David León Urbina llenó en 2025 doce veces el Movistar Arena y superó el récord de Luis Miguel. Se convirtió en el artista más escuchado de Chile, con 7,6 millones de oyentes al mes en Spotify. Hoy, a los 25 años, trasladó su operación completa a Europa. Estas son las claves del fenómeno musical.

La escena ocurrió a inicios de marzo en el camarín del Movistar Arena de Santiago. David León Urbina —Kidd Voodoo para los 7,6 millones de personas que lo escuchan cada mes en Spotify— había hecho llegar semanas antes una canción al célebre Pablo Alborán: la maqueta completa de un tema pensado para un dúo, cantada íntegramente por él. Esa noche León fue al show del español y logró que Alborán lo recibiera al finalizar. El malagueño, uno de los artistas del pop en español más vendidos de la última década, se puso a cantar el tema ahí mismo, de memoria. Ya se lo sabía.

“Me sorprendió que la hubiera memorizado. Yo le dije ‘¿va?’, y me dijo ‘obvio que quiero'”, recuerda León. La canción “Dando Vueltas” se grabó y publicó en cuestión de semanas y se convirtió en el segundo sencillo de “Euforia”, el álbum que Kidd Voodoo lanzó el 14 de mayo pasado y que debutó como número 1 en Apple Music Chile, con sus ocho canciones dentro del Top 15 de Spotify en el país.

La colaboración con Alborán es mucho más que una anécdota de camarín. Es la pieza central de una estrategia que León ejecuta como el CEO de su popular alter ego: después de romper todos los récords posibles en Chile, Kidd Voodoo trasladó por unos meses su operación completa —las 18 personas de su equipo— a España, el polo de un mercado donde cada oyente de streaming vale varias veces más que uno latinoamericano.

El momento no podría ser mejor. Según el Informe Mundial 2026 de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI), los ingresos globales de la música grabada alcanzaron USD 31.700 millones en 2025, el nivel más alto desde 1999, con el streaming por suscripción explicando casi el 70% de esa torta. En ese escenario, Latinoamérica fue la región de mayor crecimiento del planeta, con un alza de 17,1% y el streaming representando el 88,1% de sus ingresos.

Kidd Voodoo, integrante de la lista Forbes 30 Under 30 Chile 2026, es el caso chileno más destacado de esa ola: un nativo digital que nació en la era del streaming, lo dominó en su país y ahora va por los mercados que pagan mejor. Pero en una videollamada desde España, el segundo país donde tiene más seguidores, David León cuenta a Forbes Chile que su estrategia no se detiene ahí.

LA OLA DE LO URBANO

David, el mayor de cuatro hermanos, creció en Maipú, de clase media trabajadora, en el sector sur de Santiago. Empezó a tocar instrumentos a los 10 años y a hacer rock con amigos a los 15; en 2016 integraba la banda indie Resonancia Etérea. Pero solo despegó con un giro estratégico hacia el reguetón, cuando la música urbana “estaba tomando más fuerza que nunca en Chile” y la pandemia lo dejó sin banda: “Dejé de hacer música instrumental porque no podía juntarme con mis músicos”, recuerda. “Fue un atrevimiento, porque son dos mundos distintos: no hay instrumentos físicos, es todo digital. Pero con otros géneros no lograba sobresalir o captar la atención; y esto lo podía hacer solo”.

La validación en la escena urbana, de la que no venía, no fue automática: “Mi música urbana no suena urbana, suena como un pop”, admite. Pero reconoce que su origen lo ayudó a evitar el rechazo: “Te podría decir que no fue así, pero te estaría mintiendo. No hablo mucho de los problemas sociales en mis canciones, pero sí los vivía; eso me validaba mucho con los otros chicos. A todos nos pasaba el no tener dónde dormir o no tener dónde almorzar para poder surgir”.

Lo que terminó de integrarlo fue el resultado: su primer EP, “Pa’ Los Sátiros Vol. 1” (2022), mostró la fórmula, y su álbum debut, “Los Rompecorazones Vol. 2” (2024), lo llevó al número 1 de artistas, álbumes y canciones de Spotify Chile y al tercer lugar del chart global de álbumes debut. “Ahí fui entendiendo que, a lo mejor sin querer, me había hecho una identidad de artista muy potente”.

