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Sostenibilidad

Científicos alertan sobre ‘punto de no retorno’ de la Amazonía

La selva tropical de la Amazonía podría convertirse en una sabana de manera irreversible.

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Científicos alertan sobre ‘punto de no retorno’ de la Amazonía
Restos de selva incendiada en el estado de Pará, Brasil. FOTO: NurPhoto via Getty Images

Aproximadamente 17% de los bosques de la Amazonia se han convertido en lugares en los que se les da otros usos a la tierra y al menos 17% han sido degradados, y si la deforestación total supera el 25% la selva podría convertirse en sabana, con graves consecuencias ambientales.

Son datos de la evaluación que han llevado a cabo durante más de un año más de 200 científicos de países amazónicos y del mundo que integran el Panel Científico por la Amazonia (PCA).

Los expertos que han participado en este ejercicio de cooperación académica internacional voluntaria, que ha permitido elaborar la investigación más integral y holística del estado del llamado “pulmón del planeta”, apuntaron que 366.300 kilómetros de bosques fueron degradados entre 1995 y 2017.

Estos resultados alertan de un futuro no muy lejano.

“Si la deforestación total supera entre 20 y 25% de la superficie forestal, el proceso de conversión de la selva tropical en una sabana podría volverse irreversible, dado también por el marco del calentamiento global y el aumento de la vulnerabilidad al fuego”, explicó a DW el brasileño Carlos Nobre, copresidente del PCA debido a su experiencia científica sobre la Amazonia.

Alcanzar dicho “punto de no retorno” tendría consecuencias fatales para la región como “el desequilibrio y rompimiento de los balances de agua, energía y carbono de la cuenca amazónica, el debilitamiento del transporte de humedad por los ríos aéreos y los chorros de vientos superficiales en Suramérica, la disminución del transporte de humedad hacia los Andes”, entre otros, detalló a DW el colombiano Germán Poveda, integrante del comité de dirección científica del panel y revisor del texto de la evaluación. 

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Caracterizada por su gran diversidad natural y cultural, la Amazonia es además el sumidero de carbono más grande del mundo, ya que almacena entre 150 y 200.00 millones de toneladas de carbono en sus suelos y vegetación

Esto pone en riesgo “el suministro de agua para ciudades como Bogotá, Quito, Lima y La Paz” y contribuye con el “deshielo y retroceso de los glaciares y los páramos tropicales”, agregó. Además, afecta “la calidad del aire en Sudamérica debido a los incendios forestales asociados con la deforestación y alteración del chorro superficial, amenazando el suministro de agua y la calidad del aire en la cuenca del río de La Plata”.

“El reporte del PCA es un esfuerzo de la comunidad científica, incluyendo el conocimiento ancestral, para alertar a los gobiernos de los países amazónicos y al resto del mundo que es urgente detener la deforestación, por todas las implicaciones que impone”, también aseguró.

Un informe con conclusiones y recomendaciones

Por este motivo, además de ofrecer las tendencias actuales de este ecosistema vital para el planeta, el informe proporciona 34 recomendaciones “para revertir la trayectoria que la región ha estado enfrentando de 50 años de destrucción y degradación en la búsqueda de sustentabilidad”, puntualizó Nobre.

La primera de ellas es una moratoria inmediata de deforestación en las áreas que se están acercando a puntos de inflexión, así como alcanzar la cero deforestación y cero degradación en toda la región amazónica antes de 2030.

Precisamente, esta última medida fue uno de los compromisos que alcanzaron un centenar de países, entre ellos Brasil, Colombia, Ecuador y Perú, en la pasada COP26 de Glasgow (Reino Unido), lugar donde también se presentaron los resultados de dicha evaluación.

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“Temo que ese anuncio sea parte del ‘greenwashing’ que fueron a exhibir muchos gobiernos en la COP26 y que sólo es retórica vacía de hechos y realidades concretas para detener la deforestación al año 2030”, consideró Poveda.

Para Nobre, el mantenimiento de los bosques en pie “es uno de los elementos potenciales no solo de reducir a cero la destrucción de la Amazonia sino también traer calidad de vida de todas sus poblaciones, urbanas, rurales e indígena”.

Además de la erradicación de la deforestación, los expertos llaman a llevar a cabo políticas de reforestación y restauración de los bosques, así como la protección de los pueblos originarios y sus derechos.

“Los pueblos indígenas representan un reservorio de conocimiento, prácticas y saberes de la Amazonia. La lucha por los derechos individuales y colectivos continúa y debe formar parte de las agendas de desarrollo de la región, mucho más si consideramos que los territorios indígenas representan cada vez más barreras socionaturales a la alta transformación que está experimentando el bioma amazónico”, recordó a DW el boliviano Daniel Larrea, coordinador del grupo Gentes de la Amazonia y autor de diversos capítulos de la evaluación.

Larrea recalcó la implicación de miembros de pueblos originarios de la región en el proceso de elaboración de la evaluación. “Contó con la participación y consulta de líderes indígenas reconocidos, principalmente de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca del Amazonas (Coica), que compartió su visión de la Amazonia, sus anhelos, recordándonos permanentemente su lucha histórica y los duros golpes que han experimentado en los últimos siglos y décadas”, puntualizó.

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En este sentido, el informe también destaca la necesidad de trabajar con el conocimiento local de los pueblos originarios y el establecimiento de asociaciones colaborativas, así como la propuesta de “un nuevo modelo de desarrollo para la Amazonia, basado en la bioeconomía, que rompa la tensión permanente entre desarrollo económico y desarrollo sostenible”, recalcó Poveda.

“El gran valor del bosque está en su inmensa biodiversidad. Una hectárea de bosque alberga miles de especies de plantas y animales, y también microorganismos que deben permanecer en equilibrio ecológico para prevenir la aparición de pandemias zoonóticas, en lugar de una sola especie de pasto”, recordó Nobre.

“Es hora de que los tomadores de decisiones políticas escuchen la voz de la ciencia”, concluyó Poveda.

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