El estudio de mercado 2026 de Forvis Mazars muestra que solo el 1% de las empresas reporta el impacto financiero de sus riesgos climáticos. Esta cifra nos da cuenta de una brecha de información que dificulta evaluar cuánto está en juego y qué inversiones conviene priorizar para el capital extranjero.
Existe la noción de que 2026 marcó un precedente en nuestro país en cuanto a la envergadura de los fenómenos ambientales. Inundaciones, aluviones, sequías, incendios forestales, aludes, trombas marinas, tornados, temporales y nevadas extremas son solo algunos de los eventos que hemos vivenciado, y le dan la razón a la ONU, quienes afirman que Chile es uno de los países más vulnerables a los efectos de la crisis climática.
Para las empresas, el calentamiento global tiene consecuencias sobre los activos, los ingresos y la continuidad operacional; por ello tienen que preguntarse cuánto conocen esa exposición y qué decisiones están tomando para reducirla.
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El estudio de mercado 2026 de Forvis Mazars muestra que solo el 1% de las empresas reporta el impacto financiero de sus riesgos climáticos. Esta cifra nos da cuenta de una brecha de información que dificulta evaluar cuánto está en juego y qué inversiones conviene priorizar para el capital extranjero.
Como punto de partida, a las organizaciones les compete identificar los riesgos en las operaciones y la cadena de suministro, considerando la ubicación de los activos y la dependencia del agua y la energía. También que evalúen los cambios regulatorios, tecnológicos y de mercado asociados a la transición hacia una economía con menos emisiones, como la Taxonomía de Actividades Económicas Medioambientalmente Sostenibles del Ministerio de Hacienda. Estimar sus efectos sobre costos, ingresos y flujos de caja permite incorporar el clima a las decisiones de financiamiento y expansión.
Dicha evaluación exige comprender la relación de la empresa con su entorno. Según el análisis de Forvis Mazars, hoy solo el 24% de las compañías declara realizar un análisis de doble materialidad, que aborda tanto sus impactos sobre las personas y el medioambiente como los efectos financieros de los factores de sostenibilidad sobre el negocio. Conocer ambas dimensiones ayuda a definir prioridades.
Otra tarea pendiente es convertir ese diagnóstico en planes de continuidad operacional. Proteger a los trabajadores, resguardar instalaciones, evaluar proveedores alternativos y preparar la recuperación requiere responsables, presupuesto y ejercicios que permitan probar la respuesta antes de una emergencia. Cada empresa puede avanzar según su tamaño y exposición.
Y, en temas de directorio, hay una enorme falencia: la investigación afirma que apenas el 4% de los directores reportan conocimientos en cambio climático y solo el 0,4% informa estudios específicos o experiencia operativa que los respalde. Fortalecer estas capacidades e integrar el medioambiente al sistema de gestión de riesgos permite supervisar medidas, asignar recursos y exigir resultados.
La CMF ya postergó al ejercicio 2027 la aplicación obligatoria de las NIIF S1 y S2 para las entidades sujetas a esa exigencia, con reportes en 2028. Ese plazo debiera aprovecharse para desarrollar información confiable y preparar los gobiernos corporativos que deberán rendir cuentas sobre estos riesgos.
Resulta imperativo para las organizaciones identificar su exposición climática, cuantificar y reportar el impacto en su negocio y evaluar cuánto lo reducen las medidas adoptadas (si es que se adoptan). Esa información permitirá priorizar inversiones internacionales y comprobar si están protegiendo sus activos, ingresos y continuidad operacional.
Sobre la autora:
*La autora es Socia de Consultoría de Forvis Mazars.
Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Chile.
