Tras décadas en el mundo corporativo global, el presidente del directorio de Codelco enfrentó el desafío de transformar a la mayor minera de cobre del mundo en un actor clave del litio y de la transición energética. En conversación con Forbes Chile, reflexiona sobre crisis, política, liderazgo y su visión para el futuro del país. Durante su gestión de cuatro años, la empresa aportó US$7.000 millones al Estado. Desde Novandina Litio, la sociedad con SQM, espera entregarle US$6.000 millones cada año.

La tarde del 31 de julio de 2025, la reunión del directorio avanzaba con normalidad en la sede central de Codelco, en Santiago. En la principal empresa del país se revisaban proyectos, se evaluaban inversiones y se discutían estrategias. De pronto, alguien se acercó al presidente de la mesa, Máximo Pacheco, y le habló al oído: una explosión subterránea en el yacimiento El Teniente obligaba a evacuar de inmediato. Podría haber víctimas fatales. Y así fue.

Eran cerca de las seis de la tarde cuando la agenda cambió por completo. Ese tipo de episodios, dice Pacheco, es la cara más dura de la minería. “No hay ningún evento más difícil de enfrentar en la minería que los accidentes fatales. Son situaciones que marcan no solamente a la persona, sino que a toda la compañía”, define.

Ese día había cerca de 2.500 trabajadores dentro del yacimiento de cobre subterráneo más grande del planeta. Ubicado a unos 150 kilómetros al sur de Santiago, comenzó a ser explotado en 1905 y hoy suma más de 4.500 kilómetros de galerías bajo tierra.

“Evacuar una mina subterránea es una operación enorme. Se activan brigadas de emergencia, equipos de rescate, protocolos que están preparados para estas situaciones. Pero al mismo tiempo uno sabe que hay algo más que atender”, dice. Y agrega: “Lo primero es pensar en las familias. Porque empiezan a recibir información formal, informal, parcial, rumores… y se genera una enorme confusión”.

Ese día seis trabajadores perdieron la vida. El episodio reforzó una convicción que el ejecutivo repite constantemente: “La minería es una actividad de riesgo. Tenemos matrices de riesgo, protocolos, sistemas de control, todo lo que corresponde. Pero la roca es dinámica, no es estática. Por eso estos eventos siempre nos obligan a revisar, perfeccionar y profundizar la forma en que hacemos minería”.

Pacheco declaró al final de esa jornada: “Codelco no va a ser la misma empresa después de esta tragedia”.

Seis meses después, una auditoría detectó una cultura organizacional con fallas en los procesos de información. Se habló incluso de ocultamientos previos de datos en materia de seguridad. Como resultado, la plana ejecutiva de El Teniente fue removida.

“Esa fue una noche larga. Que aún no termina”, recuerda hoy sobre el momento más duro de su administración.

CAMBIO ESTRATÉGICO

Máximo Pacheco llegó a Codelco en mayo de 2022. Asumió el liderazgo de la empresa pública autónoma —creada en 1976— en uno de los momentos más complejos de su historia reciente: caída en la producción en momentos de gran demanda mundial, presión por inversiones gigantescas y una transición energética global que reconfigura el mapa de la minería.

FOTO: Rodolfo Jara / Forbes Chile

Pero para el economista, el desafío también era una oportunidad. “Codelco significa Corporación del Cobre. Pero no es Co-de-co, tiene una letra ‘l’ justo al medio. Hoy día podemos decir que es una corporación de litio y de cobre. Y eso le da una potencia tremenda a la empresa”, dice, con una sonrisa que celebra su propia ocurrencia.

La relectura no es solo simbólica: “En el mundo de la transición energética y en el mundo de la geopolítica de los minerales críticos, tener cobre para conducir la electricidad y litio para almacenarla es una posición de enorme fortaleza para el país”.

