Francesco Vannucci recorrió el mundo tras graduarse de la carrera administración de empresas. No era cocinero ni pizzero, pero tenía una idea y la hizo posible con Brunapoli.

Una crisis de identidad, o “la crisis de los 40” -como le llama él mismo- llevó a Francesco Vannucci a viajar hasta Chile y crear ‘Brunapoli’, hoy convertida en la pizzería número 13 en Latinoamérica en el ranking 50 Top Pizza 2026, y la 82 del mundo. Pero Vannucci no es pizzero, tampoco es cocinero. El italiano estudió administración de empresas en su ciudad natal Florencia. Y recorrió el mundo.

El primer país de Latinoamérica en el que vivió fue México, tras enamorarse de una mexicana cuando estudiaba en la universidad. Allí vivió seis años y cuando se divorció, decidió cursar un MBA en Insead, una escuela de negocios con sede en Francia y Singapur. Luego vino Medio Oriente, cuando la multinacional Pirelli lo contrató como su director comercial en el sector de energía. Estuvo dos años en Qatar y tres años en Dubái.

“Estando ahí cumplí los 40 y me entró la crisis de los 40”, ríe Vannucci en entrevista con Forbes Chile. Vino la típica pregunta ‘¿qué estoy haciendo?’ ‘¿Por qué?’. “¿Por qué me metí en esto de la carrera corporativa?. Esto no es lo que me llena. Soy una persona más libre y no me gusta mucho tener jefes. Contraté un coach, autor del libro ‘Getting Unstuck’, Sidney B. Simon. Llegamos a la pregunta principal: ‘¿qué es lo que te apasiona? Tú eres una persona que funciona solo haciendo cosas que te apasionan o te aburres, necesitas cambios’. Y yo siempre fui muy apasionado por la gastronomía”, relata.

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NACE BRUNAPOLI EN CHILE

Vannucci no sabe cocinar aún hoy, pero creció en una familia de muy buenas cocineras: “Tanto mi abuela como mi mamá, como la mayoría de los italianos, son buenos cocineros. Mi abuela tenía una panadería, hacía pan, focaccia, y como mi papá siempre trabajó mucho en fuera de Italia, me dejaba en la casa de la abuela, donde había el olor a horneado todo el tiempo y ella llena de harina. Entonces, todas esas cosas desde chico me entraron en la sangre, ella atendiendo los clientes, su hospitalidad, y siempre me he inspirado en ella por su fuerza”, cuenta el empresario. Allí lo tuvo claro: montaría una pizzería con el nombre de su abuela Bruna y su apellido Poli: Brunapoli que, además, daba también con Nápoli, la ciudad de la pizza.

Pero ¿dónde y con qué cocinero?

FOTO: Rodolfo Jara / Forbes Chile

A Vannucci también le apasionaba el mundo de los vinos y Latinoamérica, así que buscó países de la región, cuyos vinos sobresalieran y encontró a Chile. Allí, a dedo en un mapa, fue el destino que escogió para su próxima aventura. “Chile está tan lejos de Italia, pero apenas llegué, me sentí como en casa porque hay viñas, hay olivos y, sobre todo, olí mucha oportunidad de hacer cosas. Sentí que era un país virgen en muchos aspectos y, en particular, en la pizza”, dice.

Sólo le faltaba el pizzero, y recordó que cuando vivía en Dubái siempre visitaba un lugar en el que amaba comer pizza. Se regresó a buscarlo y logró convencerlo. También tenía los socios, sus mejores amigos Alessandro Scortecci, un italiano que ayudó a armar todo el business plan; y Rodrigo Sebastián González, el inversionista principal, que conoció cuando vivió en México.

“Lo tenía todo y pensé que iba a ser muy fácil abrir la pizzería. Pero llegué en marzo de 2013 y la primera pizzería la abrí en noviembre de 2014. Me tardé más de un año y medio, y en ese tiempo pasó en mi cabeza: ¿por qué renuncié a mi trabajo? ¿en qué momento pensé que esto iba a ser mi sueño? Se me hizo difícil que confiaran para arrendarme un lugar en las zonas que más me gustaban de Santiago, que eran Vitacura y El Golf. Si bien encontraba locales en otras zonas, no era donde yo quería abrir mi pizzería, que era una pizza de de calidad, con un precio un poco más elevado respecto a las pizzas comerciales, entonces buscaba un público abc1″, detalla Vannucci.

Con un capital de casi un millón de dólares, la primera Brunapoli abrió finalmente en La Dehesa, una zona donde el italiano vio que no había casi restaurantes y, en cambio, mucha gente con recursos: “Si hay una oportunidad aquí de demanda – oferta y si alguien abre un restaurante de buena calidad, yo creo que la gente ya no va a ir a Vitacura, sino que se queda acá. Y así fue. Fue un éxito desde el primer día. Teníamos clientes que eran muy conocidos del del show business como Jorge Sampaoli, que en ese tiempo era el director técnico del equipo Chile, venía todos los días; hubo mucho marketing, mucha prensa, y rápidamente se dio a conocer la marca y el restaurante“, cuenta.

