Dos de las viñas chilenas más reconocidas del planeta apuestan por convertir la cosecha de la uva en un evento de lujo. Forbes Chile estuvo en ambas experiencias marcadas por el cuidado del producto y la celebración de la naturaleza.
Hay una paradoja en el corazón de la industria vitivinícola global. El consumo de vino cayó en 2025 a niveles históricos y Chile no escapó a la tendencia. Sin embargo, este otoño, dos de las viñas chilenas más laureadas del mundo organizaron sus vendimias con listas de espera, marcas de lujo internacional como auspiciadoras y una propuesta que tiene poco que ver con el negocio tradicional de vender botellas para consumo. La invitación es a poner en valor el proceso de la producción.
La vendimia es la fiesta que año a año se vive en los valles de Chile cuando llega la hora de cosechar la uva. La tradición habla de jornadas de trabajo multitudinarias, esforzada recolección manual, molienda a pie descalzo y una zaranda enérgica, que luego se corona con una fiesta y comida del tipo bacanal.
Sin embargo, a siglos de aquellas populosas ofrendas a Baco, hoy en las vendimias se impone la premiumización de cada una de las experiencias. La vendimia número 40 de Don Melchor en Puente Alto y la Vendimia VIK 2026 en el valle de Millahue, así lo demostraron a quienes pudieron acceder.
DON MELCHOR: LA MADUREZ DE LOS 40
Hay una imagen que define bien lo que Don Melchor tiene y no necesita demostrar: en 2024, Wine Spectator —la publicación de vinos más influyente del mundo— eligió al Don Melchor como el vino número uno del planeta. No el mejor chileno. El mejor del mundo. Esa distinción, que ningún otro vino sudamericano había alcanzado antes, es el telón de fondo sobre el que se organizó, entre el 8 y el 11 de abril de 2026, la celebración de su cosecha número 40.
El itinerario que Forbes Chile siguió comenzó donde todo comienza: en el viñedo. En Puente Alto, a los pies de la Cordillera de los Andes, en lo que la industria reconoce como una de las denominaciones de origen más excepcionales del Nuevo Mundo, los asistentes participaron en la cosecha manual en las hileras del Viñedo Solar, un proyecto plantado en 2018 para investigar la orientación y densidad de plantación óptimas en este terroir específico. No es una actividad decorativa: es la investigación en tiempo real que define cómo será el Don Melchor de la próxima década.
Con sombreros y delantales brandeados, cada uno de los selectos 40 participantes diarios se enfundó los guantes y tomó las tijeras podadoras. La distribución de las zonas de trabajo es al azar. Un sorteo que invita a la socialización. Las instrucciones están a cargo de Enrique Tirado, CEO y enólogo jefe de la viña, quien cuenta cómo el terroir ha sido preservado con jardines ecológicos que buscan defender su biodiversidad. Él es quien también va, hilera por hilera, supervisando la cosecha y enseñando la mejor forma de tomar cada racimo. El fruto es perfecto, dulce y resplandece bajo el sol. Luego, un grupo de mujeres tomará el cargamento recolectado y seleccionará, una a una, las uvas con que se hará Don Melchor.
Acá, por cierto, no hay uva pisada ni zarandeo. Solo un cuidado trabajo artesanal, donde los granos se parten primorosamente a la mitad antes de entrar a fermentar.

El mago revela sus secretos. Para quienes entienden el lenguaje del vino, escuchar a Enrique Tirado, el enólogo tras Don Melchor, explicar la evolución de cuarenta años de un mismo Cabernet Sauvignon es una experiencia difícil de traducir en palabras. ¿Cómo explicar la energía y fineza que dan la madurez?
La experiencia se desplaza luego a Pirque, a unos 20 kilómetros de la viña, a Casa Don Melchor, la histórica residencia de veraneo de Melchor Concha y Toro —fundador de la viña— declarada Monumento Histórico Nacional en 1971. Allí, Enrique Tirado conducirá una degustación vertical de tres parcelas emblemáticas del viñedo junto a la cosecha vigente. El mago revela sus secretos. Para quienes entienden el lenguaje del vino, escuchar a Tirado explicar en ese espacio señorial la evolución de cuarenta años de un mismo Cabernet Sauvignon es una experiencia difícil de traducir en palabras. ¿Cómo explicar la energía y fineza que dan la madurez? Es algo que solo se entiende después de mucho vivir.
