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Sostenibilidad

Lo que Latinoamérica se llevó de la COP26

La COP26 dejó importantes cuestiones pendientes para Latinoamérica y el Caribe

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Lo que América Latina se llevó de la COP26
La ciudad brasileña de Recife, de cuatro millones de habitantes, es una de las más vulnerables del mundo al aumento en el nivel de los mares. FOTO: EFE/Diego Nigro

¿Vaso medio vacío o medio lleno? Esa es una de las cuestiones que se plantea a la hora de hacer valoraciones de la cumbre sobre cambio climático, COP26, en Glasgow.

El evento, que se inició el pasado 31 de octubre, tuvo que prolongarse hasta el pasado fin de semana, con una jornada extra para finalizar las negociaciones. No obstante, algunas de las cuestiones quedaron pendientes y deberán resolverse el próximo año en la cumbre que se llevará a cabo en Egipto. 

“Se mantiene el objetivo de limitar la temperatura del 1,5°C, como exige el Acuerdo de París”, recalcó en conversación con DW Osver Polo, miembro de Climate Action Network (CAN) Latinoamérica.

No obstante, “el financiamiento climático para los países del sur, para que puedan implementar sus planes de adaptación y de mitigación, aún sigue siendo una promesa incumplida”, lamentó el también miembro del Movimiento Ciudadano frente al Cambio Climático de Perú.

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Se trata de los US$ 100.000 millones al año para 2020 prometidos por los países desarrollados para reducir la vulnerabilidad al cambio climático de los países en vías de desarrollo, como los de América Latina y el Caribe.

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“El movimiento climático consiguió que se pusiera el foco en las discusiones globales sobre peticiones relacionadas con los mecanismos de Pérdidas y Daños”, dijo Ilan Zugman, Director Gerente para América Latina de 350.org, destacando el papel de la sociedad civil en la cumbre. No obstante, “la COP26 ha confirmado la falta de voluntad política de muchos de los países más ricos para contribuir de verdad a la justicia climática”, consideró.

Este principio responsabiliza a los países desarrollados de la generación de gases de efecto  invernadero que causan los impactos del cambio climático, una cuestión clave para América Latina y El Caribe. Por este motivo, aunque desde la sociedad civil y numerosos países se estaba presionando para incluir esta cuestión al denominado Pacto de Glasgow, finalmente solo se consiguió establecer un diálogo sobre ello, que se llevará a cabo el próximo año. 

Aceptación a pesar de la decepción

Ello generó decepción entre los países latinoamericanos que dejaron patente esta reacción durante sus intervenciones en la sesión plenaria en la que se aprobó el documento final. “Estamos frustrados por no haber logrado conseguir un programa de asistencia financiera dedicada específicamente a pérdidas y daños”, dijo Nicolás Galarza, viceministro de Ambiente de Colombia.

Queremos más en pérdidas y daños, y más financiación climática para la adaptación”, agregó Andrea Meza, ministra de Ambiente y Energía de Costa Rica. No obstante, Meza reconoció que “por primera vez, tuvimos el espacio para que se pudieran comprender las necesidades de los países en desarrollo en torno a pérdidas y daños”. “El Norte Global es comprensivo porque también está viendo todos los impactos y consecuencias y se puede ver más apertura para abordar estas conversaciones”, consideró.

Por su lado, Galarza destacó otros aspectos del texto aprobado que pueden ser beneficiosos para la región, como poner objetivos de eliminar las emisiones a nivel global, así como  “incluir la ciencia en la base de las decisiones”. Asimismo, recordó los compromisos financieros que se han adoptado durante la cumbre, entre ellos los dirigidos a poner fin a la deforestación en el mundo. “Tenemos la cuenca del Amazonas o los bosques de América Central y eso, por supuesto, es una noticia positiva específicamente para las naciones de la Amazonía, América Latina y Colombia”, indicó. 

En este sentido, Meza recalcó este cambio de enfoque que ha hecho la cumbre respecto la naturaleza y el cambio climático. “Esto es bueno para nuestra región porque somos una región con mucha biodiversidad”, recordó.

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Financiación para la región

Por otro lado, Galarza recalcó “algunas donaciones específicas”. Entre estas se encuentran el compromiso de Reino Unido de aportar 27,5 millones de libras para el nuevo Programa de Acción Climática Urbana (UCAP), que apoyará a ciudades de América Latina, África y Asia para implementar proyectos como sistemas de transporte público de bajas emisiones, generación de energía renovable, gestión sostenible de residuos, nuevos códigos de edificios climáticamente inteligentes y planificación de riesgos climáticos. 

Igualmente, una coalición de inversionistas anunció el desembolso de más de US$ 1.000 millones de dólares para dotar a los países latinoamericanos con 3.000 autobuses eléctricos para flotas de transportes públicos de emisiones cero, en el marco del programa Acelerador de Despliegue Rápido de Autobuses Cero Emisiones (ZEBRA, por sus siglas en inglés).

En el marco de la cumbre también se dio a conocer la Iniciativa AFOLU 2040, Construyendo Resiliencia en la Región Centroamericana, que pretende gestionar 10 millones de hectáreas de paisajes productivos sostenibles de Centroamérica y República Dominicana que sean resilientes al cambio climático en 2030. Esta iniciativa, en la que está implicada la agencia internacional de cooperación alemana GIZ, también pretende lograr que dichos países alcancen la neutralidad de carbono para 2040. 

“Todo eso es importante y positivo y tenemos que empezar a trabajar para llevar esas donaciones sobre el terreno: al bosque, a la gente y a las comunidades indígenas”, concluyó el viceministro de Ambiente de Colombia.

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Este contenido se publicó originalmente en DW.COM y puedes acceder a la página haciendo click en el logo:

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