Comprar online dejó de ser algo excepcional. En Chile, el 64% de los usuarios de internet lo hace habitualmente y, solo en el último CyberDay, se realizaron más de cinco millones de transacciones en apenas tres días.
A días de una nueva edición del Cyber Monday, sabemos que todo volverá a ocurrir rápido. Las ofertas durarán horas, las notificaciones se multiplicarán y un descuento estará a un clic de distancia. En medio de ese ritmo, durante años aprendimos una regla sencilla para movernos con mayor seguridad en internet: si algo parece sospechoso, probablemente lo sea. Pero ¿qué ocurre cuando ya no lo parece?
Comprar online dejó de ser algo excepcional. En Chile, el 64% de los usuarios de internet lo hace habitualmente y, solo en el último CyberDay, se realizaron más de cinco millones de transacciones en apenas tres días. Esa masividad también cambió el escenario para el fraude: cuanto más natural se vuelve comprar y pagar en entornos digitales, más difícil puede ser reconocer cuándo una experiencia no es lo que aparenta.
Leer también: El título no alcanza
El problema es que las señales que nos ayudaban a reconocer un engaño ya no son tan claras. Un mensaje fraudulento puede estar perfectamente escrito, un sitio falso puede verse prácticamente igual al original y una llamada puede incluso reproducir una voz conocida mediante inteligencia artificial. Lo que cambió no es solo la tecnología detrás del fraude, sino su capacidad para parecer legítimo.
Y ahí surge una tensión: tenemos más experiencia moviéndonos en línea, pero no necesariamente nos sentimos más seguros. Según un estudio de Mastercard realizado en América Latina, aunque ocho de cada diez personas dicen sentirse capaces de protegerse en internet, el fraude y las estafas siguen siendo la principal frustración al realizar transacciones digitales. Y las nuevas amenazas ya están en el radar: un 43% menciona los deepfakes y la clonación de voz entre sus preocupaciones.
Estar atentos sigue siendo fundamental. Verificar un sitio, desconfiar de la urgencia o confirmar una solicitud por canales oficiales son hábitos que marcan la diferencia. Pero frente a engaños cada vez más difíciles de detectar, no podemos poner todo el peso de la seguridad en quien está frente a la pantalla. Quienes formamos parte del ecosistema de pagos también tenemos que avanzar. Eso implica conectar cada vez más la inteligencia sobre fraude y amenazas para identificar riesgos antes de que terminen convirtiéndose en pérdidas.
En los próximos días, millones de personas volverán a buscar ofertas y a comprar online. Para ellas, una buena experiencia será aquella en que todo funcione como esperan: un pago seguro y que lo que compraron o contrataron cumpla con lo prometido. Para nosotros, el estándar tiene que ser más alto: que también sea segura frente a amenazas que probablemente nunca lleguen a ver. Quizás esa sea hoy la mejor respuesta a la pregunta inicial: cuando lo sospechoso deja de parecerlo, la seguridad tiene que empezar mucho antes.
Sobre el autor
Nahuel Bello es Vicepresidente de Soluciones de Seguridad de Mastercard para Sudamérica
Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Chile.
