La reunión de accionistas 2026 —la última liderada por Máximo Pacheco— dejó al descubierto las fricciones estructurales del modelo de Codelco: una empresa obligada por ley a entregar el 100% de sus utilidades al Estado, pero exigida a competir globalmente con estándares privados. El cruce entre los ministros Jorge Quiroz y Daniel Mas terminó por evidenciar el choque de miradas en este nuevo ciclo político.
No fue una junta de accionistas más. La sesión de ayer en Codelco —la última encabezada por Máximo Pacheco antes del cambio de directorio que le toca impulsar al gobierno de José Antonio Kast— terminó revelando algo más profundo que resultados, proyectos o proyecciones: la tensión estructural que atraviesa el modelo de la principal empresa del país.
En el relato de Pacheco, la estatal aparece como una compañía en transición, que, tras sincerar su caída productiva derivada de decisiones tomadas a partir de 2010 y acrecentada por los efectos del fatal accidente en El Teniente en 2025, hoy busca estabilizar —y proyectar— su operación con un modelo de asociaciones internacionales y la incorporación de la empresa al negocio del litio mediante Novandino (alianza público-privada con SQM). Las cifras del último año acompañaron su relato: 1,33 millones de toneladas de cobre fino en 2025 y un EBITDA de US$6.670 millones.
Pero el nudo de la jornada no estaba ahí. La verdadera tensión emergió cuando ese desempeño fue cuestionado por los actuales representantes de los 20 millones de accionistas: el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, y el biministro de Economía y Minería, Daniel Mas. Las preguntas de los secretarios de Estado apuntaron al nivel de endeudamiento y al flujo de caja para responder a los compromisos, y en la respuesta de Pacheco se encontraron con las condicionantes que impone el diseño institucional que rige a la mayor empresa del país: Codelco debe entregar la totalidad de sus utilidades a su único dueño, el Estado, y, al mismo tiempo, financiar ciclos de inversión de proyectos de exploración y explotación que toman entre 10 y 20 años en fructificar.
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Ese dilema —que en la industria privada se resuelve vía reinversión de utilidades— quedó expuesto en las preguntas de los ministros. Y la respuesta de Pacheco fue igual de clara: el flujo de caja será negativo en los próximos años, lo que obligará a aumentar deuda o revisar la política de dividendos.
Las razones de la baja productiva
A la reunión, celebrada en el piso 11 de la sede central de Codelco, llegaron las delegaciones de los ministros con un talante de evidente seriedad. En los días previos, la gestión de Pacheco había sido cuestionada públicamente por el ministro Mas, empresario inmobiliario y líder gremial que asumió la cartera de Minería en el último momento de la conformación del gabinete de Kast. Aunque por decreto la gestión de Pacheco al frente de la cuprífera termina el próximo 25 de mayo, el ministro señaló que se evaluaba su continuidad en Codelco y Novandino, ya que no había cumplido la meta de 1 millón 700 mil toneladas. Esa cifra, se explicó luego, fue fijada en 2019 por la administración anterior como una proyección para 2030.
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Pacheco explicó ayer que las decisiones del pasado de concentrar la planificación solo en eficiencia operativa, sin atender consideraciones propias de la geología, llevaron a sobreestimar la producción y entrar en un valle productivo que se acrecentó con los efectos de la pandemia —“aunque no dejamos de producir cobre ni un solo día”, apuntó—.
Expuso que los principales yacimientos de Codelco han envejecido —88 años de edad promedio versus los 23 años de competidores internacionales— y que la ley del mineral chileno bajó de 0,71% a 0,62% en solo cuatro años. “Antes se extraía 1,3 toneladas de cobre por cada 100 toneladas de material; hoy, para obtener lo mismo, hay que remover cerca de 200 toneladas: el doble”.
Enfatizó que sincerar estas estadísticas durante su gestión, junto con tener las mayores reservas de cobre del mundo, permitió que el mercado financiero global confiara en Codelco y lo mantuviera como sujeto de crédito, pese a presentar una deuda que llega a US$24.600 millones en 2025. “Al mercado le gusta Chile, le gusta el cobre, le gusta Codelco”, sentenció.
La mirada del nuevo ciclo político
Ese contraste de expectativas que se evidenció en la reunión de ayer podría explicarse por el perfil de quienes lideran en este nuevo ciclo político en Chile. Tanto Mas como Quiroz provienen del mundo privado y sus observaciones se relacionaron con esa lógica: retorno, eficiencia, riesgo.
También hubo algo de carácter más personal cuando, al final de la presentación, Quiroz cuestionó el tono de Pacheco, quien además es un reconocido militante del Partido Socialista:
“No hay ninguna autocrítica… ¿comparte este autoelogio completamente el directorio?”, preguntó.
A esa pregunta, Pacheco respondió que el “voluntarismo” había llevado a Codelco a impulsar en paralelo cuatro megaproyectos que sobrecalentaron el mercado minero, llevando a un encarecimiento de los costos por la misma demanda que se generó desde la estatal. También dijo que había sido un error creer que toda función crítica, como la mantención de los camiones, podía ser externalizada. “No hay que ser soberbios”, concedió Pacheco. Y Quiroz retrucó, con ironía: “Por eso era la pregunta”.
El punto más revelador llegó al cierre, en el intercambio con la prensa.
Ante la consulta sobre el propósito del gobierno de Kast de avanzar en la apertura de la propiedad de Codelco hacia privados, Daniel Mas respondió con suspenso: “Esa es una decisión que tomará el nuevo gobierno corporativo en su momento”, dijo, habiéndose informado previamente que en los próximos días el gobierno de José Antonio Kast nombrará a los tres miembros que le corresponden —incluido el nuevo presidente— del directorio de nueve integrantes, que se completa con cuatro miembros elegidos por el sistema de Alta Dirección Pública y dos representantes de los trabajadores.
La enigmática frase del ministro Mas instaló, aunque fuera por segundos, la idea de que en el futuro parte de la propiedad de Codelco podría salir del Estado. Pero la corrección fue inmediata. Jorge Quiroz intervino para fijar el marco: “La propiedad de Codelco está en la Constitución… Cualquier tema que pudiese llegar el día de mañana a plantearse es una decisión constitucional de todos los chilenos, que excede largamente cualquier política u opinión de un gobierno particular”.
El episodio, breve pero elocuente, condensó la tensión de fondo: mientras una mirada de empresa privada tiende a abrir el debate sobre propiedad y eficiencia del capital, el marco institucional de Codelco mantiene un “candado” constitucional sobre la propiedad estatal y uno legal sobre sus dividendos.


