Según el INE, la desocupación nacional alcanzó 9,6% en el trimestre junio-agosto de 2026 y el número de personas que buscan trabajo por primera vez aumentó 23,2% en doce meses. Hay más jóvenes golpeando la puerta del mercado laboral, justo cuando entrar resulta más difícil.
Una pregunta que muchos jóvenes chilenos se hacen cada vez que miran un aviso de trabajo es: ¿cómo voy a tener experiencia si nadie me da la oportunidad de tenerla? Es un círculo vicioso que se profundiza en un momento delicado. Según el INE, la desocupación nacional alcanzó 9,6% en el trimestre junio-agosto de 2026 y el número de personas que buscan trabajo por primera vez aumentó 23,2% en doce meses. Hay más jóvenes golpeando la puerta del mercado laboral, justo cuando entrar resulta más difícil.
No podemos seguir exigiendo experiencia a quienes recién comienzan su vida laboral sin generar las condiciones para que puedan adquirirla. La empleabilidad juvenil no depende solo de cuán preparados lleguen los jóvenes, sino también de la disposición de las empresas a abrir oportunidades, formar talento y apostar por su potencial.
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Los datos del Estudio Jóvenes 2026 de Trabajando.com, que recogió 1.233 respuestas de personas entre 18 a 29 años, ponen números a esta sensación. El 84,7% considera difícil o muy difícil conseguir su primer trabajo formal y el 63,5% identifica la falta de ofertas para personas sin experiencia previa como el principal obstáculo para conseguir una posición laboral. Para los propios jóvenes, lo que más pesa no es competir con otros candidatos, sino que faltan ofertas pensadas para quienes parten desde cero.
La problemática tiene una dificultad adicional que está en la formación. El 57,5% cree que trabajar antes de terminar su carrera favorece su desarrollo laboral posterior, pero solo el 38,2% siente que su institución educacional le entregó las herramientas necesarias para buscar trabajo y el 56,1% declara haber recibido pocas o ninguna facilidad para compatibilizar estudios y trabajo.
Los jóvenes valoran la experiencia temprana, pero el sistema no siempre se las facilita. Y cuando se les pregunta qué esperan de sus instituciones en este sentido, señalan vinculación con empresas para acceder a trabajo formal (35,2%), pasantías desde los primeros años de carrera (17,0%) y conexión a través de eventos y ferias laborales (15,3%).
Esto nos obliga a mirar con honestidad nuestras propias políticas y prácticas de contratación. Es entendible la lógica de muchas empresas ante esta coyuntura: formar a alguien que recién llega toma tiempo, cuesta recursos y supone un riesgo que una persona con trayectoria no implica. Pero esa lógica tiene un límite evidente.
Si las organizaciones no asumen que la formación de las personas no termina al egresar de una institución educativa, sino que continúa durante toda su trayectoria laboral – hoy mucho más que antes -, y se espera que otros formen al talento que se necesita, nadie formará a nadie, y el costo de esa omisión lo pagará el propio mercado laboral con escasez de talento.
Revisar las exigencias de experiencia en los cargos de entrada y distinguir cuándo son realmente indispensables y cuándo son una costumbre, es un primer paso. En las respuestas abiertas del estudio, los jóvenes también expresan con claridad qué esperan de las empresas: “que no pidan tanta experiencia”, “que valoren el potencial” y “que nos den la oportunidad de demostrar lo que sabemos “.
Las soluciones no requieren inventar nada. Requieren prácticas profesionales y pasantías con contenido real, programas de formación e inducción pensados para quienes parten desde cero y una articulación efectiva entre instituciones educativas y empresas, de modo que formación y experiencia dejen de ser etapas sucesivas y se alimenten mutuamente.
A las instituciones les corresponde fortalecer la preparación para la búsqueda de empleo y la vinculación temprana con el mundo laboral; a las empresas, generar oportunidades para recién egresados y perfiles junior, así como fortalecer sus procesos de inducción y capacitación.
Abrir espacios al talento joven no es un gesto de buena voluntad ni una respuesta de corto plazo al desempleo. Es una inversión en los profesionales que nuestras organizaciones van a necesitar en los próximos años, formados en su cultura y con su capacidad de aprendizaje intacta.
La pregunta con la que empecé admite una sola respuesta honesta: si queremos jóvenes con experiencia, tenemos que ser nosotros quienes se la demos. Ojalá la próxima vez que un joven mire un aviso, la experiencia que se le pida sea la que estamos dispuestos a darle.
Sobre el autor:
Eduardo Marín es gerente general de Trabajando.com
Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Chile.
