La conservación y protección del medioambiente se está volviendo un negocio. El interés de inversionistas conscientes ha aumentado y Chile cuenta con grandes extensiones de terrenos que están siendo preservados cada vez más.

Conservar la Patagonia del sur de Chile y convertirla en un negocio rentable. Esta es la premisa del emprendedor chileno Felipe Escalona que, de tocar guitarra en las micros de Santiago para costear sus traslados desde Puente Alto —donde residía— hacia la Universidad de Chile, se graduó de abogado y empezó a hacer negocios que lo llevaron a alcanzar una inversión inicial de 300.000 dólares para adquirir las primeras hectáreas de tierras en la Región de Aysén.

En ese camino fue determinante un viaje que Escalona hizo a las Torres del Paine, en la Región de Magallanes. En esta travesía sobrevivió a una tormenta de nieve que le ocasionó un inicio de hipotermia y congelamiento.

Desde allí decidió que se dedicaría a la conservación del medioambiente y a la lucha contra el cambio climático, desde el mundo privado. Así, en 2017, nació Real Eco State, un negocio con el que compra predios a privados y los revende con una sola condición: la conservación del bosque. Se trata de no cortar ni destruir un solo árbol.

En estos casi 10 años, Real Eco State ha vendido más de 30 millones de dólares en 1.300 terrenos, que suman más de 10.000 hectáreas. Los compradores son principalmente personas naturales de más de 20 países: Chile encabeza la lista, seguido de Estados Unidos y Alemania.

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“Hoy tenemos un modelo que permite comercializar terrenos en Chile con Derecho Real de Conservación (DRC) perpetuo y generación de créditos de carbono certificados, accesible desde cualquier parte del mundo mediante firma electrónica y en cuestión de horas: Real Eco State transfiere las sociedades dueñas de los terrenos, constituidas bajo jurisdicciones internacionales y legalizadas en Chile”, detalla a Forbes Chile Felipe Escalona.

Durante la última década se han quintuplicado las inversiones en entornos naturales de conservación, lo que se traduce en que la cifra haya superado los 60.000 millones de dólares. Así lo afirma un estudio de la ONG The Nature Conservancy. Y la tendencia es positiva también según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU): el gasto en biodiversidad y protección del paisaje aumentó un 11 % entre 2022 y 2023, y la financiación pública internacional para soluciones basadas en la naturaleza en 2023 fue un 22 % superior a la de 2022 y un 55 % superior a los niveles de 2015.

Para Escalona el interés por este tipo de inversión ha crecido por:

• Escasez: la tierra con bosque nativo maduro es un stock finito y decreciente. Quien compra hoy adquiere un activo que no se reproduce. En el mundo de la IA y los robots, la desconexión o más bien la conexión con la naturaleza se vuelve un lujo.

• Estructura jurídica madura: 10 años de aplicación del Derecho Real de Conservación (DRC) dieron certeza a un instrumento que en 2016 era una novedad.

• Monetización del carbono: hasta hace poco, conservar significaba renunciar a ingresos. Con medición instrumental y certificación bajo un estándar reconocido, el mismo predio genera un flujo anual. La conservación empieza a competir en términos financieros con el uso alternativo del suelo.

• Presión regulatoria sobre las empresas: la demanda corporativa por créditos de alta integridad crece a medida que las obligaciones de reporte y compensación se endurecen. El mercado voluntario de carbono cargó con críticas fundadas por proyectos de calidad deficiente, y la respuesta ha sido migrar hacia créditos con medición directa y verificación robusta.

Su empresa llamó la atención de la tecnológica japonesa NTT DATA, con la que llegó a trabajar desde 2025: “Les interesó cómo resolvimos la medición en tiempo real del intercambio de gases de efecto invernadero en ecosistemas de gran extensión. Nos dicen que somos el Netflix de la naturaleza, porque podemos medir en tiempo real (20 veces por segundo) cómo respiran los ecosistemas”, cuenta Escalona.

Desde 2024 monitorean en tiempo real más de 1.563.297,81 hectáreas en la Región de Aysén, con sensores instalados in situ y en alianza con la misión GEDI de la NASA. Esperan triplicar esa superficie en 2027, incorporando las regiones de Los Ríos y Los Lagos.

Real Eco State consigue estos terrenos privados en un proceso de cuatro etapas: “Identificamos predios con atributos ecosistémicos relevantes mediante análisis satelital, LiDAR y verificación en terreno. Negociamos con el propietario bajo distintas figuras según el caso: compra directa, asociación con reparto de ingresos e incluso mandatos de comercialización, que hemos empezado a recibir ante el alto interés de fondos nacionales y extranjeros por adquirir grandes extensiones de tierra. Constituimos el Derecho Real de Conservación por escritura pública y lo inscribimos. Finalmente instalamos la capa tecnológica, que habilita la medición y el plan de manejo de conservación”, especifica su fundador.

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¿Cómo consiguió este emprendedor de Puente Alto convertir en negocio la conservación de la Patagonia chilena junto a la NASA como aliada?
Felipe Escalona, fundador de The Real Eco State y Carbon Real

LA INICIATIVA DEL EMPRESARIO DE TICKETPLUS

Una alfombra de muchos tonos de verde se expande a través del extenso y espeso paisaje. Hay árboles de distintos tamaños y, a lo lejos, montañas que se oscurecen y se aclaran dependiendo del paso de las nubes que las cubren.

Se escucha el correr del agua muy cerca. Ese pedacito de tierra es parte de las más de 22.000 hectáreas de territorios abundantes en agua, bosques y fauna nativa del sur de Chile que adquirió la startup Genau Green para su conservación.

