Economistas analizan la medida del alza de combustibles, anunciada esta semana por el gobierno de José Antonio Kast y que tendrá repercusiones económicas en el corto y largo plazo.
El aumento en los precios de los combustibles -con alzas anunciadas de $ 370 por litro
en bencinas y $ 570 en el diésel- traerá un efecto dominó en todas las industrias de Chile, afectando al consumidor final. En un contexto en el que el 100% del petróleo es traído al país del extranjero y frente a un escenario de guerra entre Estados Unidos e Irán, economistas consultados por Forbes Chile dicen que la medida tomada por el gobierno de José Antonio Kast -que apenas inicia- tendrá consecuencias en toda la economía local.
El Banco Central de Chile, en el Informe de Política Monetaria (IPoM) de marzo de 2026, advirtió que esto representa un “alza importante” en la inflación en el corto plazo, que se ubicaría en torno a 4% anual a partir del segundo trimestre de este año. También redujo la proyección de crecimiento para este año a un rango entre 1,5 y 2,5%, desde el 2 a 3% que se preveía en el IPoM publicado en diciembre de 2025.
Para Andrés Sansone, economista jefe de Banco Santander, la medida “es una mala noticia para la inflación y, en menor medida, para la actividad. El canal principal es el incremento de combustibles internacionales, pero también de otros insumos relevantes para Chile, como el ácido sulfúrico y los fertilizantes. Por eso, revisamos al alza la inflación de cierre de año a cerca de 4% desde 2,7%. En actividad, el impacto es más acotado, porque la economía hoy es menos intensiva en energía y la cartera de inversión ya está comprometida”, dijo a Forbes Chile. El golpe llega por costos y por poder de compra, sentencia Sansone.
Por su parte, Jorge Berríos, director académico del diplomado en Finanzas, Unegocios de la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la Universidad de Chile; asegura que la medida era necesaria, pero que traerá consecuencias en toda la cadena logística, productiva, industrial y minera del país. “Vendrá la cadena de aumento de precio en alimentos, producción, colegios, seguros, todo; porque también aumentará la UF. Es una repercusión total en la economía. El desafío es empezar a liberar proyectos de inversión que estaban detenidos y que, a su vez, pudiera contribuir en disminuir la tasa de desempleo”.
El alza en los combustibles traerá efectos que no siempre se ve de inmediato, indica Alejandro Urzúa, analista económico de la Universidad Andrés Bello y de la consultora OpenBBK, pero que terminan reflejándose en mayores costos y, finalmente, en precios más altos “que no solo impacta directamente el bolsillo de las personas, sino que también comienza a trasladarse -con relativa rapidez- al conjunto de la economía”.
Para los economistas, el alza en el retail, se verá en el mayor gasto en transporte y combustibles que, finalmente, presiona márgenes y precios finales. En agricultura, el alza de fertilizantes y transporte que también finalizará en el precio de los alimentos. Los costos en minería suben por el diésel y por insumos como el ácido sulfúrico, “aunque allí el precio alto del cobre compensa parte del impacto”, coinciden ambos. También se espera que en las importaciones los costos de transporte se eleven y determinen el precio de materias primas e insumos.
En cuanto a las inversiones internacionales, Berríos no considera que se vean afectadas “porque en tiempos turbulentos se buscan alternativas de inversión. Hay muchos proyectos ligados al sector minero, que estaban detenidos por factores medioambientales, y que son a largo plazo; y en el tema de electromovilidad en minería y otras industrias será una alternativa para invertir”.
De hecho, agrega Sansone, los términos de intercambio siguen siendo favorables por el precio del cobre, “que se ha mantenido alto. Sí puede haber más cautela de corto plazo en el timing de decisiones, pero la cartera de inversión doméstica está muy marcada por proyectos ya comprometidos, especialmente en minería y energía”.
“Las medidas ayudan, pero no cambian el fondo del problema: la alta dependencia de Chile de variables que no controla y cuyo efecto, tarde o temprano, siempre se siente”, concluye Urzúa.