Llegó a la cresta de la ola en el Festival de Viña del Mar de febrero de 2025: dio el show de cierre como único artista chileno de la noche final y se llevó las Gaviotas de Plata y de Oro. Mientras tanto, ya trabajaba en lo siguiente: “Estaba grabando un disco que iba a salir después de Viña; estaba grabando los videos”, cuenta. En la Quinta Vergara, de hecho, abrió con el tema que daba nombre al álbum que saldría dos semanas después —”Satirología” (2025)— y tomó la guitarra acústica para recordar una canción de su primera banda. “Si siguiera la misma línea urbana todo el rato me aburriría y se perdería el factor diferenciador”, explica. “Yo siento que gran parte de los artistas que no explotan en Chile es por miedo a atreverse”, asegura.

Aun así, en medio de la euforia de ese éxito, admite que le faltaba arriesgarse con algo más: llenar un Movistar Arena. Y lo hizo 12 veces.

EL RÉCORD DE LOS ARENAS

Al otro lado de la cámara, David León no está solo. “Aquí en España estoy con las 18 personas que trabajan conmigo, vinieron todos”, cuenta. Su criterio de contratación: “Quiero trabajar con personas que podamos estar tocando en un Movistar Arena y después irnos a jugar un partido de fútbol como si no hubiera pasado, que a nadie se le suba a la cabeza. Porque el desapego por los logros te permite pensar en lograr algo más grande“.

León dice que postergó muchas veces saltar al principal arena de Santiago (14 mil espectadores). Las primeras siete fechas salieron a la venta tras Viña, con tickets de entre 11 y 44 dólares: con una fila virtual de más de 150 mil personas, se agotaron en solo unas horas. Luego vinieron cinco más, hasta totalizar 12 sold out en un solo año —unos 168 mil espectadores—, superando el registro de diez shows de Luis Miguel.

Dice que no fue fácil recibir ese impacto. Cuando supo que las siete primeras fechas estaban vendidas, no celebró: “Llamé a mi mamá y le dije: ¿esto es verdad?”. Lo que sintió fue angustia, y empezó a ver psicólogo y psiquiatra. “Era un desafío que iba a tener que repetir 12 veces y no había un precedente, alguien que lo hubiera hecho tantas veces en Chile”, explica.

Ni siquiera quienes producen sus conciertos vieron venir esa magnitud. “La demanda fue una locura. Teníamos mucha fe de que iban a ser cinco o seis, pero cuando se seguía vendiendo nos dimos cuenta de que algo muy importante estaba pasando”, cuenta Alfredo Alonso, director de Entretenimiento de Bizarro Live Entertainment, productora de sus espectáculos. El detonante, asegura, fue Viña 2025: “La gente vio a un artista que pasó desde lo urbano a pararse con una guitarra acústica solo frente a un escenario. Se dieron cuenta de que era un artista con una propuesta amplia”.

MARCAS, VIDEOJUEGOS Y GALLETAS

Kidd Voodoo es hoy un artista que llena arenas, colabora con estrellas internacionales, protagoniza videojuegos y es rostro de marcas como adidas. También repite hitos como el de la alianza de la banda coreana BTS con galletas Oreo: “Hay un meme que dice que Kidd Voodoo está en todas partes, entonces tener una galleta con mi cara me pareció divertido”, revela sobre su acuerdo con la marca local Tritón, de Nestlé. Consultada, la compañía confirmó el hecho, pero declinó entregar detalles del lanzamiento.

Preguntado por su línea de negocio más fuerte, León no duda: los shows. “Hay gente que tiene millones de números (en streaming), pero no llena nada, ni siquiera 100 personas. En cambio, cuando ves a 40.000 personas viendo el show, ese es el movimiento real”. Para Alonso, ese diagnóstico describe un cambio estructural del negocio en vivo: “Hoy no basta con tener dos o tres canciones que peguen para llenar un Movistar: tienes que traer bastante repertorio para que los fans quieran pagar un ticket por un show largo”.

