Javier Lizama y Javier Gómez decidieron abandonar sus carreras corporativas y dedicarse a Raffaella, un restaurante de pizzas tradicionales napolitanas que ya se posiciona entre las mejores de la región y la segunda del país.

Dos chilenos que decidieron emprender y abrir un restaurante estilo dark kitchen, lograron lo impensable -para ellos mismos-: estar en el top 15 de las mejores pizzerías de Latinoamérica -según el ranking 50 Top Pizza Latin America– (en la posición 11) y entre las tres mejores de Chile (la segunda). Javier Lizama y Javier Gómez eran amigos de toda la vida, nacidos en Viña del Mar, y con el sueño de tener un negocio propio. Renunciaron a sus carreras corporativas para darle vida a Raffaella.

Los dos Javier se conocieron en la universidad. Estudiaron ingeniería civil industrial en la Universidad Técnica Federico Santa María de Valparaíso. Javier Gómez se fue por el lado tecnológico y desarrollo de producto, trabajando en Klap y Visa, como gerente de consultoría para el Cono Sur; y Javier Lizama participó en la temporada 4 de Master Chef Chile y se enamoró de la cocina. Viajó a Buenos Aires e hizo un curso de pizza napolitana y trabajó un tiempo como brand manager en una importadora de productos italianos de cocina.

Tras esa experiencia de Lizama, nació la idea de abrir una pizzería y lo conversó con Gómez. Partieron en enero de 2022 como dark kitchen -cocinaban y entregaban para llevar- y en mayo ya estaban arrendando la casa en la que iniciaron como restaurante con cinco mesas, situada en Nuestra Sra. del Rosario, en Las Condes, y que luego remodelaron para comer en el lugar. Esa fue la historia de Raffaella Cucina Napoletana, que comenzaron con 80 millones de pesos chilenos (entre ahorros y préstamos) y que el primer año ya había facturado 320 millones de pesos en ventas, y el año pasado hizo 1.100 millones de pesos.

“Partimos con algo muy chiquitito y ahi empezamos a construir sobre la marcha”, cuenta Javier Gómez a Forbes Chile. De hecho, de las 5 pizzas que vendían en un día ahora pueden llegar a vender 200.

Así fueron los inicios de Raffella en la casa de Nuestra Señora del Rosario, Las Condes. Foto: Raffella.
Raffella actualmente. Foto: Raffella.

“Lo que más me gusta y me enorgullece es haber levantado una empresa sin mucho conocimiento y que la gente vaya al restaurante y nos felicite por la comida, por el servicio, que agradezcan haber abierto un restaurante de barrio y ser reconocidos entre las mejores pizzerías de Latinoamérica. Fue algo que nunca lo pensamos al momento de crearlo. Queríamos que la gente disfrutara de una buena pizza y lo pasara bien”, dice Lizama.

Esta es la segunda vez que clasifican en ranking 50 Top Pizza Latin America de las tres veces que se ha hecho en Sudamérica. En 2025 quedaron en la posición 39, y ahora son la 11 y la segunda mejor pizzería de Chile, por detrás de Allería, fundada por un italiano. “Lo tomamos felices, con mucho orgullo, pero también mucha presión y responsabilidad, y el compromiso por seguir manteniendo el nivel y llegar a ser top 5”, agrega.

Javier Lizama y Javier Gómez, fundadores de Raffella.

¿Cómo pueden dos chilenos hacer la pizza tradicional napolitana y competir de forma directa con los italianos de Allería? Los dos Javier explican que trabajan fiel a la receta napolitana: entre un 60 -64% de hidratación de la masa, un gramo de levadura por cada kilo de harina, sólo usan ingredientes italianos, agua y sal.

“Otra cosa es el cariño que le ponemos. Tenemos cerca de 32 pizzas de las cuales 9 son tradicionales y el resto de autor, en donde nos permitimos innovar un poquito más. También algo que hacemos es que cada temporada lanzamos pizzas nuevas que le decimos al equipo de cocina que nos presenten, por inspiración de los chicos  o ingredientes que queremos agregar como salmón ahumado de la Patagonia con aceite de trufa”, detalla Gómez.

Pizza Margherita de Raffella.
Pizza Lorenza de Raffaella.

El foco del equipo de Raffaella, de 35 personas en total, es seguir mejorando para poder alcanzar “la excelencia en servicio”, como indican los Javier. Sin embargo, no abandonan las ideas y ya les han escrito para expandirse o hacer una franquicia. No lo descartan, pero sienten temor de que les cambie el estilo y la marca.

“Por ahora el foco es mejorar todos los procesos. A mi me escribe harta gente para una franquicia, pero por ahora no. Una franquicia suena bonito pero nos puede matar la marca y nuestros clientes ya nos conocen como un restaurante de barrio”, concluye Lizama.

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