En su oficina, de unos 40 metros cuadrados y con amplios ventanales, su historia profesional y personal está a la vista. Hay fotos de su niñez en la URSS, donde acompañó a su padre embajador. También de sus encuentros con presidentes de Chile. Su título profesional. Las fotografías de su esposa por 50 años, la diseñadora Soledad Flanagan, de sus 4 hijas y de sus 10 nietos. Y algunas de amigos, como Andrónico Luksic, con quien subió montañas en la Antártica. Las pilas de carpetas y documentos están ordenadas por temáticas. Entre los libros sobre su escritorio está una copia de “Cómo hacer grandes cosas”, un bestseller que compendia los secretos para planificar megaproyectos.

Desde este lugar donde recibe a Forbes Chile, Pacheco planificó la histórica diversificación de Codelco. Dice que no fue fácil. No solo requirió de visión empresarial. Pacheco debió recurrir a sus reconocidos olfato y muñeca política.

La propuesta era arriesgada: asociar a la cuprífera estatal con SQM, que operaba en el Salar de Atacama desde los años 80 y cuya concesión con el Estado estaba por vencer. SQM era líder mundial en litio y tenía el know-how del negocio. Pero el deal tenía un gran flanco: el controlador privado era Julio Ponce Lerou, exyerno de Augusto Pinochet y uno de los empresarios más controvertidos del país; un multimillonario con un patrimonio que Forbes estima en US$3.900 millones.

Sacar adelante esa sociedad no sería fácil en un gobierno progresista liderado por Gabriel Boric, e integrado por fuerzas de izquierda que incluían hasta el Partido Comunista.

A su favor jugaba que la importancia de Codelco no es solo política, es una empresa estratégica ya que, por ley, entrega sus utilidades al fisco. Los datos son elocuentes: aunque los niveles de producción han estado bajo lo esperado -en parte, por la paralización de faenas que siguió a la tragedia de El Teniente-, que el precio del cobre se haya triplicado en los últimos tres años ha permitido a la empresa seguir aumentando sus ganancias; y las del país.

De acuerdo a un informe reservado que debía ser ratificado a fines de marzo, en 2025 Codelco registró un EBITDA de US$6.576 millones. Los ingresos por ventas de cobre propio llegaron a US$13.833 millones, un 19% más que los US$11.590 millones del año anterior. Todo eso se tradujo en un aporte al Estado US$1.778 millones, un 16% más que en 2024.

En términos macro, Codelco representa cerca del 5% del PIB del país.

SOCIALISTA CON PALADAR

La primera vez que Gabriel Boric conoció a Máximo Pacheco, lo puso a prueba. “¿Máximo, usted es socialista?”, le preguntó. Pacheco respondió que sí y le mostró su carné de militante al día. Corría el año 2014. Boric era diputado por Magallanes y Pacheco ministro de Energía en el segundo gobierno de Michelle Bachelet.

“En realidad, lo que él quería saber era por qué yo era socialista”, dice hoy. “Él quería escuchar por qué un empresario era socialista”, añade.

Y entra en un terreno que ha marcado su trayectoria: “A mí muchas veces me dicen: ‘¿Cómo puede usted ser socialista e ir a buenos restaurantes?’ Como si ser de izquierda significara que uno no tiene paladar o tiene que vivir mal. O tengo amigos empresarios que me dicen que no puedo ser socialista porque viajo en business. Yo no lo veo así”.

Luego, explicita su mirada:

“La izquierda tiene que entender cómo funciona la economía, cómo funcionan las empresas. No hay ninguna contradicción entre tener convicciones sociales y entender el mundo empresarial”.

El porqué Máximo Pacheco Matte rompe estereotipos está en su biografía. Por el lado de su madre, Adriana Matte Alessandri, es sobrino nieto del expresidente Jorge Alessandri, referente histórico de la derecha. A su padre, Máximo Pacheco Gómez, lo vio ejercer como ministro de Educación del presidente demócratacristiano Eduardo Frei Montalva y lo acompañó cuando fue nombrado embajador de Chile en la URSS y ante la Santa Sede.

