En el país, la creación de puestos no necesariamente está alineada con las competencias que hoy demandan los sectores más dinámicos.
Chile enfrenta una paradoja laboral que exige una lectura estratégica. Mientras la tasa de desempleo se ubicó en 8,3% en el trimestre móvil noviembre 2025 – enero 2026 —0,3 puntos porcentuales más que hace un año—, seis de cada diez empresas declaran dificultades para encontrar talento calificado, según el estudio Escasez de Talento 2026 de ManpowerGroup.
No estamos ante una contradicción estadística, sino frente a un desajuste estructural. La fuerza de trabajo creció 1,4% en doce meses, pero la generación de empleo avanzó a un ritmo menor. La economía venía expandiéndose en torno a 2,5% anual promedio antes del inicio de 2026. Sin embargo, la creación de puestos no necesariamente está alineada con las competencias que hoy demandan los sectores más dinámicos.
Las industrias con mayor escasez superan el 70%: Servicios TI, Información, Finanzas y Seguros, Recursos Naturales (incluida la minería) y Construcción y Bienes Raíces. Es decir, precisamente aquellas llamadas a liderar la inversión, la modernización productiva y el crecimiento del país.
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Este desajuste se vuelve más evidente al observar el ciclo de inversión que enfrenta Chile. La cartera de Inversión Extranjera Directa ha mostrado un repunte relevante, con un fuerte énfasis en proyectos de energías limpias y transición energética. En paralelo, el Plan Nacional de Infraestructura Pública 2025-2055 contempla miles iniciativas en conectividad, obras hidráulicas y habitabilidad, configurando una agenda de desarrollo de largo plazo. A ello se suman anuncios privados de gran escala en generación eléctrica y expansión inmobiliaria.
Detrás de cada uno de estos proyectos existe una demanda creciente por ingenieros, técnicos especializados, perfiles digitales y capacidades avanzadas de gestión. El capital y las oportunidades están presentes; el desafío está en asegurar que el desarrollo de talento avance al mismo ritmo que la inversión.
En este contexto, el principal desafío para el crecimiento no es únicamente macroeconómico, sino también de capacidades. La transformación tecnológica; automatización, inteligencia artificial y analítica avanzada evolucionan con gran velocidad, tensionando nuestros modelos tradicionales de formación. Frente a ello, las empresas ya están dando pasos concretos: fortalecen programas de capacitación y reconversión (upskilling y reskilling), incorporan mayor flexibilidad para ampliar el acceso a talento, recurren a esquemas de empleo temporal o contingente para responder a nuevas demandas y, en posiciones críticas, ajustan sus estructuras de compensación para atraer y retener perfiles estratégicos.
Estas iniciativas son señales positivas. El siguiente paso es consolidarlas dentro de una visión de largo plazo que articule esfuerzos entre sector público, privado y academia, con foco en planificación anticipada de la fuerza laboral y en el desarrollo sostenido de habilidades digitales y técnicas críticas.
Chile tiene una oportunidad relevante en este nuevo ciclo de inversión. Infraestructura, energía y digitalización son motores claros de crecimiento. Pero serán las capacidades de las personas, bien formadas, actualizadas y proyectadas estratégicamente, las que permitan transformar esa inversión en mayor productividad, innovación y desarrollo sostenible.
Sobre la autor:
Jorge Gamero Cabrejos es Gerente General de ManpowerGroup Chile & Director de Experis LATAM
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