El desafío para Chile no es simplemente incorporar Inteligencia Artificial a los sistemas aduaneros. Es convertir la información disponible en inteligencia para anticipar riesgos, focalizar el control y facilitar el comercio legítimo sin debilitar la fiscalización.
La Inteligencia Artificial está cambiando la forma en que gobiernos, empresas y cadenas logísticas utilizan la información. En las Aduanas, su impacto puede ser todavía mayor: hoy contamos con una capacidad de procesamiento, cruce y análisis de datos que permite identificar patrones y relaciones que serían muy difíciles de detectar revisando cada operación de manera individual.
Y eso obliga a cambiar la pregunta.
El desafío para Chile no es simplemente incorporar Inteligencia Artificial a los sistemas aduaneros. Es convertir la información disponible en inteligencia para anticipar riesgos, focalizar el control y facilitar el comercio legítimo sin debilitar la fiscalización.
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Cada operación de comercio exterior deja información sobre mercancías, empresas, rutas, valores, países de origen, frecuencias y comportamientos. Esa información no es solo un registro de lo que ocurrió: puede convertirse en una herramienta para anticipar lo que podría ocurrir. Durante años, el control se ha apoyado en reglas, perfiles de riesgo, revisión documental, inspecciones y auditorías posteriores. La IA permite avanzar hacia otro modelo: uno capaz de encontrar patrones, correlaciones y anomalías que no son evidentes a simple vista y que pueden constituir señales tempranas de riesgo.
La diferencia es sustantiva. No se trata de controlar más, sino de saber dónde y cómo controlar mejor.
La Organización Mundial de Aduanas ya reconoce la IA y el Machine Learning como tecnologías centrales para avanzar hacia las denominadas “Smart Customs”. La OCDE, en su trabajo publicado este año, identifica aplicaciones concretas en perfilamiento de riesgo, selección, detección de anomalías, procesamiento documental y verificación de códigos y certificados.
Pero aquí debemos ser rigurosos. Una Aduana inteligente no se construye simplemente comprando tecnología. La IA necesita datos confiables, sistemas interoperables, procesos digitales y reglas claras. Si la información está fragmentada o es de mala calidad, el algoritmo podrá procesarla con enorme velocidad, pero no necesariamente producirá mejores decisiones. La tecnología puede multiplicar la capacidad de análisis; no puede transformar datos deficientes en inteligencia confiable.
Y existe un segundo desafío: qué hacemos con las personas cuando las máquinas comienzan a hacer mejor algunas de sus tareas.
El Agente de Aduana deberá evolucionar. La automatización puede reducir digitación, revisión documental y procesamiento rutinario, pero hará más valioso aquello que requiere conocimiento, criterio y responsabilidad: clasificación, valoración, cumplimiento normativo, análisis de riesgo e interpretación de situaciones que un algoritmo puede detectar, pero no necesariamente comprender.
Porque encontrar una anomalía no equivale a encontrar una infracción. Y una alerta generada por IA no puede convertirse, por sí sola, en una decisión jurídica.
Por eso, el debate debe superar la idea de “IA versus personas”. La verdadera oportunidad está en combinar la capacidad de las máquinas para procesar información con el conocimiento, criterio y responsabilidad de quienes conocen el comercio exterior.
Chile tiene la posibilidad de avanzar hacia una Aduana predictiva, interoperable y centrada en el riesgo. Pero para ello necesitamos también fortalecer la colaboración público-privada y reconocer que quienes participan diariamente en las operaciones de comercio exterior no solo generan información: también aportan conocimiento para interpretarla y convertirla en mejores decisiones.
La Aduana del futuro no será aquella que acumule más información ni la que tenga más algoritmos. Será aquella capaz de transformar datos en inteligencia, inteligencia en prevención y prevención en seguridad y facilitación.
La IA puede cambiar radicalmente la forma de controlar las fronteras. La decisión que debemos tomar hoy es si queremos usarla solo para hacer más rápidos los procesos existentes o para construir una Aduana capaz de anticiparse al riesgo, en lugar de limitarse a reaccionar frente a él.
Esa es, a mi juicio, la verdadera transformación que Chile no debería dejar pasar.
Sobre el autor
Marcelo Abrigo Parra es gerente general de Asociación Nacional de Agentes de Aduanas, ANAGENA A.G.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Chile.