Se formó como economista en la Universidad de Chile y militó en el MAPU desde los 17 años. Pero el golpe militar cambió el rumbo de su carrera.

“Yo entré a estudiar Economía pensando que iba a trabajar en lo público, en Mideplan, en el Banco Central o en la CORFO. Esa era mi idea. Pero el 11 de septiembre de 1973 ese proyecto murió”, dice. “Era evidente que una persona con mi perfil político y mis antecedentes no iba a entrar en ese momento a ninguna institución del Estado”, agrega, y cuenta que su única alternativa fue el sector privado.

Primero tuvo una pequeña empresa de publicidad, Pacheco Publicidad. Luego fue ejecutivo de la banca, en los desaparecidos Banco Osorno y Banco de Talca. Al primero llegó de la mano de un amigo; al segundo, convocado por el expresidente Sebastián Piñera.

Su vínculo con lo público reapareció a inicios de los años 90, cuando asumió como el primer vicepresidente de Operaciones de Codelco tras el retorno a la democracia. Conoció por dentro la empresa que décadas después le tocaría presidir. Tras cuatro años en ese cargo, volvió al mundo privado y llegó a convertirse en un ejecutivo de primera línea en International Paper, la mayor papelera del mundo.

Vivió fuera de Chile durante dos décadas. Junto a su esposa y sus cuatro hijas fijó residencia en São Paulo, Bruselas y Moscú, y dirigió operaciones en Europa, Medio Oriente, África y Rusia.

“Tuve una carrera extraordinariamente interesante. Fui el primer ejecutivo en la historia de International Paper en llegar a ser Senior Vice President sin ser ciudadano estadounidense”, define. “Pero sabía que a los 65 años tendría que pasar a retiro. Y mis hijas ya habían vuelto a Chile para estudiar en la universidad. Empezaron a llegar los nietos. Y dijimos: se están juntando demasiadas señales de que es momento de volver”, resume.

UN EMPRESARIO, UN HACEDOR

Fue en ese retorno a Chile cuando Máximo Pacheco recibió el llamado de la presidenta Michelle Bachelet para sumarse a su gabinete de gobierno. La había conocido en Nueva York, cuando ella lideraba ONU Mujeres y, recuerda, fueron juntos a ver “El rey león”. Ahora la mandataria —también socialista— lo convocaba como ministro de Energía, con la misión de transformar la matriz de generación de electricidad del país.

“Le dije: ‘Presidenta, quiero decirle que no soy ingeniero eléctrico, nunca he trabajado en el sector energía. Yo soy un afuerino’. Y ella me dijo: ‘Eso es lo que quiero. Quiero una persona que no esté metida en todos los debates y controversias del sector, que piense fuera de la caja. Tú tienes formación empresarial, eres un hacedor. Aquí hay mucho que hacer’”.

Tras su paso por el sector, el país abandonó la dependencia del gas argentino y de las termoeléctricas. Se convocó a la, entonces, casi inexistente inversión privada en energías limpias como la solar y la eólica. “El sector energía se transformó en el número uno en inversiones en Chile, desplazando por primera vez en la historia a minería”, dijo al salir de la cartera.

Parte de las habilidades que se le reconocen a Pacheco, está la de ser un gran comunicador. Sabe destacar, con palabras y hechos, lo que hace. Por ejemplo, como cierre a su gestión ministerial editó “Revolución energética en Chile”, un libro donde académicos y especialistas comentan su diseño para el desarrollo del sector. El lanzamiento del volumen fue muy concurrido. Políticos y empresarios de primer nivel llegaron hasta el republicano ex Congreso Nacional para celebrar los logros. Y, por cierto, también para reconocerlo a él.  

“Tiene buenas ideas y mejor gestión, con una ejecución efectiva”, dijo el empresario Juan Antonio Guzmán. La presidenta Bachelet habló de su estilo de liderazgo: “Alguna vez lo califiqué de ‘Máximo Voltaje’, en referencia a las ganas con las que me informaba de los avances”. A esas alturas, el diputado Boric ya se había formado un juicio sobre la visión de este empresario socialista: “No se puede desconocer que, en particular, en el Ministerio de Energía se demostró que el Estado puede”.

