Cada auto genera una cantidad enorme de información en tiempo real: estado de los neumáticos, velocidad, frenado y temperatura permiten anticipar lo que viene antes de que el problema aparezca.
En la Fórmula 1 la carrera se define en la pista, gracias a la habilidad del piloto. Pero hay un espacio que se ve menos y es igual de determinante: el de los datos.
Cada auto genera una cantidad enorme de información en tiempo real. Estado de los neumáticos, velocidad, frenado, temperatura, desgaste, comportamiento de los amortiguadores, ángulo de entrada a una curva. Cientos de señales que permiten anticipar lo que viene antes de que el problema aparezca.
Hay un detalle que suele pasarse por alto. Esa telemetría no viaja a un data center en otro continente para ser procesada. Se analiza en el muro de boxes, a metros del auto. El viaje de ida y vuelta no cabe en la ventana de tiempo en que la decisión todavía sirve.
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Esa forma de operar, que consiste en capturar el dato, interpretarlo y decidir cerca de donde ocurre la acción, es la que empieza a definir cómo se gestionan las operaciones industriales. En minería, logística o manufactura, a veces unos minutos separan la continuidad de una detención.
Hoy muchas organizaciones ya cuentan con sensores, cámaras, medidores y plataformas capaces de generar información valiosa. El problema rara vez es la falta de datos. Una operación puede estar llena de dispositivos inteligentes y aun así reaccionar tarde.
Cuando falla la interpretación, o cuando el dato tiene que recorrer media red para que alguien decida, se pierde exactamente aquello que el sensor vino a resolver. La ventaja real aparece cuando dato, operación y decisión funcionan como un solo sistema.
En la Fórmula 1 nadie espera a que el auto se detenga para entender qué ocurrió. Vale la pena preguntarse cuántas de nuestras operaciones siguen funcionando así, solo que con mejores tableros.
Sobre el autor
Gonzalo Méndez, Gerente de Servicios Tecnológicos y Productos TI de Entel Digital
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