El Centro Mario Molina -creado en 2004- y su nueva marca Fedelli Future Motors lanzaron en Chile el prototipo del primer vehículo comercial con celdas de combustible a hidrógeno, que combina un motor eléctrico de alto rendimiento con una celda de combustible a hidrógeno de 80 kW y una batería de ion-litio de 75 kWh, con […]

El Centro Mario Molina -creado en 2004- y su nueva marca Fedelli Future Motors lanzaron en Chile el prototipo del primer vehículo comercial con celdas de combustible a hidrógeno, que combina un motor eléctrico de alto rendimiento con una celda de combustible a hidrógeno de 80 kW y una batería de ion-litio de 75 kWh, con el objetivo de ofrecer una solución de transporte limpio y eficiente para operaciones portuarias y urbanas.

El prototipo se presentó en la Feria Enloce de Valparaíso, uno de los encuentros de logística portuaria más importantes del país, que se realizó el pasado 21 de agosto. Fue desarrollado por un proyecto de alta tecnología apoyado por Corfo e iniciará su producción industrial en el país como parte del programa tecnológico “Hydrotech Industries”. 

Gianni López, director del Centro Mario Molina, dijo a Forbes que están siguiendo la ruta habitual en el desarrollo de los vehículos, que contempla tres etapas:

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  1. Prototipo, donde se prueba el concepto tecnológico.
  2. Primera serie de preproducción, enfocada en definir componentes y validar pruebas. Están trabajando con dos vehículos.
  3. Series de producción, destinada a reducir costos y asegurar calidad, con miras a contar con un producto competitivo.

El costo de llevar la idea conceptual a prototipo, preproducción y producción varía entre los 2 a 3 millones de dólares, principalmente en ingeniería, adquisición y fabricación de componentes, pruebas y certificaciones, indica López.

“Nuestro objetivo es un vehículo con 600 km de autonomía y recarga en sólo 4 minutos, que pueda sustituir directamente a un diésel sin modificar las condiciones de operación. Para lograr ser competitivos estamos haciendo un esfuerzo grande en I+D, hemos establecido una cadena de proveedores fuerte, y contamos con el apoyo de Corfo a través de programas tecnológicos con visión de largo plazo. También contamos con el interés de empresas nacionales, como el Grupo ICL y Southenergy, con quienes estamos trabajando en conjunto para producir los vehículos en el país”, agrega.

Desde el punto de vista comercial, el vehículo promete tener un costo mensual menor al de uno a combustible diésel por 25%, en el que se incluye pago de leasing, energía y mantenimiento. “Esto es atractivo para empresas líderes en descarbonización, porque pueden acceder temprano a esta nueva tecnología, comenzando así a crear las condiciones que habilitan su despliegue masivo cuando a fin de década ya exista un caso de negocio en la adopción del hidrógeno en el transporte”, dice López.

Junto con la provisión de los vehículos, el centro también está generando centros de carga de hidrógeno en la región de Valparaíso, con la Empresa Portuaria de Valparaíso, y otro en la ciudad de Santiago; además de desarrollar capacidades para dar soporte local a vehículos con celdas de combustible.

¿ES VIABLE EL USO DE VEHÍCULOS A HODRÓGENO?

La respuesta de López es “Sí”. La sustenta en que existe una demanda real de empresas con metas de descarbonización -como Walmart- que buscan renovar sus flotas y maquinarias diésel con vehículos cero emisión, tanto eléctricos a batería como de hidrógeno.

“En segmentos como la última milla, los eléctricos a batería ya tienen un caso de negocio claro. En logística y transporte de carga, donde los problemas de autonomía y recarga dificultan la competitividad de las baterías, el hidrógeno aparece como una alternativa viable. En esta primera fase nos enfocamos en clientes corporativos con metas de descarbonización. Hacia fines de la década, con mayor masificación del hidrógeno verde y disponibilidad de más centros de carga, se abrirán nuevas aplicaciones”, detalla.

DESAFÍO

El desafío ahora para este tipo de energías recae principalmente en la industria automotriz tradicional – norteamericana, japonesa y europea- que ha basado su desarrollo en motores de combustión, apunta López.

“Estas compañías deben adaptarse y avanzar hacia el término de la producción de este tipo de vehículos. En Europa ya se observa esta transición con la entrada de fabricantes chinos que ofrecen coches eléctricos muy competitivos en prestaciones y precios. En Chile, se requiere fortalecer los mecanismos normativos y tributarios para obligar a que los vehículos de combustión reduzcan sus emisiones progresivamente y dejen espacio a tecnologías más limpias”, señala.

Para él, Chile puede capitalizar la transición energética no sólo como proveedor de cobre, litio e hidrógeno verde, sino también con valor agregado a través del desarrollo de tecnologías, lo que abre oportunidades de emprendimientos que posicionan al país como exportador de soluciones, además de recursos naturales.

“Contamos con capital humano capacitado y, con asociaciones internacionales, podemos potenciar aún más la competitividad. La puesta en marcha temprana de estos vehículos en Chile nos permitirá acumular experiencia en millones de kilómetros recorridos, algo que pocas compañías en el mundo lograrán dentro de los próximos años”, finaliza.