Chile debe priorizar los proyectos que reduzcan emisiones o fortalezcan resiliencia; definir metas climáticas sectoriales para orientar inversión energética y minera; y avanzar en eficiencia energética, hídrica y de materiales.
El relato de la sostenibilidad defensiva ya no es suficiente; se necesitan métricas que demuestren impacto real y gobernanzas que premien a quienes regeneran más de lo que consumen.
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