Según datos de la Comisión para el Mercado Financiero, las denuncias por fraude en medios de pagos han alcanzado sus niveles más altos en más de una década, lo que confirma que este fenómeno dejó de ser un problema acotado para convertirse en un riesgo sistémico.
En Chile, el avance de los pagos digitales ha sido sostenido y significativo. En la última década, su uso se ha cuadruplicado, alcanzando más de 370 transacciones por persona al año, según cifras del Banco Central de Chile. A esto se suma que el volumen transado ya supera el 100% del PIB, de acuerdo con el Informe de Sistemas de Pago de la misma institución, lo que refleja un nivel de adopción que posiciona al país entre los más avanzados de la región.
Sin embargo, este crecimiento no ha estado exento de costos. El aumento en la digitalización ha ido acompañado de una evolución igualmente acelerada del fraude, que hoy opera con mayor escala, sofisticación y coordinación. Según datos de la Comisión para el Mercado Financiero, las denuncias por fraude en medios de pagos han alcanzado sus niveles más altos en más de una década, lo que confirma que este fenómeno dejó de ser un problema acotado para convertirse en un riesgo sistémico.
Un claro ejemplo de esta situación es el caso de Mythos, modelo de inteligencia artificial (IA) que ha destacado de manera extraordinaria en la detección de vulnerabilidades en software, lo que despertó las alertas en EE.UU. por posibles brechas en materia de ciberseguridad, obligando a la Reserva Federal a monitorear el tema en una reunión con los ejecutivos de los principales bancos del país. En Chile, la CMF y el Banco Central se sumaron a este seguimiento, mostrando que la complejidad de las amenazas no se acota a un solo actor o país, sino que operan de forma coordinada y global.
En este contexto, es sumamente relevante que dejemos de ver a la ciberseguridad únicamente como un componente técnico y entendamos que debe pasar a ocupar un lugar central en la infraestructura que sostiene al sistema. La confianza en este se vuelve un activo crítico, especialmente cuando la experiencia de pago depende de que los usuarios perciban que sus transacciones están protegidas y que existen mecanismos eficaces de respuesta ante incidentes.
En tanto, la IA es una herramienta de doble filo, ya que al mismo tiempo que amplifica ciertos riesgos, también permite abordarlos mejor cuando se utilizan criterios adecuados. El desarrollo de modelos bien entrenados, junto con el uso de datos de calidad y monitoreo continuo, permiten anticipar anomalías y enfrentar amenazas cada vez más sofisticadas, lo que refuerza la necesidad de avanzar en su correcta implementación. En este escenario, no tiene sentido abordarlas por separado, sino como capacidades que se potencian entre sí.
A esto se suma la necesidad de avanzar hacia modelos de seguridad que no deterioren la experiencia de usuario. Tecnologías como la tokenización, la autenticación reforzada y los sistemas de validación multicapa permiten elevar los estándares de protección sin introducir fricción innecesaria, lo que resulta clave en un entorno donde la rapidez y la simplicidad son parte esencial del servicio.
Sobre el autor:
Raúl Sapunar es gerente general de Klap
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Chile.