La jornada cierra con una cena de mantel largo, donde la arquitectura del siglo XIX y la bodega de colección que resguarda todas las añadas desde la primera cosecha y la propuesta gastronómica dialogan a la perfección.
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Lo que la experiencia transmite con claridad es que Don Melchor no está vendiendo enoturismo. Está vendiendo acceso a una historia de cuatro décadas de consistencia que, según sus propias métricas, ningún otro vino chileno puede replicar. Y hay un mercado dispuesto a pagarlo: el 80% de las ventas de Don Melchor se concentra en Brasil, el único gran mercado donde el consumo de vino no cayó en 2025, sino que se disparó un 41,9%, alcanzando su máximo histórico de 4,4 millones de hectolitros. Esa coincidencia geográfica no es casual. Y no es de extrañar que en esta espléndida jornada de vendimia, el portugués sea la segunda forma de comunicación.
VIK: FIESTA DE LA BELLEZA
Si Don Melchor es la historia de un ícono, VIK es la puesta en escena de una celebración tan única como la belleza de la arquitectura pétrea diseñada por el flamante premio Pritzker, Smiljan Radic. Es conmovedor adentrarse en el galpón de las barricas caminando entre rocas y guijarros que se despliegan, tan magníficos como la cordillera, sobre un espejo de agua estriado a la entrada de la Viña. Simpleza y poesía de la materialidad. Al otro lado, los viñedos maduros y generosos, como las largas mesas en que se instalan los 400 asistentes.
En el valle de Millahue, en el corazón del Valle de Colchagua, el hotel y la sala de catas de la viña se cobijan bajo un mismo argumento: en un país con pocas obras de esa jerarquía arquitectónica, el espacio donde se celebra la vendimia forma parte de la experiencia tanto como el vino mismo.
El contexto de VIK tampoco requiere presentación extensa. En 2025, World’s 50 Best Vineyards —el ranking más influyente de la industria a nivel global— coronó a VIK como la viña número uno del mundo. Es la primera viña chilena en alcanzar esa posición, y la segunda vez que un productor latinoamericano llega a la cima de ese listado. Ese reconocimiento fue el hilo conductor de toda la jornada.
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La Vendimia VIK combinó catas guiadas por el equipo enológico —con Cristian Vallejo, enólogo jefe, como protagonista— con estaciones de gastronomía en vivo en los jardines, asados de todo tipo, coctelería de autor y música que fue desde un cuarteto de cuerdas hasta una pista de baile animada por DJs, que tuvieron al propio Vallejo y su setlist ochentero como headliner. Uno de los momentos más inesperados de la jornada fue el ronqueo de un atún de más de 100 kilos, técnica japonesa de despiece que convirtió el proceso en un ritual visual tan elaborado como cualquier cata vertical. El cierre incluyó música en vivo, pista de baile e intervenciones con drones que trajeron el tiramisú como un regalo desde el cielo.

La Fiesta del Vino VIK combinó catas guiadas por el equipo enológico —con Cristian Vallejo, enólogo jefe, como protagonista— con estaciones de gastronomía en vivo en los jardines, asados de todo tipo, coctelería de autor y música que fue desde un cuarteto de cuerdas hasta una pista de baile animada por DJs, que tuvieron al propio Vallejo y su setlist ochentero como headliner.
“Esta Vendimia refleja lo que buscamos proyectar como Viña VIK al mundo”, señaló Gastón Williams, CEO de Viña VIK para Las Américas. “Queremos que cada persona que llegue a Millahue viva una experiencia memorable, donde el vino, la gastronomía, la innovación y nuestro entorno dialoguen al más alto nivel”.
La proyección internacional de VIK sigue la misma lógica que Don Melchor respecto a Brasil: la viña ya realizó su primera Vendimia en territorio brasileño en 2025, y confirmó una segunda edición para septiembre de 2026 en la Fazenda Vista Verde, en el estado de São Paulo, donde además construye el primer hotel VIK de Brasil. Brasil es, también para VIK, el mercado de expansión prioritario.
El vino se puede beber en cualquier parte. Pero vivirlo al nivel que proponen Viña Don Melchor y Viña VIK es algo que solo sucede al visitar los terroirs.
