Nacidos para tratar la diabetes y consagrados por su efecto en la pérdida de peso, los fármacos glp-1 acumulan hoy evidencia en riñón, hígado, sueño, adicciones y hasta cáncer. hallazgos que están redefiniendo su valor terapéutico y económico.
Se conoce como GLP-1 a la hormona que se libera después de comer y que regula el apetito, la saciedad y los niveles de azúcar en la sangre. Los medicamentos que imitan su efecto —popularizados por marcas como Ozempic, Wegovy y Mounjaro— llegaron a Chile en 2019 de la mano del laboratorio danés Novo Nordisck y, desde entonces, transformaron la conversación mundial sobre la obesidad y la diabetes tipo 2.
En los ensayos clínicos, la semaglutida y la tirzepatida han producido reducciones promedio de entre el 15% y el 21% del peso corporal.
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El fenómeno tiene una resonancia particular en Chile, que lidera la prevalencia mundial de sobrepeso con un 74,2% de la población, según la OCDE, y es el segundo país con mayor tasa de obesidad entre los mayores de 14 años. El World Obesity Atlas proyecta que cerca del 42% de los adultos chilenos vive con obesidad, una cifra que creció un 204% entre 2013 y 2023. No sorprende, entonces, que uno de cada diez chilenos ya haya consumido este tipo de fármacos y que su uso, según Worldpanel by Numerator, haya saltado del 33% en 2025 al 42% en 2026, uno de los mayores avances de la región.
El escenario local se ordena, además, en torno al vencimiento de las patentes de exclusividad. Siete laboratorios esperan la aprobación de sus registros ante el Instituto de Salud Pública (ISP) y Laboratorios Chile prepara Selfix, una semaglutida genérica que estima llegar al mercado a menos de la mitad del valor del original, cuyo tratamiento supera hoy los $200.000 mensuales.
En Estados Unidos, en tanto, el Gobierno fijó un precio de referencia de US$50 para beneficiarios del seguro estatal. La accesibilidad, todo indica, dejará de ser un asunto de nicho.
El mercado global de los fármacos GLP-1 supera los US$ 65.000 millones y se proyecta que alcance entre US$ 150.000 y US$ 324.000 millones hacia mediados de la próxima década.
Según reportes económicos citados por Forbes, este auge está redefiniendo la industria farmacéutica mundial. Pero mientras el debate público sigue anclado en la pesa, la comunidad científica mira hacia otro lado. En los últimos dos años, los agonistas del receptor GLP-1 han acumulado resultados en ensayos aleatorios sobre órganos que nadie tenía radar cuando estos fármacos fueron aprobados.
El médico Jesse M. Pines, en un análisis publicado por Forbes, reúne siete hallazgos ajenos a la pérdida de peso —cada uno respaldado por estudios— que, sostiene, obligan a repensar qué son realmente estos medicamentos.
1. Protegen los riñones
El ensayo FLOW asignó al azar a 3.533 adultos con diabetes tipo 2 y enfermedad renal crónica a recibir semaglutida semanal o placebo. Su eficacia fue tal que se interrumpió antes de lo previsto: quienes recibieron el fármaco tuvieron un riesgo 24% menor en el criterio principal, que combinaba insuficiencia renal, una caída sostenida del 50% en la función renal y la muerte de origen renal o cardiovascular.
El dato es relevante porque la nefrología dispone de muy pocas herramientas capaces de alterar el curso de la enfermedad renal diabética, y el beneficio no parece explicarse solo por los kilos perdidos.
2. Reparan el hígado
La esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica (MASH) es la principal causa de trasplantes de hígado. En el ensayo de fase 3 ESSENCE, el 62,9% de los pacientes tratados con semaglutida semanal logró la resolución de la esteatohepatitis sin empeorar la fibrosis a las 72 semanas, frente a un 34,3% en el grupo placebo, en personas con la enfermedad confirmada por biopsia y fibrosis en estadio 2 o 3.
