Para transformar esta crisis en una oportunidad de reconversión, la innovación se erige como el catalizador indispensable.

El reciente reporte del INE, que sitúa al desempleo en un preocupante 9,6%, su nivel más alto en más de cinco años confirma que la economía chilena atraviesa una encrucijada crítica. Con proyecciones de crecimiento del PIB acotadas por el Banco Central a un modesto rango de entre 0,25% y 0,75%, y una inflación aún sobre el 4%, el panorama productivo exige respuestas que superen los parches coyunturales y los subsidios de emergencia.

La pregunta de fondo que debemos plantearnos no es solo cómo volver a crecer a corto plazo, sino cómo hacerlo sin comprometer las bases ambientales y sociales que sostendrán el desarrollo futuro del país. El dinamismo chileno, históricamente dependiente de la extracción y exportación de recursos naturales en minería, energía y agricultura, se enfrenta hoy a una vulnerabilidad inédita frente al cambio climático y la crisis hídrica. 

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En este escenario adverso, la sostenibilidad debe dejar de ser entendida como un adorno corporativo o un mero costo regulatorio. La sostenibilidad es, en esencia, una variable estratégica de competitividad que integra las dimensiones económica, social y ambiental. Construir infraestructura resiliente y adaptar los procesos productivos frente a los desastres naturales no es un freno a la expansión económica; por el contrario, es la única garantía para proteger el capital nacional y generar empleo formal, seguro y duradero.

Para transformar esta crisis en una oportunidad de reconversión, la innovación se erige como el catalizador indispensable. No basta con un conocimiento en aulas y laboratorios; las instituciones de educación superior, los centros tecnológicos, el sector privado y el Estado compartimos el mandato impostergable de acelerar la transferencia efectiva de soluciones hacia la matriz productiva.

Sostenibilidad e innovación ya no pueden concebirse como políticas complementarias o accesorias; deben constituir la estrategia central y colaborativa entre el mundo público, privado y académico. Mientras el crecimiento tradicional se mide en meros decimales de PIB, el verdadero desarrollo sostenible se evalúa en la capacidad de construir resiliencia, bienestar y futuro para Chile.

Sobre los autores:

Juan José Negroni es dr. en Ingeniería y Decano Facultad de Ingeniería y Negocio, Universidad Santo Tomás.

Víctor Cancino Cancino es Director Académico sede Talca, de la Universidad Santo Tomás, e Integrante del Consejo Estratégico Regional de Desarrollo Sostenible del Maule.

Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Chile.