A fines de 2025 el mismo Boric —ya como presidente de Chile— encabezó otro concurrido acto organizado por Pacheco. La constitución del directorio de Novandino Litio, como se bautizó a la sociedad de Codelco con SQM, se realizó en otro escenario republicano: el auditorio de la Biblioteca Nacional. De nuevo, fue una imponente acción comunicacional. Un detalle decidor: a cargo del evento se vio al productor Daniel Merino, director ejecutivo del Festival de Viña del Mar.

NEGOCIADOR TENAZ

Volviendo a cómo se gestó su llegada a Codelco, Pacheco recuerda cuando, en 2022, comenzó a rondar el rumor de que el presidente Boric podría designarlo al frente de la cuprífera. “Un amigo mío muy querido, Ricardo Núñez (exsenador PS), me dijo algo que no se me olvida: ‘Si te ofrecen el cargo de presidente de Codelco, te quiero decir una sola cosa: no tienes derecho a rechazarlo. Es un cargo demasiado importante para el país’”.

Y lo tomó. Aunque había razones para dudar que lo hiciera.

Por ley, la dieta mensual del presidente del directorio de Codelco no supera los $9 millones. Pacheco le resta importancia al asunto: “Yo vengo todos los días a esta oficina, trato de llegar temprano y de irme tarde; trabajo harto. Pero si falto a una reunión de directorio no me llega la dieta. La dieta se paga contra asistencia. Este es un cargo que se ejerce con una boleta profesional. Aquí no hay contrato de trabajo. No hay vacaciones, no hay Isapre, no hay AFP… El que quiera ser presidente de Codelco por plata está completamente equivocado”, advierte.

Su motivación, insiste, no fue económica. Y reproduce un diálogo que lo identifica: “Cuando le pregunto a jóvenes profesionales que llegan a la empresa por qué trabajan en Codelco me dicen: ‘No es por la paga. Yo estoy acá porque esta empresa tiene identidad y tiene propósito’. El éxito no es solo el dinero, sino contribuir al país. Cuando yo trabajo en Codelco, estoy contribuyendo a Chile”.

El estilo frontal de Pacheco se hizo sentir de inmediato en la empresa que este 2026 cumple 50 años. Su diagnóstico fue claro y público: la empresa estaba atrasada en sus proyectos estructurales y eso impactaba los niveles de producción, algo que durante años se evitó admitir. También puso sobre la mesa un punto incómodo: el endeudamiento de casi US$25.000 millones que arrastran. “Codelco ha entregado al Estado más de 160 mil millones de dólares desde 1971. Pero para hacer las inversiones que necesitamos hemos tenido que endeudarnos”, planteó, apuntando a la necesidad de legislar la reinversión de parte de las ganancias en la empresa.

Reconocer eso implicaba costos políticos y reputacionales. Pero su forma de liderazgo no esquiva esas tensiones. Puede enfrentarse públicamente con un adversario, discutir con dureza en un directorio o responder con ironía a una crítica mediática. Sin embargo, rara vez rompe relaciones. “Si uno se enoja, la cuestión no se resuelve”, suele decir.

La lógica es simple: en industrias como la energía y la minería, donde los proyectos pueden tardar décadas en madurar, los vínculos también deben sostenerse en el tiempo.

Esa mirada fue clave para impulsar otro de los cambios más relevantes de su gestión: abrir Codelco a asociaciones estratégicas con grandes mineras globales, transformándola en un holding con 18 partnerships.

Su estilo de negociación —pragmático, directo y persistente— quedó en evidencia en uno de los acuerdos más complejos: el entendimiento con Anglo American para coordinar el desarrollo de sus respectivos yacimientos Andina y Los Bronces.