Se trata de una mejoría histológica verificada en un campo que pasó dos décadas viendo fracasar candidatos en ese mismo objetivo.
3. Reducen el riesgo de adicción
Un estudio de cohortes con 606.434 veteranos estadounidenses con diabetes tipo 2, publicado en BMJ en marzo de 2026, asoció el inicio de un agonista GLP-1 —en lugar de un inhibidor SGLT-2— con un riesgo 14% menor de desarrollar un trastorno por consumo de sustancias, con caídas significativas en alcohol, cannabis, cocaína, nicotina y opioides.
Entre quienes ya tenían un trastorno, el uso del fármaco se vinculó a menos visitas a urgencias, menos sobredosis y menor mortalidad. Los receptores GLP-1 están presentes en regiones cerebrales que procesan la recompensa, lo que sugiere que su efecto no se limita al apetito, sino que alcanza a los antojos en general.
4. Tratan la apnea de sueño
En los ensayos SURMOUNT-OSA, adultos con obesidad y apnea obstructiva del sueño de moderada a grave que recibieron tirzepatida —agonista del GLP-1 y del GIP— registraron reducciones sustanciales en el índice de apnea-hipopnea, una menor carga hipóxica, una presión arterial sistólica más baja y una caída en los marcadores de inflamación.
Para quienes conocen las dificultades de adherencia a la CPAP, el hallazgo abre una alternativa terapéutica frente a una condición que, sin tratar, agrava la hipertensión, la fibrilación auricular y la somnolencia diurna.
5. Previene coágulos en pacientes con inflamación
Las personas con obesidad y una enfermedad autoinmune —en gran medida excluidas de los ensayos fundacionales— cargan con un riesgo cardiovascular y de coágulos elevado.
Un estudio retrospectivo publicado en el Journal of the American Heart Association comparó a 13.204 usuarios de GLP-1 con igual número de no usuarios de ese perfil y encontró un riesgo 31% menor de embolia pulmonar, 17% menor de trombo embolia venosa, 13% menor de accidente cerebrovascular o ataque isquémico transitorio, y un 21% menos de visitas a urgencias.
Como la trombosis venosa se relaciona con la inflamación, un efecto antiinflamatorio ofrece una explicación plausible.
6. Podrían frenar el avance del cáncer
En la reunión anual de ASCO de 2026, investigadores presentaron un análisis de 12.112 pacientes con cánceres relacionados con la obesidad en estadios I a III que iniciaron un agonista GLP-1 o una gliptina tras el diagnóstico.
En cáncer de pulmón, mama, colorrectal e hígado, los usuarios de GLP-1 tuvieron entre un 38% y un 50% menos probabilidades de progresar a estadio IV, y una alta expresión del receptor en el tumor se asoció a un riesgo de muerte 33% menor —45% en cáncer de mama—.
La cautela es obligada: se trata de un estudio observacional, evidencia menos sólida que la de un ensayo aleatorizado, insuficiente para recomendar hoy iniciar el tratamiento con ese fin, aunque la señal alcanza para anticipar futuros ensayos.
7. Asoman señales sobre el cerebro
La mirada más amplia proviene de un atlas de Nature Medicine que cruzó el uso de GLP-1 con 175 resultados de salud en casi dos millones de veteranos con diabetes.
Frente a la atención habitual, el fármaco se asoció a un menor riesgo de trastornos psicóticos, convulsiones y trastornos neurocognitivos, incluidas la enfermedad de Alzheimer y la demencia.
La lista pide prudencia: estudios de esta magnitud detectan asociaciones, no causas. De hecho, los grandes ensayos EVOKE y EVOKE+ mostraron que la semaglutida no logró frenar de forma significativa el Alzheimer en etapas tempranas, aunque sí mejoró marcadores de inflamación cerebral y de daño neuronal.
Nuevos estudios, como PROTECT-Cog, empiezan a evaluar si combinar estos fármacos con cambios en el estilo de vida pueden reducir el deterioro cognitivo.
