Entre los proyectos audiovisuales lanzará este año un podcast llamado 'El arma secreta' -junto a Sergi Arola y Yann Yvin-, trabaja en un proyecto de producción de contenido de cocina y está armando un programa de televisión "que aún está en pañales y no puedo anunciar", comenta.
Benjamín Nast nació en Alemania y a los 4 años se fue por un tiempo breve a México. Ese fue su primer acercamiento a la fusión de culturas en la cocina: distintos aromas, sabores, colores. “Era fascinante. Era un niño pero tengo memoria”, recuerda.
Regresó a Chile en 1991 y creció rodeado de una familia numerosa en la que la cocina era un ritual. Le tomó tiempo encontrar su propio camino, pero una vez lo hizo no ha parado: cuatro restaurantes propios, de los que tres siguen activos y han estado en los Latin America’s 50 Best Restaurants, el reconocimiento de Best Chef Award en 2025 y acaba de lanzar su libro de cocina.
De chef a empresario
Desde su bisabuela -que vivió hasta que él cumplió los 20 años-, hasta su mamá. La familia de Nast siempre estaba cocinando. “Mi mamá era ilustradora de cuentos infantiles, ella vivía en torno al arte, la belleza, la cocina y así manifestaba su cariño. Eso estaba en mi ADN, yo siempre lo viví, pero la verdad no me interesaba la cocina más allá de comer y disfrutarla”, cuenta en entrevista con Forbes Chile.
Entró a estudiar ingeniería comercial porque iba siguiendo “como borreguito”, dice, lo que se suponía que tenía que ser. Pero le bastó el primer año para darse cuenta: “No me sentía contento ni proyectado. Yo necesitaba expresar de alguna forma ese lado artístico que tenía mi mamá y lo quería explotar”.
Expresarse a través de la cocina

Sería en Alemania, su país natal, donde descubriría que lo que realmente lo apasionaba era cocinar a los demás, como lo vio desde pequeño con su familia. Partió con la intención de entrar a la escuela de arquitectura para después llegar a especializarse en diseño automotriz, pero nunca lo hizo.
Decidió regresar a Chile para estudiar gastronomía y entró a trabajar con el chef Tomás Olivera para luego tener una pequeña experiencia de siete meses en París, Francia. Desde allí envió una solicitud de práctica el restaurante El Bulli, de los hermanos Ferrán y Albert Adrià, y fue aceptado. Pero su mamá se enfermó de cáncer y regresó a Chile.
No sería El Bulli, pero a su vuelta a Europa ingresó al Dos Palillos -1 estrella Michelin-, donde trabajó con Albert Raurich, la mano derecha de Ferrán Adriá, como su jefe: “Fue mi mentor y es un amigo hoy en día”, dice. Allí trabajó 4 años y pasó por la práctica de jefe de partida, luego segundo de cocina y finalmente llegó ayer jefe de cocina de la sucursal del restaurante en Berlín.
El regreso definitivo a Chile
Luego de toda esa experiencia en Europa, ya casado y con su primer hijo, regresó a Chile para armar su propio proyecto. “Sentía que ya tenía la herramienta creativa para empezar a cocinar por mí mismo y no para otra persona”, indica Nast.
Es entonces que surgió De Patio, en junio de 2017, un restaurante con un menú de degustación de 12 tiempos de comida chilena con toques asiáticos. Lo abrió en Vitacura con capital 100% de sus ahorros y de su familia.
En 2018 entró en la lista de los Latin America’s 50 Best Restaurants y a principios de 2019 ganó como mejor chef de Chile nombrado por el Círculo de Cronistas Gastronómicos y escaló al puesto 34 de los 50 Best. “Ahí todo cambió y el negocio empezó a dar”. Hasta la pandemia que “me tumbó definitivamente”. Transformó el local en una dark kitchen de hamburguesas para poder sostenerlo.
A la par, en 2019, abrió el proyecto De Calle, en Ñuñoa, un streetfood asiático al que le empezó a ir muy bien y fue rentable al poco tiempo de abrir y que luego se expandió a Providencia. Ambos se mantienen. Y en el camino se agregaron varios de más a la lista: De Caleta y Demencia, que toma el mismo lugar donde fue creado De Patio, en Vitacura.

