Las empresas deben dejar de ver la IA como una tendencia futurista y empezar a tratarla como un componente estructural de su competitividad.
La inteligencia artificial (IA) se ha instalado con fuerza en la conversación empresarial. Se menciona en conferencias, se incluye en planes estratégicos y aparece en casi todos los titulares sobre el futuro del trabajo. Sin embargo, la implementación real avanza con una lentitud preocupante. Así lo demuestra un reciente estudio global de McKinsey, que revela una desconexión evidente entre los líderes y los empleados respecto al uso y aplicación efectiva de la IA en sus organizaciones.
El diagnóstico es claro: todos hablan de IA, pero pocos hacen lo necesario para integrar exitosamente esta herramienta en el día a día de sus negocios. Actualmente, sólo 53% de las empresas chilenas ha logrado incorporar esta tecnología de forma transformadora (Estudio Adopción de la IA en Empresas Chilenas 2025), es decir, utilizándola para cambiar radicalmente procesos, servicios y negocios dentro de su empresa. La mayoría aún sigue en etapas preliminares, usando la IA para aumentar la productividad individual o en un paso siguiente que implique reconfigurar o automatizar algunos procesos, pero no generando una transformación u optimización que genere un valor determinante.
A esto hay que sumar que muchas organizaciones aún no incorporan los pasos previos necesarios para poder adoptar de forma exitosa la IA: digitalizar procesos, sistematizar datos, adoptar herramientas colaborativas, y lo más importante, generar una cultura interna de innovación y transformación.
Chile no puede darse el lujo de quedarse atrás. Digitalizar nuestras empresas para luego incorporar la IA de forma eficiente es clave para asegurar la competitividad a nivel regional y global.
Nuestro país cuenta con las condiciones necesarias para aprovechar el valor de esta revolución tecnológica. Contamos con una matriz energética limpia, buena conectividad digital, una industria TIC en expansión y un ecosistema cada vez más articulado entre empresas, academia, centros de investigación, startups y talento técnico de alto nivel.
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Pero el potencial no basta. Se necesita una toma de decisiones audaz y urgente. Las empresas deben dejar de ver la IA como una tendencia futurista y empezar a tratarla como un componente estructural de su competitividad. Eso implica invertir desde ahora en capacidades digitales, establecer estrategias claras de gobernanza de datos y rediseñar procesos con mirada de futuro. No se trata de implementar algoritmos complejos de la noche a la mañana, sino de crear las condiciones básicas para que la IA pueda ser adoptada con sentido y sostenibilidad.
En esta transición, también es fundamental no olvidar el rol de las personas. La IA no reemplazará la creatividad, el criterio ni el liderazgo humano. Pero sí transformará los puestos de trabajo, las habilidades requeridas y la forma en que se toman decisiones. Por eso, preparar a los equipos, formar talento y generar confianza será tan importante como desplegar la tecnología en sí.
Chile tiene lo que se necesita para ser un polo de innovación e inversión en IA en América Latina. Pero para lograrlo, debemos pasar del entusiasmo teórico a la ejecución práctica. La oportunidad es enorme, pero el reloj ya está corriendo.
*El autor es Vicepresidente de Entel Digital
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