La ansiedad de trabajadores frente a la IA pasó del 28% al 40% entre 2024 y 2026. Solo el 19% de líderes de RH incorpora el impacto psicológico. Y la IA automatiza precisamente las tareas que fueron puerta de entrada al mercado laboral, investigación, análisis básico y redacción de borradores.

Cada vez que la inteligencia artificial da un salto visible vuelve la misma pregunta: ¿cuántos empleos va a destruir? Es una pregunta legítima, pero mal planteada. La verdadera pregunta es si las organizaciones están dispuestas a rediseñar cómo se hace el trabajo, o simplemente van a instalar IA sobre procesos obsoletos. Chile parte con ventajas reales. El país lidera en el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2025. Los servicios digitales generan más de 220.000 empleos. Y McKinsey estima que la IA podría generar más de US$14.300 millones de valor anual hacia 2030. El problema no es la oportunidad. Es que las empresas no la están aprovechando al ritmo que podrían.

Lo que revela el estudio Global Talent Trends 2026 de Mercer nos muestra que es un desafío a nivel global: el 63% de ejecutivos cree que rediseñar el trabajo será clave, pero apenas el 32% confía en que su equipo pueda combinar capacidades humanas y de máquinas. Solo el 51% cree estar preparado para esta era (14 puntos menos que en 2024).

Aquí viene lo que merece una pausa. El 99% de ejecutivos anticipa reducción de dotación en los próximos dos años. Casi ningún líder cree que su organización saldrá con la misma cantidad de personas. Y, sin embargo, solo el 46% de líderes de RH prioriza rediseñar el trabajo. Las organizaciones se preparan para recortes antes de haber rediseñado el trabajo que quedará.

¿Por qué ocurre esto si las empresas invierten en tecnología? Porque agregar una herramienta nueva a un proceso viejo no necesariamente genera transformación. El 57% implementó chatbots, pero solo uno de cada cinco obtuvo valor significativo. En Davos 2026, quedó claro: las organizaciones que capturan valor rediseñan el trabajo antes de desplegar tecnología, no al revés.

La IA no rinde sobre procesos obsoletos; rinde cuando el trabajo se repiensa desde cero.
Pero hay un costo que no podemos ignorar. La ansiedad de trabajadores frente a la IA pasó del 28% al 40% entre 2024 y 2026. Solo el 19% de líderes de RH incorpora el impacto psicológico. Y la IA automatiza precisamente las tareas que fueron puerta de entrada al mercado laboral, investigación, análisis básico y redacción de borradores. Eso estrecha los caminos para que jóvenes acumulen experiencia y criterio profesional.

Sin embargo, en Chile existe algo diferente. El 54% cree que los conocimientos en IA serán fundamentales para conservar empleo. Más de 150.000 personas ya lo aplican en su trabajo. Y aquí la pregunta incómoda que define los próximos meses: ¿las organizaciones canalizarán este impulso rediseñando trabajo con acceso equitativo? ¿O dejarán que choque contra procesos rígidos, profundizando las mismas consecuencias que querían evitar?

La ventaja de Chile en IA no se pierde por falta de tecnología. Se pierde por falta de decisión. Las organizaciones que capturen valor real serán las que repiensen cómo se trabaja: deconstruyendo tareas, redistribuyendo responsabilidades, construyendo culturas donde el aprendizaje continuo es parte del diseño. Rediseñar con intención es un acto de liderazgo.

Las organizaciones que lo entiendan primero tendrán una ventaja que no se mide en tokens.

Sobre al autor

Fernando Vélez es Director de Transformación de Mercer Chile

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