“Tomé una decisión empresarial que quizás fue mala: tomar la casa completa sin mucho capital propio, sino con créditos Fogape y apoyo de marcas para armar un proyecto gigante. Iba a poner De Patio en el segundo piso, abajo un bar llamado Demencia y al lado una cafetería llamada Demente. Se me fue de las manos y salí a buscar socios, consiguiendo a los de Jardín Mallinkrodt. De ahí nace el Demencia que conocemos hoy. De Calle sigue siendo mío por otro lado, y De Caleta es mío junto con Monticello“, detalla.
Los ‘de’ han sido pura coincidencia. “El primero fue De Patio porque estaba en un patio y mi socio decía que yo estaba loco ‘de patio’. De Calle se me ocurrió para el restaurante callejero asiático. Demencia fue por lo mismo, por ser la salida loca de De Patio; es como su hijo loco”, relata y se ríe.
La nueva veta
Nast es jurado del programa de televisión Top Chef VIP y decidió lanzar su propio libro de cocina para padres. “Es difícil abarcar tantos proyectos y además la televisión. Estoy en un momento personal donde me doy cuenta de que tengo que disfrutar y que para que algo sea rentable hay que dedicarle tiempo. Estoy tratando de encontrar la fórmula para delegar y enfocarme en lo que soy bueno: la cocina y los medios. Aunque ya no estoy metido dentro de las cocinas, cocino a través de mi equipo”, afirma.
La idea del libro surgió en pandemia. Estaba separado y los días que le tocaba estar con sus dos hijos se encontraba en un departamento de soltero, sin comida, terminaba pidiendo a domicilio. “Me dolió en el ego de cocinero que mis hijos estuvieran comiendo por delivery siendo yo un chef”, cuenta. Le presentó la idea a editoriales de hacer un libro de recetas para que los padres cocinen y una enganchó. “Tengo hambre, papá” fue lanzado este año y está en todas las librerías de Chile.
“Me gusta mucho comunicar y el proceso del libro me fascinó. Tengo proyectos audiovisuales en pie también. No significa que no vaya a cocinar, pero lo haré distinto. Me encantaría volver a tener algo como De Patio a futuro, pero sé el sacrificio que implica y hoy quiero tener tiempo para varios proyectos. Estoy en una visión de cocina empresaria”, dice.
Entre los proyectos audiovisuales lanzará este año un podcast llamado ‘El arma secreta’ -junto a Sergi Arola y Yann Yvin-, trabaja en un proyecto de producción de contenido de cocina y está armando un programa de televisión “que aún está en pañales y no puedo anunciar”, comenta.
En ese punto se identifica mucho con Carmy Berzatto, el personaje central de la serie ‘The Bear’: “Cuando cocinas y además eres el dueño, es horrible. Dejas de cocinar con amor y lo haces para que las cosas funcionen y el restaurante no quiebre. La pasión se merma porque no puedes ser creativo debido a la angustia y sientes que el problema eres tú. ¿Seré yo el que no cocina bien? Esa es la presión que te persigue y no sé si estoy dispuesto a seguir sintiéndola siempre”, confiesa.
“Los grandes emprendedores son los que abrazan el fracaso y lo entienden como parte del camino. El problema del cocinero emprendedor es el factor de ego; dejas tus emociones en un plato y si alguien no lo entiende o el negocio va mal, es terrible. Vives en una constante pseudodepresión por momentos; hay que tener el cuero muy duro”, agrega.
Y no es la plata la que lo mueve, asegura, sino hubiese dejado el oficio hace tiempo. Lo mueve el producto chileno “que es maravilloso, sobre todo el marino” y los referentes como Rodolfo Guzmán. “Se está hablando muy bien del producto local, tanto del mar como de la tradición. Me alegra que haya cocina para todos los gustos. Rodolfo Guzmán sigue siendo el número uno en Chile y en Latinoamérica para mí desde hace mucho tiempo. El trabajo que ha hecho en Boragó es único y tiene un mérito enorme por mantener su visión durante tantos años. Yo admiro su trabajo, pero tengo mi propio camino personal”, resalta.
