La OCDE muestra una señal incómoda. En Chile, 35% de los trabajadores se desempeña en un área distinta de aquella más relacionada con su formación.
Durante años construimos una relación bastante simple y lineal respecto de la educación y empleo. Mientras más títulos, mejores perspectivas. Mientras más diplomas, más opciones. En Chile, esa lógica “todavía aplica”. Un trabajador con educación superior gana, en promedio, más que uno solo con enseñanza media. El problema aparece cuando confundimos esa ventaja con preparación única o suficiente para un mercado que cambia más rápido que las mallas curriculares.
La OCDE muestra una señal incómoda. En Chile, 35% de los trabajadores se desempeña en un área distinta de aquella más relacionada con su formación. Entre quienes sienten que sus capacidades están por debajo de lo que exige su trabajo, aparecen brechas en computación y software, pero también en trabajo en equipo y liderazgo. Es difícil encontrar una mejor síntesis del problema.
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Se puede seguir acumulando grados y especializaciones, pero las competencias que exige el mercado cambian más rápido que cualquier malla curricular. SENCE analizó más de 920 mil ofertas laborales publicadas en Chile durante 2025 y encontró, junto con una mayor demanda por habilidades digitales, una valoración creciente del trabajo en equipo, la adaptabilidad y la capacidad de resolver problemas. Ahí está parte de la brecha. La formación técnica sigue importando, pero ya no alcanza por sí sola para responder a lo que las empresas necesitan.
Por eso, el currículum sigue importando, pero ya no alcanza para responder las preguntas decisivas. ¿Puede esa persona leer un escenario que todavía no está escrito? ¿Es capaz de tomar decisiones con información incompleta? ¿Puede liderar a personas que saben más que ella en determinadas materias? Las empresas ya no buscan a profesionales que vengan a hacer lo mismo que hicieron en los últimos años en la empresa anterior, sino ojalá alguien que ojalá traiga una “bola de cristal” para predecir lo que se viene para los próximos años.
Ahí aparece una nueva brecha ¿Los colegios y universidades están realmente enseñando y fomentando las habilidades y competencias requeridas? ¿cuánto espacio entregan al pensamiento crítico, la comunicación, liderazgo, la resolución de problemas y el aprendizaje continuo? No obstante, las empresas también tienen tarea pendiente. Años pidiendo profesionales adaptables, estratégicos y comprometidos, mientras muchas veces siguen contratando con criterios bastante tradicionales. Exigen capacidad de transformación, pero premian trayectorias lineales, y muchas veces son las mismas empresas que son poco flexibles y no se transforman para ser atractivos para los mejores talentos
No necesitamos elegir entre conocimiento técnico y habilidades humanas. Necesitamos profesionales capaces de conectar ambos mundos. Personas que sepan de su disciplina, pero también aprender, preguntar, explicar, cambiar de opinión y conducir equipos en contextos que no vienen con manual.
Quizás por eso el currículum es una buena primera página. Cuenta dónde alguien estudió, por dónde pasó y algunas cosas que hizo, pero lo más importante empieza después, cuando hay que saber si esa persona podrá enfrentar aquello para lo que todavía no existe un curso, un diploma ni una respuesta escrita de antemano.
Sobre la autora
Valeria Cox es managing partner Stanton Chase
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