Tras más de 10 años al frente de Cielo Milano, su primera sastrería ahora a cargo de su tío Luciano, el italiano que ha trabajado en modelaje y televisión afirma que las caídas han sido parte del camino y lo han llevado a este nuevo comienzo.

La primera vez que Marcelo Marocchino salió de su hogar natal en Azeglio, un pequeño pueblo italiano de la provincia de Turín, fue para estudiar inglés en Horsmonden, una localidad de Inglaterra, a poco más de una hora de Londres. Tenía 10 años y se fue por intercambio. Ya desde entonces le apasionaba la moda y “el mundo de la belleza”, como él mismo dice en entrevista con Forbes Chile.

Volvió a Italia, estudió Economía y Comercio con dirección en Marketing, vivió un tiempo en Miami y decidió recorrer Latinoamérica: pasó por Perú, Argentina y después paró en Chile para ir a un evento familiar. Allí conoció a unos productores de televisión que lo motivaron a hacer un casting para un reality y fue seleccionado. Fue entonces que se instaló en Chile desde hace 14 años.

Del modelaje y la televisión pasó a hacer negocios y desde 2025 se concentra al 100% en su nuevo proyecto: la sastrería ‘Marci’, como le dice su mamá desde pequeño.

EL FIN DE CIELO MILANO

“Yo siempre veía en mi familia el lado independiente, autónomo, donde ellos construyeron su trabajo desde cero, y creo que por ahí va en el sentido que siempre me gustó ser así. El camino se fue dando solo y me llevó a darme cuenta cuál era realmente mi pasión más fuerte: Gracias a Dios es lo que hago actualmente, la sartoria (sastrería en italiano), la artesanía, la moda del made in Italy, el oficio”, cuenta desde su nuevo negocio ubicado en La Pastora 110, Las Condes.

Pero antes de ‘Marci’ estuvo la sastrería de trajes italianos hechos a la medida, ‘Cielo Milano’, fundada por Marcelo en 2014 junto a sus dos amigos de la infancia Francesco Padovan y Federico Loreni, y situada en el corazón de Vitacura, en Alonso de Córdova. Con sus trajes vistió por años a reconocidas personalidades del espectáculo en galas como la del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar.

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Todo comenzó cuando Marcelo quiso comprarse ropa en Chile y no encontró nada que le gustara realmente. “Yo llamaba la atención aquí por como me vestía y al no encontrar nada que me pudiera atraer, se me se prendió la lamparita y y dije: ‘Por ahí es la cosa'”, recuerda. Así nacía ‘Cielo Milano’, negocio que levantó y forjó durante diez años, hasta que en 2024, tras una disputa legal, tuvo que abandonar y ceder el mando a su tío Luciano.

“Yo salí de Cielo Milano. Ya no no hago más parte de eso. Y tuve una enseñanza: Todo camino se construye para llegar a algo. En Cielo Milano no tuvimos la misma visión o la misma idea de empresa juntos -con su tío- y es justo que cuando pase eso se separen los caminos, con el máximo respeto y con la máxima tranquilidad del mundo, sin ningún tipo de inconveniente”, señala Marocchino.

EL COMIENZO DE MARCI: UNA EXPERIENCIA DEL BUEN VESTIR

FOTO: Rodolfo Jara / Forbes Chile

Es entonces en junio de 2025 que nace ‘Marci’, con una nueva perspectiva como empresario, cinco trabajadores -él incluido- y un socio cuyo nombre prefiere reservarse que le ayudó con el capital de inversión: más de 150.000 dólares. “Lo que estoy construyendo ahora es realmente lo que quiero transmitir tras mucho aprendizaje, porque tú sabes que cuando uno inicia tiene mucho entusiasmo, muchas ideas, a veces vas arriba, a veces vas abajo, haces buenos negocios, a veces haces malos, te hago un ejemplo: Cuando yo estaba en Cielo Milano, hice todo el uniforme corporativo de Itaú, que es un negocio grande. Nunca más lo voy a hacer porque no estaba preparado a nivel de logística, personal, entrega. Tuvimos que contratar mucha gente sólo para eso y al final la ganancia fue cero”, reconoce el empresario italiano.