Genau Green nace en 2022 como una iniciativa privada de Yethro Dinamarca Santelices —el principal accionista y chairman de Ticketplus—, a partir de una convicción muy arraigada en su historia personal y familiar: la necesidad de proteger el patrimonionatural de Chile. Proveniente de una familia históricamente vinculada al movimiento ecológico, Yethro buscó llevar esa vocación al mundo empresarial y encontrar una fórmula que permitiera hacer conservación efectiva a una escala mayor.

“El desafío tomó años de estudio y desarrollo. Buscábamos no solo proteger lo que más pudiéramos, sino también superar la idea de que conservar necesariamente significa excluir la presencia humana de los territorios”, dice a Forbes Chile Camilo González, gerente de operaciones de Genau Green.

Los terrenos en conservación de Genau Green se encuentran principalmente en el sur de Chile y tienen bosques nativos, reservas y cursos de agua, biodiversidad y ecosistemas.

“No buscamos adaptar la naturaleza; buscamos que el diseño del proyecto se adapte al territorio, definiendo qué áreas pueden habitarse y cuáles deben mantenerse bajo mayores niveles de protección. Lo que queremos transmitir es que debemos aceptar la idea de que esta naturaleza única no tiene realmente dueño, nosotros estamos de paso. Por ende, asumir un rol activo como protectores de aquello que nos genera tanto valor es la piedra angular de esta visión de largo plazo”, considera González.

Los proyectos de conservación de esta compañía se desarrollan exclusivamente en territorios privados, “que es donde se pueden implementar modelos de conservación y desarrollo sostenible más innovadores”, agrega el ejecutivo. No operan en reservas públicas ni tierras fiscales.

Ellos trabajan fundamentados en el Derecho Real de Conservación (DRC), que permite establecer jurídicamente obligaciones destinadas a conservar el patrimonio ambiental de los predios y que permanece asociado al inmueble a lo largo del tiempo. A esto suman reglamentos y normas internas: “La lógica es que la conservación no dependa únicamente de la voluntad del propietario, sino que quede incorporada a la estructura jurídica del proyecto”, añade.

Para la empresa, el interés por la conservación ha crecido sostenidamente en Chile y el mundo, y la razón que ven es que, mientras aumenta el desarrollo económico, tecnológico y urbano, los territorios con bosques nativos, agua y ecosistemas bien conservados se vuelven más escasos y, al mismo tiempo, más valorados. “Esta realidad está generando una nueva conciencia respecto de la tierra: ya no solo como un activo inmobiliario, sino también como un patrimonio natural que es necesario proteger”, afirma González.

Yethro Dinamarca Santelices, el principal accionista y chairman de Ticketplus, fundador de Genau Green.

UNA MUJER QUE EDUCA CON LA NATURALEZA

Todo comenzó por un mandato de su madre, Teresa Solari, y sus tías, para hacerle honor a su abuela Eliana Falabella. De allí vino una reflexión personal: “¿Cómo podía nuestra familia colaborar con Chile y aportar nuestro grano de arena en materia de conservación?”, cuenta a Forbes Chile Francisca Cortés Solari.

Fue entonces cuando la hija mayor de Teresa Solari —parte de la tercera generación del grupo empresarial que lidera el retail en Chile y Latinoamérica, Falabella— se alejó del negocio que fundaron sus abuelos Alberto Solari y Eliana Falabella a partir de la sastrería familiar, para dedicarse por completo a la filantropía. Creó Fundación Caserta haciendo summer camps para los hijos de quienes cuidaban los caballos de carrera del Club Hípico de Chile. Posteriormente nace Fundación MERI (Melimoyu Research Institute), lo que permitió incorporar la ciencia y la educación ambiental al servicio de la conservación.

En 2018 agrupó todo en Filantropía Cortés Solari para promover la educación integral, la mitigación del cambio climático y la conservación de la biodiversidad.

“Primero apareció la Reserva Puribeter, ubicada en San Pedro de Atacama, luego la Reserva Elemental Likandes, ubicada en la Región Metropolitana. Y cuando surgió la posibilidad de adquirir la Reserva Elemental Melimoyu, un territorio de más de 16.000 hectáreas, ubicado en la Patagonia Norte chilena, es cuando realmente iniciamos nuestro trabajo en conservación”, detalla Cortés Solari.

Entre los proyectos exitosos de la fundación, destacan las investigaciones de más de 12 años de cetáceos en la Patagonia Norte, que permitieron impulsar, junto al Ministerio del Medio Ambiente, The Blue BOAT Initiative, utilizando tecnología y monitoreo acústico para detectar ballenas y disminuir el riesgo de colisiones con embarcaciones.

Para Cortés Solari la sostenibilidad y la rentabilidad son perfectamente compatibles. “El problema es que hasta la fecha no hemos valorizado los servicios ecosistémicos que nos entrega la naturaleza. Por ejemplo, junto a Ralph Chami, economista del FMI, desarrollamos un estudio que estima el valor de los servicios ecosistémicos de las ballenas azules en Chile en más de US$3.000 millones, del orden de US$4 millones por individuo. Si comenzamos a incorporar el valor de los servicios ecosistémicos que prestan los cetáceos —captura de carbono, biodiversidad, agua, regulación climática— cambia completamente la ecuación y se vuelve esencial evitar la colisión entre ballenas y embarcaciones”, especifica.

“La pregunta no es cuánto cuesta conservar la naturaleza, sino cuánto nos va a costar no conservarla”, sentencia. Y agrega: “La naturaleza es la infraestructura que sostiene la economía”.

Para todos ellos, la conservación privada es una herramienta efectiva para proteger la naturaleza y generar valor compartido en los territorios. Su consolidación depende del fortalecimiento de modelos de colaboración que permitan potenciar su impacto ambiental, social y económico.

Francisca Cortés Solari:
Francisca Solari. Foto: Cortesía