Es la pizzería número 1 de Chile por segundo año consecutivo según 50 Top Pizza, y la 3era de Latinoamérica. Pero Allería es mucho más que una pizzería, es un estado de vida que encontró Michele Puzio, en el que el respeto al ser humano es igual de importante que el arte de cocinar.

Del puesto 58 del 50 Top Pizza -Guide to the Best Pizzerias in the World- 2024, que posiciona a las mejores 100 pizzerías del mundo, subieron este año al 24. Y de la 5ta mejor de Latinoamérica, ahora son la 3era. En Chile, país donde nació, Allería es la pizzería número 1 por segundo año consecutivo. Y todo empezó hace tres años, cuando el italiano Michele Puzio, nacido en Nápoles, decidió ser feliz en el hoy y encontrar la alegría en el país al que decidió emigrar en el 2016.

A veces hay cosas que no se logran nunca, y hay otro momento de la vida donde te llega todo junto. Yo sentí que se abrió un cofre de buena fortuna que yo mismo he ido acumulando a través del esfuerzo, constancia, determinación. Ya era un triunfo entrar en el ranking en 2024. No es tan importante el puesto, y luego descubrimos que también habíamos ganado la mejor carta de postre y sólo teníamos 3: tiramisú, cannoli y angioletti fritti”, cuenta Puzio. Para el chef italiano, eso demuestra que no es la cantidad, sino la calidad de las cosas. No necesariamente un restaurante famoso tiene que tener una carta gigante. “Ahora en 2025 subimos 34 puestos y siento más responsabilidad. Pero todos estos premios que vienen de fuera no tienen valor si en el contacto con el público tu no reflejas lo mismo”, dice en conversación con Forbes.

Allería nació en 2022, en la calle Malaquías Concha, en Santiago, y hace un mes se mudaron a Avenida Italia 1350, en Barrio Italia. Es un local más grande donde Michele Puzio hace de papá, psicólogo, pizzero, fundador, empresario y dueño, en el que dirige a más de 30 empleados -chilenos, venezolanos, peruanos, haitianos- y recibe al día a cerca de 400 clientes que hacen filas de hasta más de una hora por probar la verdadera pizza napolitana.

“Allería nace después de la pandemia. Después de un periodo de fuerte miedo y desesperación. Tampoco sabía si quedarme en Chile o volver a Italia porque no veía oportunidades. Pero entonces leí: ‘La felicidad no existe en otro lugar del mundo o cuándo se solucionen los problemas, la felicidad está ahí y ahora, donde te encuentras en este momento. Entonces pensé no puedo ir a buscar mi realización en otro lugar. Lo tengo que hacer exactamente aquí donde estoy'”, cuenta el empresario a Forbes.

Lo único que sabía es que no podía ser otra cosa que pizzero y que quería aportar al mundo a través de su lenguaje, haciendo pizza. “Yo había nacido en esto. Lo he aprendido por dentro. Cuando ya a la edad de 14 años descubrí que existían otras pizzerías me quedé impactado. Porque para mí, nosotros éramos los únicos productores de pizza en el mundo. Mi abuelo que era el dueño de la pizzería Oliva fue mi maestro de vida y me crié ahí. Cuando salía de la escuela me ponía a ver la elegancia con la que movía la masa mi abuelo, la conexión, el público, el respeto. Yo esto quiero cuando sea de grande. No quiero otra cosa, no me interesa nada más”.

Y fue este amor a la pizza que lo llevó a vivir en distintas partes del mundo, abrir una pizzería en Toronto, Canadá y ser el responsable de encaminar la primera cadena napolitana en Europa, Rossopomodoro. Su llegada a Chile no fue planeada. Le llegó un email en el que buscaban un maestro pizzero para un festival de 5 días con Canal 13 y encontró el amor al llegar. Y se enamoró de su actual esposa Patricia, con quien tiene 3 hijos. “Yo venía de un periodo de soledad profunda. Me había separado. Tenía 3 hijos en Italia. Mi vida era trabajo – niño, muy monótona y Chile lo tomé como una oportunidad de escapar un poco de mi vida cotidiana. Yo ni siquiera sabía donde estaba el país, tuve que buscarlo en el mapa”, dice mientras ríe.