Ambos forman parte de un mismo sistema mineral, pero durante años su explotación estuvo marcada por la desconfianza entre las compañías. Pacheco decidió romper esa inercia. Buscó contacto directo con la alta dirección de Anglo American y viajó a reunirse con su CEO, Duncan Wanblad. El acuerdo fue simple en su método y ambicioso en su alcance: los equipos técnicos trabajarían en conjunto y cualquier diferencia sería resuelta directamente entre ambos líderes, sin importar la hora ni el lugar. El resultado fue un plan minero conjunto que, entre 2030 y 2051, permitirá aumentar la producción en unas 120.000 toneladas anuales y generar cerca de US$5.000 millones en valor. “Un volumen de riqueza extraordinario”, dice.

El acuerdo con SQM es aún más significativo. Hasta 2060, la alianza generará del orden de US$6.000 millones anuales para el fisco y luego la propiedad de Novandino Litio pasará completamente al Estado. Sin embargo, para sacarlo adelante Pacheco también enfrentó controversias.

Se le cuestionó haber concretado el acuerdo por trato directo, sin licitación. Se sumó el reclamo de la china Tianqi, accionista de SQM, que acusó falta de transparencia, incorporando una dimensión geopolítica al debate. El convenio fue revisado por más de 20 instituciones en Chile y el extranjero, e incluyó una consulta indígena. Finalmente, el proceso fue auditado, y luego validado por la Contraloría General de la República.

Por último, sobre el reparo a negociar con Julio Ponce Lerou, Pacheco es categórico: “Cuando el presidente Boric anunció en cadena nacional que impulsaría una Estrategia Nacional del Litio, al día siguiente me llamó el entonces presidente del directorio de SQM, Gonzalo Guerrero. En ese momento se me dijo que la contraparte sería Ricardo Ramos (gerente general). Y efectivamente él fue la persona que lideró la negociación por parte de SQM. Por lo tanto, nunca tuve ninguna necesidad de hablar con nadie más que con él”.

Quedan apenas semanas para que Pacheco deje su oficina. A las 0:00 horas del 26 de mayo expira el decreto presidencial que lo nombró, y hasta el momento de esta entrevista el nuevo gobierno que lidera el presidente José Antonio Kast no había anunciado a su sucesor. Sin embargo, él está lejos de pensar en retirarse del sector.

“Lo que Chile ha hecho con la asociación público-privada entre Codelco y SQM es algo que en el mundo genera mucha admiración. Estamos uniendo a la empresa estatal más importante del país con la mayor productora de litio desde salmuera del planeta”, dice sobre el acuerdo que también le abre un nuevo capítulo profesional: Pacheco seguirá dos años como presidente del directorio de Novandino Litio. “Lo que estamos construyendo es una empresa que posiciona a Chile en el corazón de los minerales críticos del mundo”, concluye.

TOLSTOI, PUSHKIN Y LAS UVAS

Máximo Pacheco cumplió 73 años en febrero pasado. Pero está lejos de sentir “el viejazo” que acusa en algunos contemporáneos. Es hiperquinético, pero muy organizado. Mide su agenda y comidas con celo. No le gusta perder tiempo. Tampoco saltarse comidas.

La excepción a su estricto ritmo ejecutivo se la permite los fines de semana, cuando se traslada al terreno que tiene en el valle de Casablanca. Allí vive su faceta de empresario privado. Cultiva uvas Chardonnay y Sauvignon Blanc que vende a Concha y Toro, además de manzanas orgánicas, olivos y frutos secos que destina al mercado interno.

Pero el verdadero centro de esa vida rural son sus nietos. “Tengo diez nietos y la mitad son menores de cinco años. Les encanta ir al campo porque pueden hacer cosas que en la ciudad no pueden: subirse a los árboles, embarrarse, cosechar frambuesas”, comenta.

Un dato curioso, como muchos de su vida, es que sus empresas personales las bautiza en homenaje a los artistas soviéticos que admira, como Tolstoi y Pushkin.