Un análisis publicado en julio de 2026 por Kolmogorov Law arrojó que un 38% de los trabajadores encuestados ya ha introducido información confidencial de su empresa en cuentas personales de IA.
Mientras los laboratorios de IA debaten sobre si deben “desacelerar la frontera”, la verdad es que, dentro de las empresas chilenas, la inteligencia artificial ya está operando. Dario Amodei, fundador de Anthropic, ha vuelto a encender el debate al pedir que se desacelere el avance de la frontera de la inteligencia artificial. Líderes como Sam Altman o Elon Musk se sumaron. Pero, también, figuras de la industria, como David Sacks, han sido tajantes al responderles: si de verdad creen que los modelos en sus laboratorios son peligrosos, simplemente dejen de construirlos; nadie los obliga a acelerar.
Esa discusión, sin embargo, es sobre los modelos que todavía no existen. Es el dilema de los creadores de la frontera. Para cualquier director, gerente general o líder de TI en Chile, la pregunta relevante es otra, y es sobre quién está mirando lo que la IA ya está haciendo hoy dentro de la empresa.
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Según el estudio de Entel Digital sobre adopción de IA en las empresas chilenas, más del 80% de las grandes empresas la utiliza, y cerca del 70% de las PYMES. Y mientras la atención pública se concentra en la regulación teórica de una superinteligencia futura, en el día a día corporativo está pasando un fenómeno silencioso: la adopción informal de herramientas de IA por parte de los colaboradores. No lo hacen con mala intención. Buscan redactar un correo más rápido, resumir un informe denso o limpiar una planilla de cálculo. Pero el costo de esa agilidad desregulada es enorme.
Un análisis publicado en julio de 2026 por Kolmogorov Law arrojó que un 38% de los trabajadores encuestados ya ha introducido información confidencial de su empresa en cuentas personales de IA. Más preocupante aún es que casi dos tercios desconocía que este acto puede constituir una infracción legal o una vulneración de secretos comerciales. Correo corporativo, cifras financieras, contratos y código fuente están hoy alojados en el historial de un chatbot personal que la compañía no gestiona ni puede auditar. A esto que está ocurriendo, la industria lo llama “shadow AI”. Y revela que no hace falta pausar la carrera de los laboratorios para tener un problema de gobierno de IA. Ya lo tienes, porque la IA ya entró a la organización, con o sin autorización.
En este escenario, emitir prohibiciones genéricas que nadie cumple o esperar consensos internacionales de laboratorio, no sirve. Debe haber visibilidad operativa, ya que hay una brecha profunda entre la velocidad de adopción y la rendición de cuentas. Si no se puede ver qué agentes, modelos y flujos están interactuando con los activos del negocio, es imposible protegerlos o medir su verdadero retorno.
Es aquí donde plataformas de gestión integral como ServiceNow y su AI Control Tower cambian las reglas del juego. No se trata de frenar la innovación, sino de dotar a las empresas de una suerte de torre de control que sea capaz de descubrir activos no autorizados, observar el comportamiento de los modelos en tiempo real, aplicar políticas de acceso mínimo y auditar cada transacción.
Gobernar la IA que ya está en la empresa implica asegurar que el presente no se escape de las manos, teniendo claro que la disyuntiva tecnológica actual está entre seguir operando a ciegas o tomar el control de lo que ya está funcionando en la compañía.
Sobre el autor
Gonzalo Méndez es Gerente de Servicios Tecnológicos y Productos TI de Entel Digital
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