Una proporción significativa de las tareas operativas puede ser automatizada mediante inteligencia artificial, aumentando la eficiencia en múltiples funciones. Este avance es innegable, pero también deja en evidencia una limitación menos visible: la eficiencia operativa no corrige los problemas de interpretación.


En los últimos años, las empresas han avanzado hacia una toma de decisiones cada vez más intensiva en datos. Dashboards en tiempo real, métricas detalladas y reportes constantes prometen mayor control y mejores resultados. Sin embargo, en la práctica, no es poco frecuente encontrarse escenarios donde los principales indicadores muestran mejoras sostenidas como mayor eficiencia, mejores tasas de conversión o retornos aparentemente saludables, mientras que el crecimiento del negocio se mantiene plano o avanza por debajo de lo esperado.

Este fenómeno no siempre responde a un problema de ejecución. En muchos casos, las campañas están optimizadas, los equipos cumplen sus objetivos y los procesos funcionan correctamente. La brecha aparece cuando lo que se está optimizando no necesariamente está alineado con aquello que impulsa el crecimiento real del negocio. Tener más datos y más capacidad de ejecución no garantiza, por sí solo, tomar mejores decisiones.

Estudios de organizaciones como McKinsey & Company y el World Economic Forum han sostenido que una proporción significativa de las tareas operativas puede ser automatizada mediante inteligencia artificial, aumentando la eficiencia en múltiples funciones. Este avance es innegable, pero también deja en evidencia una limitación menos visible: la eficiencia operativa no corrige los problemas de interpretación.

En entornos digitales, esta tensión es especialmente evidente. Es posible mejorar indicadores de desempeño sin generar valor adicional para el negocio. Un caso frecuente es la inversión en búsquedas de marca, donde la intención de compra ya existe. Este tipo de estrategias puede impactar positivamente métricas como retorno o conversiones, pero no necesariamente implica generación de nueva demanda ni crecimiento incremental. El punto no es cuestionar la táctica, sino el peso que se le asigna dentro de la toma de decisiones.

Cuando las métricas intermedias se transforman en objetivo, el riesgo está en optimizar resultados que ya estaban disponibles. La discusión sobre la incrementalidad, es decir, cuánto valor adicional se genera realmente, cobra relevancia precisamente porque expone esta brecha entre desempeño medido y resultado real.

En muchos casos, el problema no es falta de datos, sino exceso de confianza en métricas que no miden el crecimiento real. La automatización no resuelve este problema, lo amplifica. Permite ejecutar con mayor velocidad y precisión, escalando decisiones que pueden estar bien optimizadas en términos operativos, pero no necesariamente en términos estratégicos. Esto instala una tensión difícil de ignorar, es posible que equipos completos estén haciendo correctamente su trabajo y, aun así, no estén impactando de manera significativa el crecimiento del negocio.

Esto no implica que las prácticas actuales sean incorrectas, sino que, en muchos casos, se han vuelto insuficientes frente a un entorno más complejo. La eficiencia operativa sigue siendo necesaria, pero ya no alcanza por sí sola para explicar el crecimiento. El desafío empieza a desplazarse hacia otro lugar: conectar la ejecución con el resultado del negocio, entender qué parte del desempeño es realmente incremental y desarrollar una capacidad más profunda de análisis e interpretación. En un entorno donde hacer se vuelve cada vez más fácil, la diferencia comienza a estar en entender mejor qué vale la pena hacer.

La inteligencia artificial no crea este problema, pero sí lo hace más visible. Al reducir la fricción operativa, deja menos espacio para atribuir los resultados a ineficiencias del proceso y obliga a mirar con mayor claridad la calidad de las decisiones. En un entorno donde la eficiencia se vuelve estándar, la ventaja ya no está en hacer más, sino en entender mejor.

Sobre el autor:

Tomás Varela Yuraszeck es CEO & Founder de Milimetrix 

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