.
Por eso, la próxima fase no será únicamente tecnológica. Será, sobre todo, organizacional.
Los resultados de “SONDA Tech Trends” muestran que el 29% de las compañías quiere utilizar IA para optimizar procesos y el 27% espera aplicarla al análisis de datos para mejorar la toma de decisiones. Estas aspiraciones son consistentes con una visión de la IA que deja atrás la experimentación y comienza a vincularse con productividad, eficiencia operacional y crecimiento. Pero alcanzar esos resultados demanda algo más que incorporar herramientas. Requiere una hoja de ruta que priorice casos de uso, identifique impactos esperados y prepare a los equipos para trabajar con nuevas capacidades.
También resulta significativo que el liderazgo de estas iniciativas se esté desplazando hacia la alta dirección. El 41% de los proyectos de IA ya es impulsado directamente por gerencias generales o directorios. Esto confirma que la inteligencia artificial dejó de ser una conversación exclusiva de las áreas de tecnología y pasó a ocupar un lugar en la agenda estratégica de las organizaciones.
Desde SONDA vemos este cambio como una evolución natural. Nuestro enfoque AI First busca precisamente que la inteligencia artificial deje de funcionar como una solución aislada y se convierta en una capacidad operativa integrada a los datos, sistemas y procesos donde ocurre el negocio. El objetivo no es simplemente “tener IA”, sino utilizarla para anticipar eventos, apoyar decisiones, automatizar acciones y mejorar continuamente la operación.
Nuestro rol como compañía latinoamericana no consiste solamente en observar esta transformación, sino en ayudar a industrializarla. Conocemos las restricciones, los sistemas heredados, las exigencias regulatorias y las realidades operacionales de las organizaciones de la región. Esa cercanía nos permite conectar la capacidad global de la tecnología con los desafíos concretos de cada mercado e industria.
Chile avanzó rápidamente desde la expectativa hacia la adopción. El desafío ahora es avanzar desde la adopción hacia la generación sistemática de valor. Para lograrlo, las organizaciones deberán combinar estrategia, talento, datos, tecnología y gestión del cambio. Ninguno de estos elementos, por separado, será suficiente.
Las compañías que construyan hoy esa capacidad organizacional serán las que definirán los estándares competitivos de la próxima etapa. Podrán transformar la IA en productividad, crecimiento, mejores experiencias y nuevas formas de operar. Quienes permanezcan indefinidamente en la exploración seguirán participando en la conversación sobre inteligencia artificial, pero correrán el riesgo de quedar fuera de sus beneficios reales.
La IA ya llegó a las empresas chilenas. Ahora comienza la etapa verdaderamente desafiante: convertirla en una capacidad estructural del negocio.
Sobre el autor:
Héctor Bravo Vaca, director de Desarrollo de Negocios y Tecnologías Disruptivas de SONDA
Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Chile.
