Hace años que diversos estudios demuestran que la diversidad en la alta dirección se traduce en mayor rentabilidad, menor volatilidad financiera y efectividad en la apertura de nuevos mercados.

Por inverosímil y difícil de dimensionar que parezca, el Informe de Género en el Sistema Financiero elaborado y divulgado por la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), en julio de este año, estima que en algunas industrias, la paridad entre hombres y mujeres en sus directorios se alcanzaría en “poco más de 500 años”. Sí, leyó bien. Más o menos el mismo tiempo que ha transcurrido desde que Cristóbal Colón llegó a América en 1492.

La inminente entrada en vigencia de la Ley de Más Mujeres en Directorios exige alcanzar el equilibrio hacia la próxima década. 

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Aunque el informe del regulador muestra en general un avance en la participación de mujeres, con una pendiente de crecimiento insuficiente, las últimas cifras registran que más de la mitad de las entidades analizadas por la CMF tienen directorios en los que más del 80% de los puestos están ocupados por personas de un mismo sexo, superando así el umbral inicial contemplado por la nueva norma.

Lo que más preocupa es que un tercio de las empresas chilenas funciona manteniendo una exclusividad masculina casi absoluta. Bajo el nuevo régimen de “cumplir o explicar”, probablemente escuchemos argumentos como “no hay mujeres capacitadas”. 

Quien no encuentra mujeres con talento directivo es, simplemente, porque algo no está haciendo bien. Se niega a mirar fuera de su círculo o fuera de la caja, y sigue reclutando directores exclusivamente a través de redes de contactos personales.

Hace años que diversos estudios demuestran que la diversidad en la alta dirección se traduce en mayor rentabilidad, menor volatilidad financiera y efectividad en la apertura de nuevos mercados. Aun así, las empresas locales permanecen rezagadas en los últimos lugares de las economías de alto ingreso a nivel global, ostentando una participación de mujeres en la directiva que ni siquiera alcanza la quinta parte de los asientos. Esto contrasta con el mundo desarrollado, donde las mujeres ya ocupan más de un tercio de las sillas de poder.

La nueva regulación será una oportunidad histórica y no una amenaza. Más que una imposición legal, es una invitación genuina a oxigenar el gobierno corporativo con una mirada más amplia y colaborativa. 

El talento femenino excepcional está ahí, preparado y dispuesto, tal como lo estaba América para las carabelas de Colón. No esperemos 500 años para consolidar un cambio que debió ocurrir hace tiempo.  El verdadero viaje de exploración hoy no es hacia nuevos continentes, sino hacia el interior de nuestras propias organizaciones. 

Sobre la autora

Valeria Cox, es managing partner Stanton Chase

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