Chile debe priorizar los proyectos que reduzcan emisiones o fortalezcan resiliencia; definir metas climáticas sectoriales para orientar inversión energética y minera; y avanzar en eficiencia energética, hídrica y de materiales.
Chile está eligiendo a su próximo Gobierno, pero hay una discusión muy importante que ha estado ausente: nuestro futuro económico depende de cómo enfrentemos el cambio climático. No en abstracto, sino con una estrategia que combine competitividad, tecnología y sostenibilidad.
Más que un eslogan, este objetivo tiene una evidencia clara: es posible crecer y, al mismo tiempo, bajar las emisiones de gases de efecto invernadero. De hecho, esto aumenta la competitividad en los mercados globales. Varias economías avanzadas y en desarrollo alrededor del mundo ya lo lograron, desacoplando su PIB de las emisiones de CO₂. En otras palabras: la acción climática no empobrece, y bien gestionada, ofrece incluso el potencial de enriquecer.
Para Chile esto es algo concreto. Somos uno de los pocos países con cuatro ventajas decisivas para la transición energética: energía solar y eólica de clase mundial; el cobre como mineral clave para la electrificación global; litio para el almacenamiento; e hidrógeno verde con potencial exportador. Todo eso, junto a una infraestructura portuaria y ubicación privilegiada, nos deja en una posición única.
Con esa mirada queremos analizar las propuestas de los candidatos José Antonio Kast y Janette Jara, más allá de la coyuntura electoral.
El programa de Kast acierta en algo urgente: necesitamos volver a invertir. La burocracia, los permisos eternos y los criterios cambiantes frenan proyectos tradicionales y también los que necesitamos para descarbonizar. Agilizar, ordenar y modernizar el Estado es indispensable, lo mismo que avanzar en infraestructura hídrica.
¿Dónde está la oportunidad? En sumar propósito. No basta con acelerar todo: hay que priorizar los proyectos que reduzcan emisiones o fortalezcan resiliencia; definir metas climáticas sectoriales para orientar inversión energética y minera; y avanzar en eficiencia energética, hídrica y de materiales. También es clave un multilateralismo activo que permita acceder a financiamiento y mercados que exigirán huellas de carbono cada vez más bajas. Kast trae velocidad; lo que falta es asegurar la dirección.
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En tanto, el programa de Jara reconoce la magnitud de la crisis climática y el rol del Estado en una transición justa. Es valioso su enfoque institucional, territorial y de justicia ambiental, pero necesita mayor concreción en política productiva. La oportunidad está en clusterizar nuestros cuatro ases (cobre bajo en carbono, litio con valor agregado, hidrógeno verde y puertos preparados para exportaciones “climáticas”); asegurar estabilidad regulatoria; fortalecer la transmisión eléctrica; e impulsar una agenda oceánica robusta. Jara tiene claridad en el “por qué”; pero debe profundizar el “cómo”.
Ambos programas contienen piezas complementarias: uno impulsa inversión y agilidad; el otro, gobernanza climática y visión de Estado. Pero el desafío es mayor que cualquiera de ellos. Chile necesita una Estrategia Nacional de Desarrollo Climático-Competitivo que trascienda gobiernos y entregue una hoja de ruta estable. Más allá del ganador en votos, quien debe ganar al final del día es Chile y su futuro sustentable. Por eso la estrategia debe incluir una descarbonización acelerada de exportaciones y sus cadenas de valor, una reforma profunda al sistema de permisos, proyectos país que conviertan nuestras ventajas en valor real, gobernanza moderna del agua, multilateralismo activo, y una transición justa que llegue a todas las regiones.
Chile tiene una ventana histórica que no va a durar para siempre. El mundo está moviéndose rápido hacia una economía baja en carbono y con trazabilidad rigurosa. Si no actuamos ahora, no sólo perdemos liderazgo: perdemos desarrollo, competitividad, empleos y ventajas que otros países ya están capturando. En cambio, si actuamos con decisión, visión y realismo, podemos convertir lo que para muchos es una crisis en lo que realmente es: la mayor oportunidad económica, tecnológica y ambiental que Chile tendrá en 50 años.
*Gonzalo Muñoz Abogabir y Daniel Vercelli Baladrón son cofundadores de Manuia Consultora y Ambition Loop
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