Hoy el consumidor ya no busca únicamente productos premium, ni marcas que le generen estatus. Busca opciones, información, sentirse representado, parte de una comunidad. Busca decidir.

Durante décadas, el lujo en belleza fue sinónimo de exclusividad, escasez y precio. Cuanto más difícil era acceder a una marca, mayor era su aspiración. Pero hoy esa relación entre las marcas y el consumidor está cambiando, y con ella también ha evolucionado la definición misma de lujo.

Hoy el consumidor ya no busca únicamente productos premium, ni marcas que le generen estatus. Busca opciones, información, sentirse representado, parte de una comunidad. Busca decidir. En otras palabras, el verdadero lujo ya no es pagar más, ni tener decenas de labiales de alguna marca de Alta Costura. El verdadero lujo es poder elegir.

Nunca antes habíamos visto un consumidor tan informado. Las redes sociales, las plataformas digitales, los influncers alrededor del mundo, los virales, la creación prácticamente diaria de nuevas marcas  y el acceso global a tendencias han transformado la forma en que las personas descubren, evalúan y adoptan productos de belleza. 

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Hace diez años, el conocimiento en belleza venía indiscutidamente por parte de un experto, quien no solo daba tips de cómo utilizar los nuevos productos o tecnologías, sino que lograba que llenáramos nuestros cosmetiqueros con necesidades que finalmente no nos satisfacían realmente y esos hermosos envases quedaban guardados.  Hoy eso cambió y el conocimiento no pertenece a unos pocos; hoy está en manos de millones de consumidores que comparan ingredientes, investigan rutinas, siguen recomendaciones y construyen preferencias propias e incluso en sus propias casas, crean fórmulas únicas de skincare.

Esto ha generado un cambio profundo en la industria. Las personas ya no quieren que las marcas les digan qué comprar. Quieren encontrar aquello que se adapta a sus necesidades, presupuesto, estilo de vida, etapa personal y sobre todo, generacional.

Cuando una persona puede encontrar exactamente lo que necesita, entre múltiples alternativas, y con información para decidir, está viviendo una experiencia mucho más valiosa que simplemente acceder a un producto caro. Y eso es algo que lo experimentan tanto en tienda física como a través de una web.

La evolución del consumidor también ha democratizado la belleza. Hoy conviven marcas masivas, dermatológicas, de lujo, independientes, coreanas, profesionales y emergentes. Todas pueden tener un espacio relevante cuando responden a una necesidad específica. Y ese es otro lujo. Las nuevas generaciones no logran entender que en una misma tienda convivieran sérums sobre los $150.000 y desde $4.990.

Eso obliga a los retailers a evolucionar.

El desafío ya no consiste solamente en vender productos. Consiste en convertirse en curadores de un ecosistema cada vez más amplio y complejo. En ayudar a navegar la abundancia.

Porque cuando existen miles de opciones, el valor deja de estar únicamente en el portafolio y comienza a estar en la capacidad de orientar, seleccionar y recomendar. ¿Pero cómo orientamos a través de una web o cómo les damos herramientas, si esas herramientas se encuentran en RRSS? El desafío no es menor.

En DBS hemos visto este fenómeno de manera muy clara. Las consumidoras buscan descubrir nuevas marcas, nuevas categorías y nuevas soluciones. Quieren explorar, experimentar y construir una rutina que refleje quiénes son. Por eso creemos que el futuro de la belleza no se construye limitando las opciones, sino ampliándolas de forma inteligente.

La belleza dejó de ser aspiracional porque era inaccesible. Hoy es aspiracional porque permite expresar identidad, expresión corporal y comunicar a través de ella. Y para expresar identidad, las personas necesitan opciones, no imposiciones.

Esta transformación también explica el crecimiento de categorías que hace algunos años tenían una participación mucho menor. La belleza coreana, la dermocosmética, las marcas nicho, los productos especializados y las soluciones enfocadas en bienestar responden a un consumidor que busca personalización más que estandarización.

La nueva generación no espera encontrar una única respuesta correcta. Espera encontrar la respuesta correcta para ella. Ese es probablemente el cambio más importante que está viviendo la industria. El término de la lealtad hacia un producto o marca.

La belleza del futuro será cada vez más diversa, más personalizada y más democrática. Y en ese contexto, el rol de las empresas no será definir tendencias desde una posición de autoridad, sino facilitar el descubrimiento y acercar opciones relevantes a cada persona.

Porque cuando el consumidor tiene acceso a información, inspiración, variedad y asesoría para decidir, ocurre algo extraordinario: la belleza deja de tratarse de productos y empieza a tratarse de libertad. Hoy es considerado un tema antiguo el “tendencias de maquillaje de temporada”. Los consumidores usan lo que quieren expresar y no la imposición.

Y quizás ese sea el lujo más importante de todos.

La belleza tiene un impacto mucho más profundo que la apariencia o agradarle a otros. Tiene que ver con confianza, seguridad y autoestima. Por eso creemos que el mayor lujo que podemos ofrecer hoy no es una marca exclusiva ni un producto inaccesible, sino la posibilidad de que cada persona encuentre aquello que la hace sentir más segura, más auténtica y más empoderada para enfrentar el mundo.

Porque cuando la belleza deja de ser un estándar impuesto y se transforma en una elección personal, deja de tratarse de productos. Comienza a tratarse de confianza. Y pocas cosas son más valiosas que eso.

Sobre la autora

Dominique Rosenberg es la fundadora y CEO de DBS.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Chile.