Kimba es una empresa familiar que, a raíz de la crisis textil y las importaciones de China, se reinventó. De ropa infantil, los hermanos Momares ahora confeccionan un body para mascotas que elimina hongos y bacterias y que les ha permitido, no solo mantener la tradición familiar, sino llevarlo a otro nivel.

‘Kimba El León Blanco’ era una serie infantil clásica de los años 60 que narraba las aventuras de un pequeño cachorro que se enfrentaba a animales más grandes y poderosos que él. Ese fue el nombre que escogió una pareja recién casada que se independizaba de las grandes empresas textiles para iniciar, en 1968, una propia que confeccionaba ropa infantil. Tal como en la serie, les empezó a ir muy bien y de dos personas pasaron a ser 120 y a tener tres tiendas en Patronato, cuando en los 80 lanzaron su ‘osito térmico’, un pijama de polar con algodón y cuerina en las suelas que se volvió muy popular para los niños en la temporada de invierno.

De esa empresa se mantiene el nombre y el legado emprendedor de esa pareja. Sus tres hijos, justamente pensando en el protagonista de Kimba, un cachorro, y al ver cómo la industria textil de confección de ropa local se iba apagando tras la llegada de gigantes chinos, buscaron y buscaron hasta que consiguieron reinventarse con un novedoso producto: un body para perros y gatos. Pero no cualquier body, uno hecho con partículas de cobre y zinc que es capaz de controlar más del 99,8% de bacterias, hongos y ácaros, lo que lo convierte en una pieza clave para la recuperación de heridas y post-procedimientos quirúrgicos.

“Esto empezó como algo de niño y después se transformó en veterinaria. En los 90, pasamos de 30.000 prendas mensuales a confeccionar solo 3.000 cuando llegaron las importaciones de China, el rubro empezó a caer y, para el año 2000, de 120 empleados solo quedamos ocho”, cuenta Adolfo Momares, socio director de Grupo Kimba, a Forbes Chile.

Un poco antes del año 2000, empezaron a fabricar chalecos para perros con las mismas máquinas de ropa de niño. Fue un tema de mercado: un conocido que vendía accesorios a supermercados les pidió fabricar un chaleco para perro. “Lo hicimos porque estábamos buscando negocios para capear la crisis, ya que el rubro infantil estaba dejando de ser competitivo”, recuerda Momares.

En el año 2013, el legado de Kimba estuvo a punto de terminar, pues las deudas eran muchas más que las ganancias. “Estuvimos a punto de cerrar porque no nos estaba yendo bien ni con los chalecos de perro”, dice el emprendedor.

Pero buscando qué hacer, y como una señal de sus padres, encontró indagando en internet una tecnología hecha en Chile llamada Copptech. Este desarrollo académico, en el que también participó Codelco-, usaba micropartículas de cobre y zinc en un hilo, creando una tela antimicrobiana.

Los hermanos Momares hicieron pruebas en la Universidad de Santiago y comprobaron que eliminaba bacterias y hongos. “Yo venía llegando de una feria en Brasil donde vi ropa quirúrgica para mascotas y decidimos combinar la tela antimicrobiana con una prenda postoperatoria: así nació el Body Cobre“.

Foto: Kimba

Lo que nunca tuvo contemplado Momares es que con la licencia que obtuvieron para el ámbito veterinario de esta tecnología, no sólo mantendría el legado familiar, sino que lo impulsaría a crecer mucho más que lo iniciado por sus padres, pues con este body se convirtieron en exportadores a más de 43 países, incluyendo Estados Unidos, casi toda Europa, Latinoamérica y algunos países de Asia.

De unas 1.000 piezas de body cobre en el primer año de lanzamiento, hoy fabrican 20.000 al mes creciendo x3 durante los primeros cinco años en ventas y actualmente contabilizando un crecimiento anual del 20%. El 60% de las ventas son en Chile y el 40% es exportación. El valor de cada pieza varía por talla y va desde los 15.700 a los 23.500 pesos chilenos.

La subida del precio del cobre -que registró un histórico 2025 en el mundo- no le ha afectado a Kimba. Momares señala que en la fabricación del hilo no se utiliza cobre metálico, sino óxido de cobre (sales de cobre) y la cantidad es pequeña. El hilo con el que hacen este body se produce hoy en China, pues el ejecutivo explica que en Chile ya no quedan fábricas de hilo de poliéster o algodón.

“Nosotros compramos el hilo, que contiene la ‘receta secreta’ de partículas, y en nuestras máquinas en Chile mezclamos algodón, poliéster, cobre, zinc y spandex para hacer la tela. La combinación de cobre y zinc es muy potente: el cobre elimina bacterias tan rápido que no alcanzan a hacerse resistentes, y el zinc funciona como un regenerador de tejido que estimula la cicatrización”, detalla.

Para demostrar esto, los hermanos Momares hicieron un estudio in vitro para comprobar que la tela eliminaba cepas de bacterias multiresistentes a antibióticos. Ese trabajo fue presentado en el Congreso Latinoamericano de Dermatología Veterinaria y quedó entre los cinco mejores. Ahora están por iniciar otro con la Universidad de Chile probando la actividad antimicrobiana en 30 perros en terreno.

UN MERCADO SIN LÍMITES

En 2025 se cumplieron 8 años desde la implementación del Registro Nacional de Mascotas y las cifras contabilizan a más de 3 millones de perros y gatos inscritos en el país: 2,1 millones son perros y 900.000 gatos. Esto, aunado a que Chile registró ese mismo año la tasa de natalidad más baja de su historia, donde el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) señaló que el país alcanzó en 2025 la tasa global de fecundidad más baja desde que lleva el registro: 0,97 hijos por mujer y con una tendencia cada vez más al descenso.

Esto representa una enorme oportunidad para la industria de productos y cuidado de mascotas que en 2025 valoró en casi 300 mil millones de dólares, con una proyección de crecimiento de 289,17 mil millones de dólares en 2026 a 499,06 mil millones de dólares en 2034, según Fortune Business.

En Chile, el negocio de cuidado de mascotas es de 1.700 millones de dólares, que se segmentan en su mayoría en alimento y snack, dejando un pequeño porcentaje en servicios, farmacia y accesorios.

Grupo Kimba se mueve en dos mundos: el mundo Vet, asistiendo a congresos para capacitar a veterinarios sobre las características médicas del producto, que es hasta ahora su mercado fuerte; y el mundo Pet, dirigido al dueño de la mascota.

Hoy Kimba tiene 25 empleados directos, pero trabajan con 15 talleres externos que suman otras 60 personas. Están en negociaciones para entrar a mercados como Canadá, Australia y Japón, pero de lo que más se enorgullece a Adolfo es poder mantener lo que iniciaron sus padres.

“Me siento orgulloso de mantener la tradición de mis padres. Heredamos de ellos el ser ‘busquillas’, buscando permanentemente cómo innovar y mejorar. También es clave tener un producto honesto que solo haga lo que decimos que hace”, concluye Momares.

Lee también: De la necesidad de alimentar a su hija a convertir una receta en una empresa que quiere expandirse en Latinoamérica: la historia de Kombuchacha

Foto: Kimba