El gobierno respondió enérgicamente al embajador de EE.UU. y calificó de “arbitraria” la revocación de visas a tres funcionario de gobierno. A través del canciller, negó riesgos a la seguridad nacional, defendió la evaluación soberana de inversiones y advirtió que el país no será parte de disputas geopolíticas entre potencias como China y Estados Unidos.

El gobierno chileno reaccionó con dureza ante las recientes declaraciones del embajador de Estados Unidos, Brandon Judd, y ante la revocación de visas que afectó a tres personeros de gobierno, entre ellos el ministro de Transportes y Telecomunicaciones.

En una declaración pública, el canciller Alberto Van Klaveren afirmó que La Moneda “rechaza absolutamente las imputaciones y declaraciones” del diplomático estadounidense, señalando que se basan en una premisa falsa:

“Ningún funcionario del Gobierno de Chile, ningún agente del Estado ha colaborado en acciones o medidas que pongan en riesgo la seguridad de nuestro país (…) o de algún país del mundo”, sostuvo el ministro sobre las explicaciones dadas este lunes por Judd para justificar la revocación.

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Van Klaveren reconoció que cada país tiene la potestad soberana de otorgar o restringir visas, pero cuestionó el uso de esa herramienta como mecanismo de presión diplomática.

“Lo que no es aceptable es que esto se utilice para amenazar o sancionar unilateralmente (…) No es la forma en que dos países amigos y aliados estratégicos aborden una diferencia”, afirmó.

El canciller calificó la decisión del Departamento de Estado como “arbitraria e inexplicable”, subrayando que se refiere a una determinación que —según el gobierno— ni siquiera ha sido adoptada, en alusión a los proyectos de infraestructura digital del sector telecomunicaciones que han estado en el centro de la controversia.

Cable submarino con China y evaluación de inversiones

Uno de los ejes de la respuesta chilena apuntó a la discusión sobre telecomunicaciones y el cable submarino transpacífico, tema que Washington ha vinculado a riesgos de seguridad.

Van Klaveren recalcó que Chile solo ha aprobado hasta ahora el proyecto Humboldt, desarrollado en asociación con Google y la empresa estatal Desarrollo País, mientras que la iniciativa Hong Kong-Valparaíso continúa en evaluación.

“El proyecto (…) debe ser evaluado en su propio mérito y no vamos a dejar de acoger la tramitación de una iniciativa de inversión por amenazas o sanciones unilaterales”, indicó, insistiendo en que aceptar la tramitación no implica aprobar la obra.

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El canciller defendió que la política chilena garantiza reglas claras y no discriminación para inversionistas extranjeros, con análisis caso a caso y apego a la legislación.

Ciberataques y soberanía

Respecto de las alertas de ciberseguridad mencionadas por Estados Unidos, el ministro confirmó que los antecedentes fueron derivados a la Agencia Nacional de Ciberseguridad y a la Brigada del Cibercrimen de la PDI.

Van Klaveren señaló que Chile enfrenta ciberataques como otros países, pero aseguró que existe institucionalidad para procesarlos y que no siempre se comunican públicamente los resultados.

El canciller cerró su intervención con un mensaje geopolítico explícito: Chile no aceptará que sus decisiones soberanas se transformen en terreno de disputa entre potencias.

“Chile no puede ni debe ser utilizado como territorio en disputa por tensiones geopolíticas a nivel global”, afirmó, reiterando que el país busca mantener buenas relaciones tanto con Estados Unidos como con otros socios relevantes.