María Prieto fundó, junto a su esposo, Antonio Sánchez, Kombuchacha. Tras regresar a Chile de Suiza, tenían claro que querían emprender, y la vida les dijo que de la bebida que preparaba para su hija, podrían cumplir el sueño de crear empresa y empleo desde la naturaleza.
De una historia familiar nace una empresa que se ha consolidado en la industria de las bebidas funcionales con la kombucha y que actualmente tiene el 64% del mercado en Chile. Se ha expandido a Estados Unidos, Paraguay, y está en planes de llegar a Uruguay, Brasil y México. Pero todo inicia de la frustración de María Prieto, cuando en 2011 vivía en Zurich, Suiza, junto a su esposo Antonio Sánchez, quien estaba haciendo un doctorado. La primera de sus dos hijas tenía casi 2 años y era “mañosa” para comer. Así que María tuvo que buscar soluciones.
“Una madre me sugirió esta bebida fácil de hacer, con efecto probiótico, llamada kombucha”, cuenta la fundadora de Kombuchacha a Forbes Chile. “Yo nunca había escuchado la palabra y me sonó raro. Ella me dio a probar la suya, me enseñó a hacerla y la primera vez que la hice en casa, le gustó a mi hija”.
De un té casero, que endulzaba al gusto, y pasaba por un proceso de fermentación natural -que nunca llegue al alcohol, pero que tenga burbuja-, Prieto conoció la kombucha y convirtió esa bebida un poco ácida y burbujeante en algo que no podía faltar en su casa.
La necesidad y el emprendimiento
María Prieto (agricultora biodinámica) y Antonio Sánchez (ingeniero con un doctorado en sistemas complejos de exergía) volvieron con sus hijas a Chile y se instalaron en la Región de La Araucanía, al sur de Chile. No se veían en Europa criando a sus hijas y sentían una fuerte conexión con la naturaleza. Querían “tener y dar trabajo que no fuera estacional y que tuviera impacto social y ambiental“, dice Prieto. Pero las cosas no avanzaban y los ahorros se esfumaban.

“Un día, sirviendo kombucha heladita a unos amigos, les pareció tan rica que dijeron: ‘Esto no es kombucha, es kombuchacha’ y nuestras hijas se pararon de la mesa y empezaron a cantar y bailar ‘chachachá’. Hubo un momento de luz: una cabañita en el sur, luz de vela, kombucha burbujeante y niñas bailando. Así nace el espíritu de nuestra marca. Tardamos 5 años en perfeccionar la receta”, relata.
Empezaron a venderla a sus conocidos y en una cafetería vecina y pasaron de hacer 5 litros a 60 litros de kombucha. Hoy producen más de medio millón de litros y Prieto señala que ese es el más potente indicador de éxito, incluso que las cifras financieras que no comparte. De allí, en 2017, saltaron a venderle a la cadena de alimentos Fork, en Santiago, cuando tuvieron el feedback: “Es la más rica que hemos probado”. Allí se dieron cuenta que había llegado la hora de formalizar el negocio y dedicarse por completo a ello.
“Investigamos el mercado de Estados Unidos, que es el líder en tendencias y consume el 50% de las bebidas funcionales del mundo. Y Chile siempre copia el consumo de ese país, más que el de Europa. Con los ahorros que quedaban, transformamos la cabaña en la que vivían -de La Araucanía- para obtener resolución sanitaria y empezamos a trabajar la receta. Hoy somos la única certificada orgánica, hecha en regiones y con una vida útil de 24 meses sin azúcar”, puntualiza.

Para ello invirtieron 20 millones de pesos que, en su mayoría, utilizaron para el diseño de la botella. Empezaron con una botella transparente de vidrio blanco que se usaba para el aceite, de 500 cc y con tapa reutilizable. De allí pasaron a las latas que fabrican con Ball Corporation. El logo lo diseñó su amiga, Elisita Balbontín, una artista que trabaja con masking tape. Y fue en enero de 2018 que salieron a la venta formalmente en ocho locales, incluyendo Fork. Además del retail de Jumbo. Hoy Kombuchacha se consigue en todo el país, y además, en 2025, llegaron al mercado estadounidense con presencia en Amazon y en tiendas físicas de Florida, Texas y New York.
La alianza y la mezcla con alcohol
De pronto la cabaña se les hizo pequeña y en 2020 hicieron sociedad con la familia de Armin Kunstmann (fundador de la cerveza Kunstmann), quienes tienen el 25% de la empresa. Eso les permitió aumentar la capacidad productiva e instalarse en una planta cervecera en La Araucanía, certificada orgánica e ISO 22.000.

El equipo de Kombuchacha está compuesto por 20 personas y contrataron una gerente general externa, Francisca Tagle, quien fue CEO de Lipton en Latinoamérica.
De los ocho sabores existentes de Kombuchacha: arándano (el favorito del público en Chile), cedrón, jengibre, té verde, té negro, frambuesa (que está alcanzando en popularidad al de arándano), maqui y mate; también llegaron las colaboraciones.
El consumo de alcohol ha bajado de manera significativa a escala global y hay nuevas tendencias, como las bebidas más innovadoras, con menos grados de alcohol. Allí surgió la idea con la Viña Emiliana de crear Chachá (chardonnay con kombucha) y con Kunstmann hicieron un “ready to drink” de kombucha con cerveza. Además, tienen energéticas naturales con yerba mate y cero azúcar.
Prieto señala que las certificaciones: orgánica, halal, kosher, vegan y gluten free, han sido vitales para mercados como el norteamericano.
La base de todo este crecimiento, dice Prieto, ha sido el amor familiar y la naturaleza. “Mi papá se crió en el mundo rural y mi mamá es pintora de flores. Ella nos enseñó que la naturaleza es un tesoro. Siempre me sentí muy cercana a ella y responsable por su cuidado”, cuenta. Este respeto, la necesidad de emprender y la ambición y el ser “mateos”, han llevado a Kombuchacha a su expansión y consolidación en Chile. El plan a seguir es crecer en Latinoamérica y Estados Unidos.

