Durante años, la continuidad operacional estuvo asociada principalmente a la infraestructura física. Tener oficinas habilitadas, servidores funcionando o acceso a instalaciones era considerado suficiente para mantener la actividad de una organización. Pero el mundo cambió.
Cada vez que ocurre una situación de gran escala —ya sea un corte de energía, una evacuación masiva, una falla tecnológica o un incidente en infraestructura crítica— las empresas ponen a prueba algo mucho más profundo que sus protocolos de seguridad: su verdadera capacidad de seguir operando.
Durante años, la continuidad operacional estuvo asociada principalmente a la infraestructura física. Tener oficinas habilitadas, servidores funcionando o acceso a instalaciones era considerado suficiente para mantener la actividad de una organización. Pero el mundo cambió.
Lee también: El bosque del futuro: datos e inteligencia artificial en la industria forestal
Hoy, una empresa puede tener sus oficinas intactas y aún así quedar paralizada si no puede acceder a información crítica, aprobar pagos, coordinar equipos, visualizar indicadores financieros o tomar decisiones en tiempo real. La resiliencia empresarial dejó de ser únicamente física; hoy es principalmente digital.
En Chile, todavía muchas organizaciones operan con procesos fragmentados, aprobaciones presenciales, información dispersa o sistemas que dificultan reaccionar rápidamente frente a contingencias. Y eso representa un riesgo creciente en un entorno donde la velocidad de respuesta puede definir la continuidad del negocio.
La transformación digital ya no es solamente una herramienta de eficiencia o productividad. Se ha convertido en una condición básica para sostener operaciones frente a escenarios inesperados.
La posibilidad de acceder remotamente a la operación de una empresa, automatizar procesos críticos, monitorear información financiera en tiempo real y coordinar equipos desde cualquier lugar ya no pertenece al futuro. Es parte de las capacidades mínimas que las organizaciones necesitan desarrollar para operar con resiliencia.
A esto se suma un nuevo factor: la inteligencia artificial. Hoy comenzamos a ver cómo agentes IA pueden ayudar a detectar anomalías, automatizar respuestas operacionales, anticipar riesgos y agilizar procesos críticos en momentos donde cada minuto cuenta.
No se trata de reemplazar personas, sino de construir empresas más preparadas, ágiles y capaces de adaptarse frente a contextos cada vez más dinámicos e inciertos.
La pregunta ya no es si una contingencia ocurrirá. La pregunta es qué tan preparada está una organización para seguir funcionando cuando ocurra.
*El autor es gerente general de Defontana.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Chile.
