Una de las barreras para el desarrollo de esta industria en Chile sigue siendo la falta de financiamiento
Por Andrés Labbé
La invasión rusa a Ucrania puede llegar a tener un impacto mucho mayor que cualquier acuerdo alcanzado en el marco de las COP en lo que se refiere a una transición energética hacia la carbono-neutralidad. Y esto lo podríamos evidenciar aún más claramente en nuestro país.
Las preocupaciones sobre la seguridad energética mundial han alertado a los inversionistas, generando alzas significativas en los precios del petróleo y el gas natural. Lamentablemente, este conflicto que se suponía breve se ha extendido y no se avizoran soluciones concretas a corto plazo.
Este nuevo escenario geopolítico está acelerando cambios relevantes en materia energética. La Comisión Europea ha indicado que la eliminación gradual de la dependencia de Rusia se puede lograr mucho antes del 2030 pero para eso se necesita, entre múltiples medidas, acelerar la producción e importación de hidrógeno limpio. Para concretar lo anterior, han expresado que se necesita movilizar recursos financieros a gran escala hacia aquellos proyectos que tienen el potencial de alcanzar viabilidad económica en el menor tiempo posible.
Por otra parte, Chile es hoy uno de los principales hot spots del hidrógeno verde en el mundo. Con condiciones excepcionales para la generación de energía renovable a bajo costo; una estrategia nacional oportuna, clara y ambiciosa hoy convertida en política de Estado; y un amplio portafolio de proyectos, nuestro país tiene todos los elementos necesarios para liderar esta misión. Así Chile cumpliría el sueño de ser el país más competitivo en la producción de hidrógeno verde, al alcanzar costos de producción por debajo de US$ 1,5 por kilo al año 2030 o antes.
Sin embargo, una de las principales barreras para el desarrollo de esta industria sigue siendo la falta de financiamiento oportuno y adecuado en las distintas etapas de los proyectos. Por una parte, la capacidad del Estado chileno para otorgar subsidios es muy limitada.
Si bien los US$ 50 millones adjudicados por CORFO a seis proyectos, sumado a los aportes de la Agencia de Sostenibilidad Energética a través de su aceleradora de hidrógeno verde son iniciativas dignas de destacar y reconocer, las necesidades de capital sobrepasan con creces esta cifra.
Por otra parte,el financiamiento privado aún no está disponible en montos significativos. Hasta ahora el mundo corporativo ha sido el actor más activo en disponer de capital para el desarrollo de los proyectos, pero en muchos casos la capacidad de sus balances limita los recursos disponibles.
ADEMÁS: La carrera por el hidrógeno verde en Latinoamérica, rumbo a la descarbonización
Todo lo anterior revela la necesidad de compensar estas carencias con creatividad e innovación financiera. El match entonces se vuelve evidente. Haciendo uso de la diplomacia y buenas relaciones internacionales, especialmente con Europa, el Gobierno de Chile estaría en condiciones de atraer recursos financieros de carácter concesional para el desarrollo del hidrógeno verde como industria.
Este financiamiento puede ser utilizado para reducir los riesgos de estos proyectos y con esto, atraer a inversionistas privados en una escala significativa. Esta fórmula resulta particularmente atractiva para aquellos inversionistas institucionales de países desarrollados comprometidos con el Race to Zero y que están en la búsqueda de soluciones climáticas disruptivas para incorporar dentro de sus portafolios.
La ventana para concretar esto es estrecha y se puede cerrar rápidamente. El momento de actuar es ahora.