Detrás del precio hay una tensión anticipada hace años: la demanda crece y la oferta enfrenta dificultades para responder con la misma velocidad.
El nuevo máximo histórico del cobre es una buena noticia para Chile, pero también una señal que conviene mirar con atención. Detrás del precio hay una tensión anticipada hace años: la demanda crece y la oferta enfrenta dificultades para responder con la misma velocidad.
Los inventarios globales están bajo presión. Si bien parte importante de la producción comprometida se ha cumplido, lo ha hecho en el rango inferior de las proyecciones y varias estimaciones han sido corregidas a la baja. En la práctica, existe menos cobre de mina disponible del que esperaba el mercado.
A esto se suman problemas en operaciones relevantes. Grasberg, la segunda mayor operación del mundo, sufrió una detención significativa por un grave flujo de lodo y material húmedo en el sector subterráneo en septiembre de 2025, y su recuperación se extenderá hasta 2028. También está el caso de Cobre Panamá, un destacado proyecto greenfield que, debido a problemas políticos y sociales, aún no retoma sus operaciones.
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En Chile, grandes faenas han enfrentado demoras en sus proyectos, accidentes fatales y fases de menores leyes minerales, lo que retrasará la recuperación de la producción. En 2026, terminaremos con al menos un 2% menos de producción total.
La respuesta de la oferta no será inmediata. Los proyectos mineros requieren largos períodos de permisos, construcción y puesta en marcha, y la mayor entrada de nuevas iniciativas se concentraría entre 2028 y 2032. Aunque algunas operaciones recuperen producción, difícilmente lo harán al ritmo que exige el consumo.
Esa demanda ya no depende únicamente del ciclo económico tradicional. La electrificación del transporte, la expansión de las redes eléctricas y la inversión en infraestructura siguen impulsando el uso del cobre. A estos factores se suman la IA y los centros de datos, que requieren este mineral para su infraestructura energética y sus sistemas de refrigeración. Asia y Medio Oriente podrían aportar un impulso relevante, mientras Europa continúa avanzando en electrificación y desarrollo tecnológico.
Esto no significa que el precio subirá de manera lineal. Una desaceleración económica, especialmente en China, cambios en las políticas comerciales o una mayor volatilidad financiera pueden generar correcciones. También existe el riesgo de que los precios altos creen expectativas que no se traduzcan oportunamente en nuevos proyectos.
El récord no debe llevarnos a la complacencia. Para Chile abre una oportunidad, pero también plantea una exigencia, acelerar inversiones, mejorar la productividad y generar condiciones para que los proyectos avancen con certeza y responsabilidad. El desafío es producir más y capturar el valor de una demanda que seguirá creciendo.
Sobre el autor:
Juan Cariamo es socio de Vantaz Group
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