LA EXPANSIÓN

A los seis meses de abrir el primer local ya eran rentables y Vannucci consiguió que le arrendaran un lugar perfecto en Vitacura para la segunda Brunapoli, que inauguró en 2014. La inversión total la recuperaron a los 2 años, “que es cuando consideras un business muy rentable y muy satisfactorio en el rubro gastronómico “, señala.

Luego abrieron la sucursal de Los Dominicos en 2023, tras “sobrevivir” al estallido social en 2019 y la pandemia de COVID-19. “Sobrevivimos por la buena espalda de financiamiento por parte de mi socio Rodrigo, pero también ayudó muchísimo posicionarnos desde el día uno con el delivery, con el apoyo de Uber Eats, pero también con empleados que yo contraté para que fuéramos a distribuir a las casas los pedidos, hasta yo mismo lo hacía. Hoy las ventas por delivery no dejan de crecer y eso fue gracias al buen posicionamiento de ese canal durante esos años”, especifica.

Hace dos semanas se abrió el cuarto Brunapoli en La Reina, en un local de 600 m2, donde anteriormente funcionó un Starbucks. “Si Starbucks se interesó en este lugar, yo sabía que era el indicado. Nuestro público es más familiar, entonces estaba buscando en La Reina porque es una zona donde todavía hay poca oferta y mucha demanda y es muy familiar”, afianza. El capital de inversión para esta sucursal fue de 1,3 millones dólares.

El promedio de visitas por día en las pizzerías Brunapoli es de 250 personas. La más visitada es la de Los Dominicos que crece en ventas un 30% con respecto al año pasado. Pero aún la que más vende es la primera, en La Dehesa, porque tiene el canal de delivery más desarrollado, añade el italiano.

FOTO: Rodolfo Jara / Forbes Chile

UN CENTRO DE DISTRIBUCIÓN BRUNAPOLI Y NUEVA MARCA: BOTTEGA BRUNA

En cada Brunapoli hay un jefe de cocina y un chef ejecutivo que se encarga de supervisar que todas las cocinas hagan el mismo producto. Para garantizarlo y hacerlo mucho más efectivo, Vannucci cuenta en exclusiva que están desarrollando un centro de distribución que abrirá en 2027, en el que se harán todas las salsas, pastas, entre otras preparaciones que necesitan los restaurantes.

“Será algo pequeño para entender bien cómo funciona la logística de todo esto. Y hay otros planes que todavía están sólo en la cabeza: más aperturas, tanto de Brunapoli, como de nueva marca”, adelanta el empresario.

Se trata de Bottega Bruna, una nueva marca que acaba de lanzar al lado del local de La Reina, hace dos semanas. Es un concepto de cafetería, que se asemeja al negocio de panadería y pastelería que tenía su abuela Bruna – con focaccia, cornetti, gelato– en Florencia, y que dio inicio a todo.

“Y tengo en mente hacer más cosas, una de las cuales es una marca más enfocada a la pizza. Brunapoli, si bien nace como pizzería, con el tiempo y por lo que me pedían los clientes, fue alargando mucho la carta. Ahora es una carta más de un restaurante pizzería que de una pizzería. Tiene pasta, antipasti, milanesa. Tiene una carta muy grande y nos ha funcionado así. Entonces quiero hacer algo donde el core business sea la pizza, pero todavía está aquí nada más”, dice al señalar su cabeza.

Incluso, Brunapoli ofrece un menú ejecutivo que está disponible durante el almuerzo de lunes a viernes  e incluye pizza, pasta, postre y café. Todo esto por un valor de  $13.900.

LOS FRACASOS: LA CAÍDA DE BURIANA

No todo ha sido éxito para Vannucci. En 2023 se aventuró con el chef Stefano Ligori y abrieron el restaurante de comida italiana, Buriana, en Vitacura, con una ambiciosa inversión de 3 millones de dólares. Pero no les fue bien y en junio de 2025 cerró definitivamente sus puertas. “Fue una buena, grande y linda caída”, resalta.

El italiano no profundiza mucho en el tema, pero cuenta que, en parte, fue culpa de haberse ido a vivir dos años en España, tras el nacimiento de su único hijo a los 50 años. “Si me preguntas por qué, nos vamos a tardar mucho, hay muchos factores entre los cuales obviamente pegó también mi decisión de irme a España. Me hago responsable de eso”, reconoce.

Con el tiempo, Vannucci no descarta regresar a vivir en España y nombrar un country manager de las marcas gastronómicas en Chile, “pero ahora no es el momento”, enfatiza.

“No me llena la meta, me llena el camino, entonces ok, abrí el cuarto Brunapoli, y ¿ahora qué? La zona de confort, que honestamente he tenido varias oportunidades de quedarme en buenas zonas de confort, es lo que me mata, es lo que realmente me me aburre y dejo de ser yo mismo. Esto me llena de energía y en el camino te tropiezas, he tenido mis cierres y mis fracasos también, pero he aprendido muchísimo de ellos y de lo que más me siento orgulloso es de haber tenido la capacidad para levantarme de los tropiezos, de la caída que me he dado, eso creo que es lo que hace la diferencia en ser empresario de verdad“, finaliza.