Otro de los focos de la dupla es posicionar Montenegro como un espacio flexible para eventos privados y corporativos. La idea es que el restaurante también se convierta en un lugar de encuentro para el mundo empresarial, donde se puedan realizar reuniones, cerrar acuerdos y desarrollar actividades de negocios.

A veces, el fin de un proyecto significa una oportunidad para otros. Es lo que ocurrió con estos dos empresarios, que se encontraron tras el cierre de Buriana, el restaurante italiano que no prosperó, pero que dejó una importante infraestructura disponible para eventuales interesados.

El espacio, ubicado en pleno corazón de Alonso de Córdova, estaba en manos de Grupo Patio, desarrollador que ha buscado consolidar este sector como un nuevo polo gastronómico y que cuenta con dos actores ya posicionados: El Toro y El Tigre.

Fue entonces cuando dos empresarios, de perfiles, edades y trayectorias distintas, tuvieron la misma idea: desarrollar una nueva propuesta gastronómica en el espacio que había ocupado el restaurante italiano. Ambos creían tener la experiencia y el conocimiento necesarios para sacar adelante el proyecto. Un detalle: no se conocían ni tenían negocios en común. Eso cambiaría después.

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Por un lado, con 25 años de trayectoria en el rubro gastronómico y una incursión en la política como concejal y candidato a otros cargos, Max del Real, fundador de Miraolas, llegó a la puja por el recinto. Su experiencia en el mercado gastronómico lo llevaba a buscar un proyecto que combinara entretenimiento y buena mesa.

En Viña del Mar, en tanto, Claudio Jofré, un joven empresario de 30 años estaba concentrado en el desarrollo de exclusivas fiestas bajo las marcas Salvaje y Trocadero. Estás últimas se han hecho famosas en un el circuito juvenil en Santiago, que se reúne, solo por invitación, a exclusivos “tardeos” en los jardines de El Mercurio que hoy se arriendan para eventos privados.

Jofré complementaba su trayectoria con La Isla, un restaurante a orillas de la playa en Cochoa que había ganado reconocimiento en la costa de la Región de Valparaíso. Pero su siguiente paso era llegar a Santiago.

“Llegamos a la última etapa los dos y ahí nos dimos cuenta de que podíamos tener una visión común. Patio nos apoyó mucho con entrar al proyecto y fuimos trabajando muy bien. Sabíamos que en estos casos era clave tener un proyecto andando rápido, y en cuatro meses lo pusimos en marcha”, comenta Del Real a Forbes Chile.

La nueva dupla

Los empresarios, que tienen cerca de dos décadas de diferencia de edad, optaron por unir sus visiones y llevar adelante una idea conjunta: Montenegro. El proyecto aprovechó la millonaria inversión —cercana a los US$ 3 millones— que habían realizado los operadores anteriores en el recinto y dio vida a un restaurante que funciona desde el almuerzo hasta la noche, con una vibra de la costa Mediterránea.

La propuesta se desarrolló junto al chef Sergio Barroso. Mientras Del Real aportó su mirada sobre costos, tiempos y permisos, Jofré sumó el componente de entretenimiento. “La gente busca un concepto de entretención”, dice el empresario viñamarino.

La apuesta de Montenegro busca equilibrar tres variables: comida rica, servicio rápido y rentabilidad. Los socios también tuvieron claro que los precios no podían ser excesivamente altos. Ofrecer una propuesta accesible era parte central del concepto.

“Acá teníamos un tremendo activo que podíamos aprovechar, que era la calidad de la cocina abierta en la que se invirtió”, agrega Jofré.

Max del Real y Claudio Jofré, socios restaurant Montenegro
FOTO: Rodolfo Jara / Forbes Chile

Gestión del negocio

La entrada de la dupla al proyecto se concretó bajo un modelo que describen como de condiciones financieras favorables y un esquema que combina un monto fijo de arriendo con una comisión sobre las ventas.

El también dueño de Miraolas agrega que, entre los factores que muchas veces hacen tropezar a un restaurante, hay bastante más que la carta. “La tramitación de permisos, patentes, habilitaciones muchas veces puede extender los plazos de apertura y afectar la rentabilidad”, detalla.

Por eso, junto a su socio planificaron el trabajo con una carta Gantt y cuatro meses de ejecución intensiva. Finalmente, abrieron en marzo de 2026 y, desde entonces, el boca a boca ha sido uno de sus principales motores de convocatoria. Pero también lo han sido el control de costos y la medición del desempeño de cada uno de los platos.

“Si bien el flujo, la rotación y el control de costos son clave, un restaurante lleno no necesariamente te garantiza rentabilidad. Es fundamental controlar los márgenes, las compras, las porciones y la gestión de proveedores. Tenemos hasta una manera de medir el KPI de los platos y si resultan o no en la carta”, añade Del Real.

Otro de los focos de la dupla es posicionar Montenegro como un espacio flexible para eventos privados y corporativos. La idea es que el restaurante también se convierta en un lugar de encuentro para el mundo empresarial, donde se puedan realizar reuniones, cerrar acuerdos y desarrollar actividades de negocios.

En materia de nuevas inversiones, el proyecto acaba de sumar un espacio al aire libre: Plaza Montenegro, una terraza ubicada en el mismo edificio Alonso, con capacidad para cerca de 50 personas.