Con esa lección, ‘Marci’ fue pensado para algo más íntimo, para poder encargarse de cada de talle. Al igual que lo hacía en Cielo Milano, Marocchino es el diseñador de cada pieza confeccionada con telas italianas. Algo que defiende y resalta: “No vas a encontrar otro diseño que sea igual, porque está construido desde cero”. La colección exclusiva, disponible en tienda, lleva el mismo nombre ‘Marci’. Y hay otra en la que trabaja -ready to wear- que se venderá sólo online para que pueda llegar a todo Chile: la ‘Collezioni’ tendrá 6 colores de trajes con 2 modelos distintos y 4 camisas que combinan fabricadas en Italia que podrán ser ajustadas en tienda.

Pero no es sólo sastrería, es una experiencia. En Marci el cliente puede sentarse en la barra y pedir un café, o un whisky, comerse un buen chocolate y hasta “fumarse un puro”, como lo dice Marocchino, mientras le arreglan el traje. “Quiero que sea una experiencia al 100%, no solo una compra, sino que se sienta cómodo como en su casa”.

En ese punto entran marcas como Victorinox, Tom Ford y Mini para que el cliente además pueda elegir accesorios dentro de la tienda y vivir toda la experiencia.

Marocchino describe a Marci como una pyme en la que “todos hacemos de todo. Es la idea para poder crecer justamente de a poco y con los pies bien sólidos para no crecer de una y después caerse muy rápido. Eso me lo enseñó la vida. Tuve muchísimas caída, muchísimos fracasos y todavía siento que me queda mucho camino por recorrer para el éxito, donde me encantaría llegar”.

EL OFICIO A MANO VS. EL FAST FASHION

Marcelo, que también es socio de una sastrería en Napoli, dice que el ser pequeños, elegir buenas telas y crear desde cero le da un valor único a cada pieza, que no puede lograr el fast fashion, una modalidad que ha hecho que negocios tradicionales de la confección hayan quebrado y desaparezcan.

“La llegada del fast fashion destruye todo lo que es el oficio bien hecho del ser humano. Esa cosa tú la puedes vestir y luego tirar y no será biodegradable, en cambio una pieza de cashmere, o de vicuña, o 100% lana merino extra fino, te va a durar toda la vida. Yo nunca tiro la ropa, cuando no me queda la regalo y sigue perfecta. Yo estoy trabajando no solo para mí, sino que también para el planeta Tierra”, reflexiona. Hace énfasis en que las nuevas generaciones están teniendo un despertar de conciencia en cuanto al consumo y la moda.

LA AGENCIA DE MARKETING

Marocchino está casado con la argentina Magui Benet desde 2022. Junto a ella fundó Frutti en 2024, una agencia de marketing que funciona Estados Unidos con pequeñas empresas. “Yo estudié marketing y siempre me ha apasionado, entonces nos hizo sentido”, señala.

La agencia hasta ahora tiene cinco clientes y es 100% rentable. La idea es traerla a Chile este mismo año. “En Chile me pasa y muchas empresas me han dicho que hay solo agencias grandes y no tan personalizadas. La nuestra es una agencia boutique: pocos clientes y un buen servicio, como el traje a la medida”, explica el empresario.

“Todos piensan que con poner en la IA: ‘Necesito hacer una estrategia de ese marketing’, ya está. Pero la IA no ve, la IA no percibe, la IA no se junta con la persona y siente, no ve el cliente cuándo va a comer o cuándo va a comprar, cuál es su reacción o si sus ojos sonríen, o si está molesto. Eso lo ven los humanos. Esa estrategia la podemos hacer nosotros”, agrega.

FOTO: Rodolfo Jara / Forbes Chile

CAPOGROSSI

En el camino profesional de Marcelo Marocchino también está la cocina. Cuando vivió en Miami y con 21 años fue mesero y bartender. Luego, en Chile tuvo la idea de abrir un restaurante en la playa, pero no se dio. Y fue en su participación en el programa MasterChef, que conoció a la chef Fernanda Fuentes y su esposo Andrea Bernardi -ambos con estrella Michelin-. De allí nace el restaurante Capogrossi situado en Alonso de Córdova 4225.

“Un día en la sastrería estaba hablando con ellos y dijimos: ‘Qué lindo sería abrir un restaurante italiano acá’. Justo entró un cliente, el señor Carlos Dumay, que me dijo: ‘¿Por qué no me presentas el proyecto?’. Le presenté el proyecto y empezamos en 2022. Gracias a Dios todavía está funcionando muy bien”, relata.

Sin embargo, Marocchino está concentrado al 100% en el crecimiento de su segunda sastrería y el buen vestir italiano, con el que también crea contenido en sus redes, con más de 500.000 seguidores.

FOTO: Rodolfo Jara / Forbes Chile