Por un lado, existe una presión creciente por operar bajo estándares de sostenibilidad cada vez más exigentes, donde la trazabilidad, el uso eficiente de recursos y la transparencia ya no son opcionales. Por otro, la realidad operativa del sector sigue estando marcada por activos distribuidos, procesos complejos y sistemas fragmentados.

La industria forestal chilena es uno de los pilares del desarrollo productivo del país, con una base sofisticada en torno a la celulosa y la madera, y una presencia consolidada en los mercados globales.

Pero hoy enfrenta un punto de inflexión más profundo.

Por un lado, existe una presión creciente por operar bajo estándares de sostenibilidad cada vez más exigentes, donde la trazabilidad, el uso eficiente de recursos y la transparencia ya no son opcionales. Por otro, la realidad operativa del sector sigue estando marcada por activos distribuidos, procesos complejos y sistemas fragmentados.

Ahí está el verdadero choque. Una industria que necesita operar de forma integrada, medible y sostenible, apoyándose todavía en bases tecnológicas que no fueron diseñadas para ese nivel de exigencia.

El Barómetro Global de Sostenibilidad de Kyndryl y Microsoft lo evidencia con claridad: el 62% de las organizaciones que logra integrar la sostenibilidad en su estrategia consigue traducirla en innovación, eficiencia y resiliencia, mientras que solo el 34% de aquellas que la abordan de forma aislada alcanza resultados comparables. 

En sectores como el forestal, esa brecha se amplifica. La cadena de valor —que va desde la gestión del bosque hasta la llegada a mercados internacionales— depende de múltiples procesos interconectados y altamente distribuidos. 

Sin visibilidad end-to-end, la sostenibilidad se vuelve declarativa.
Sin integración de datos, no es escalable.  Y sin una base tecnológica adecuada, no es gestionable.

Al mismo tiempo, la industria mantiene una relevancia global creciente. Según el informe de Fortune Business Insights, el mercado global de pulpa y papel supera los US$350 mil millones, impulsado por la creciente demanda de materiales renovables y soluciones más sostenibles.

Es decir, la oportunidad está claramente definida. Pero capturarla exige resolver primero esa tensión estructural.

El Kyndryl Readiness Report 2025 muestra que el 57% de los líderes reconoce que la innovación se ve limitada por las capacidades tecnológicas actuales.

Aquí es donde se separan las declaraciones de las capacidades reales.

Avanzar hacia plataformas de datos integradas, eliminar silos y habilitar el uso de inteligencia artificial permite transformar la sostenibilidad en una capacidad operativa concreta: anticipar escenarios, optimizar recursos y tomar decisiones con precisión en toda la cadena de valor.

Algunas compañías ya están dando ese paso. CMPC, por ejemplo, ha impulsado una modernización estructural de su plataforma tecnológica para apoyar sus objetivos de sostenibilidad al 2030, fortaleciendo su base digital y preparando su operación para la adopción de capacidades avanzadas de datos e inteligencia artificial. 

El mensaje es claro: el futuro de la industria forestal no depende solo de lo que ocurre en el bosque, sino de la capacidad de convertir información en decisiones.

Las organizaciones que logren cerrar esa brecha —entre la exigencia de sostenibilidad y la realidad operacional— serán las que no solo cumplan con el estándar, sino que definan el liderazgo en el sector.

*La autora es gerenta general Kyndryl Chile.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Chile.