Ser reconocidos como la viña #1 del mundo no lo vemos solo como un premio: es la primera vez que un proyecto vitivinícola chileno deja de perseguir un estándar y empieza a marcarlo.
Durante décadas, el vino chileno se pensó mirando hacia afuera: comparándose con Burdeos, Napa o Mendoza, buscando validación en categorías ya definidas por otros. Producíamos muy bien, pero seguíamos una referencia ajena.
Hace un año eso cambió. VIK se convirtió en la primera viña chilena en alcanzar el primer lugar en el ranking de The World’s 50 Best Vineyards.
Este reconocimiento nos llena de orgullo, pues corona un esfuerzo construido a lo largo de años, desde la visión de los fundadores Alex y Carrie Vik, quienes vieron un enorme potencial en un lugar no tradicional para vinos como Millahue, en el Valle del Cachapoal.
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Reunieron a un equipo de enólogos, climatólogos, geólogos, viticultores y agrónomos para identificar el mejor terroir de Sudamérica, con un sueño claro: ser parte del panteón de los mejores vinos y experiencias del mundo.
Luego vino la visión de convertir todo esto en una experiencia inigualable, y por eso se eligió al arquitecto chileno Smiljan Radic para diseñar la bodega. El diseño es, a la vez, vanguardista, altamente sostenible, tecnológicamente creativo y una impresionante experiencia visual. Situada entre montañas y extensos valles, con los imponentes Andes en la distancia, la bodega está cuidadosamente diseñada para impactar lo menos posible en el paisaje.
Es tal la belleza de este edificio que fue una de las obras destacadas cuando, este 2026, Radic recibió el Premio Pritzker —el Nobel de la arquitectura—, que lo distinguió como el segundo arquitecto chileno en la historia en obtenerlo. VIK se ha ido transformando en un “must” no solo para los amantes del vino.
Ser reconocidos como la viña #1 del mundo no lo vemos solo como un premio: es la primera vez que un proyecto vitivinícola chileno deja de perseguir un estándar y empieza a marcarlo.
Los números confirman que esa idea también es negocio: entre noviembre de 2025 y julio de 2026, las ventas de tours crecieron 53%, las ventas de vino a visitantes subieron 19% y las pernoctaciones del hotel aumentaron 21%.
El error sería interpretar esto como una victoria aislada. Un solo caso no cambia la posición de un país; lo cambia una industria que decide competir de manera distinta y trabajar en pos de un estándar de lujo.
Si el enoturismo va a ser la próxima ventaja del vino chileno, exige que el sector completo invierta en experiencia, no solo en la vendimia, y deje de tratar la hospitalidad como algo anexo al negocio. La hospitalidad y la experiencia requieren esfuerzo, inversión y expertise, no copiar fórmulas. Es crear una identidad y, con base en ello, construir el futuro de una industria que hoy en día enfrenta un escenario desafiante, pero con grandes posibilidades para quienes sepan sortear las dificultades.
En noviembre cerraremos este ciclo del modo más simbólico posible: la misma bodega chilena que hace un año llegó al número uno del mundo será parte de la primera vez que Chile sea anfitrión de la organización de 50 Best Vineyards. Ahí, VIK ingresa al Hall of Fame de The World’s 50 Best Vineyards ( junto a grandes bodegas del mundo como Catena, Zuccardi y Marqués de Riscal), destacando por una propuesta integral en torno al enoturismo.
Nuestro #1 no es un título que se apaga en la próxima votación; es un lugar que queda grabado como uno de los mayores hitos de la industria chilena.