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FOTO: Rodolfo Jara / Forbes Chile

Allería no es un proyecto estudiado de veamos cómo hacer plata, cómo vender algo sino un estado de vida que yo he encontrado porque he tomado conciencia de la muerte. Yo en menos de 50 años no voy a estar. Ya basta de pensar a dónde, cuándo, o vivir en el pasado. Quiero sentirme alegre para estar sano y vivo en este momento. Allería es una felicidad de que pase lo que pase, no me voy a derrotar. Michele Puzio.

ENTRE TANTAS PIZZAS ¿POR QUÉ LA DE ALLERÍA?

Sin receta. Sólo tocar, sentir, es natural. Así aprendió Puzio el arte de la pizza y describe la cocina como una fantasía, donde se puede crear todo el tiempo. Pero además de la pizza en sí, está el propósito. Para él, esto es lo más importante.

“¿Por qué estoy haciendo esto? ¿a dónde quiero llegar? ¿esto me está haciendo feliz? Si la respuesta es sí, entonces es el camino correcto. Dentro de mí existe una voluntad seria y sincera de ofrecer un buen servicio a la sociedad, sentirme parte de la contribución de un país. Ser un aporte. Lo aplico en la amistad, el amor, en mi trabajo”, detalla.

Quizás la parte más difícil, que menciona Michele Puzio, es transmitir este propósito al equipo, compuesto por personas de distintos países y culturas. “Yo tengo que ser el ejemplo. Encontrar un dueño en un restaurante es muy difícil, es un milagro. Quiero que los que trabajen conmigo se inspiren de mi, por eso el respeto, el amor con el que se trabaja, por esto estoy aquí todos los días. Ofrecer un buen servicio habla bien de mí, de mi local, de mi personal y hasta habla bien de esta tierra. A los turistas les decimos ‘¡bienvenido a Chile!’, porque se llevan un buen recuerdo y para generar un factor de cambio en la sociedad”, indica.

La atención y la amabilidad con la que se da el servicio es la parte en la que también resalta Allería. De hecho, ya es casi la 1pm -hora en la que abren- y hay fila para entrar. En cuestión de segundos se llenan las mesas y empieza el servicio. Michele Puzio busca que si el cliente tiene tiempo para visitar la pizzería y esperar, se puede ofrecer un vaso de agua en la fila, ir a saludar y hasta ofrecer un pedazo de pizza.

FOTO: Rodolfo Jara / Forbes Chile

EL DESAFÍO: SER UNA CADENA O CONSERVAR LA ESENCIA

Tras los premios y reconocimientos, Michele ha recibido muchas propuestas: entre ellas expandirse, convertir a Allería en una cadena de pizzas en todo Chile. “Todavía soy un humilde pizzero napolitano que tiene miedo de exponerse mucho y perder esta belleza de esencia. Soy feliz con una pizzería ¿por qué desear tanto? En el momento en el que empiezo a desear más, lo que tengo se convierte en poco. Es lo que me preocupa. Estoy caminado a ritmo con mi fuerza y mi capacidad. Cuando viene otra persona con otra fuerza económica, no soy yo, significa entregar mi negocio y ¿quién me va a asegurar que el otro lo cuide con el respeto que yo le doy?”, confiesa.

Reconoce además que eso le agrega mucha más presión al equipo de trabajo, más locales, más opciones en la carta, “los inversionistas sólo ven el crecer pero si me tengo que equivocar, que pierda por mis errores, no por los errores de otro”, agrega.

Es atractiva la idea de tener una Allería en todo Chile, pero ¿a qué costo? se pregunta.