Los números que maneja el managment le dan la razón. Aunque Kidd Voodoo exhibe métricas digitales de elite —7,65 millones de oyentes mensuales en Spotify, un millón de seguidores en Instagram y 570 millones de visualizaciones acumuladas en YouTube—, el streaming es un negocio de márgenes delgados para el artista. Spotify pagó USD 11.000 millones a la industria musical en 2025, según su informe Loud & Clear 2026, pero no paga directamente al artista: transfiere las regalías a sellos, agregadoras y editoras según el precio de la suscripción y el peso de cada artista en el total de escuchas de cada país, y esos intermediarios pagan al músico según el contrato firmado. Al final, un titular de derechos de grabación puede recibir entre USD 0,003 y USD 0,005 por reproducción.

Patricio Castro, académico de la Escuela de Negocios de la UAI, define la función de las plataformas: “Son generadores de leads. Son la vitrina que les permite a los artistas llegar a más personas, logrando una masividad que terminan monetizando en los escenarios”.

El experto en Music Business Diego Monje Coccolo, CEO en Cactus Music, calcula que con su volumen de oyentes, puede representar entre US$1M y US$5M al año en ingresos brutos generados en todas las plataformas. Y coincide en que la fuente más grande de sus ventas está en la conversión a los shows en vivo: “Sus 12 fechas en el Movistar Arena pueden haber generado entre US$6M y US$11M en recaudación bruta de entradas“. Eso sí, de ese total el artista solo recibe el pago por show que se acuerda con la productora y los derechos de autor: “Al ser también compositor de su repertorio, suma regalías por ejecución pública, radio y sincronización”.

LA INVASIÓN A EUROPA

El modelo de negocio de la música explica la estrategia presente de Kidd Voodoo. Cuando copó el Top 50 de Spotify Chile —con “Satirología” (2025) y su edición Deluxe llegó a instalar 18 temas simultáneos en el chart—, capturó una fracción desproporcionada del pozo de regalías que Spotify reparte en Chile. El problema es el tamaño de ese pozo: los suscriptores latinoamericanos pagan tarifas muy inferiores a las de Estados Unidos o Europa y, según la consultora MIDiA Research, el crecimiento mundial de abonados —921,6 millones al cierre de 2025— viene justo de mercados de menor valor.

La respuesta de León a ese dilema es la razón de por qué esta entrevista con Forbes Chile ocurre con un océano de por medio: “En Chile te metes al Top 50 de las canciones más escuchadas y luego te metes al Top 50 de Colombia, y no hay ninguna canción que esté en los dos. Lo que se escucha en Chile se escucha solo en Chile. En cambio, en Europa, lo que suena en España suena en Francia y en Italia, porque hay mucho movimiento de gente. La expansión de la música es mucho más rápida”, dice desde el viejo continente, donde realiza la etapa europea del Euforia World Tour, con una docena de fechas por España, Alemania, Países Bajos y Suiza. Durante su estadía, además, participó en el Festival 30 Under 30 de Forbes España y dio una entrevista para Rolling Stone en Español, que listó su disco “Euforia” dentro de los mejores de 2026.

Aunque no revela su facturación anual, su managment dice que desde 2024 cada año duplican lo ganado en el período anterior. León sí comenta que su gestión financiera es recatada: no invierte en propiedades, activos digitales ni apuestas: “Más de la mitad de lo que gané con los Arenas lo reinvertí en música, en hacer discos que se me van a devolver en un par de años”.

En Bizarro ya no lo observan como una ola de temporada. “Kidd Voodoo se puede proyectar en el tiempo. Lo vimos haciendo feats con artistas urbanos, con Mon Laferte, con Pablo Alborán, con Los Bunkers. Esa versatilidad es lo que hace pensar que este es un artista para muchos años”, dice Alfredo Alonso. “No es un artista de una moda, de un estilo, de algo pasajero. Es un artista bastante más profundo que eso”, concluye.

¿Dónde se ve él mismo en cinco años más? “Girando por el mundo y rompiendo esa barrera de ser la persona que más tickets ha vendido en Chile”. Agrega: “También me veo ayudando a los nuevos artistas; porque si el movimiento no tiene líderes que digan ‘oye, él va bien, ayudémoslo’, no va a crecer”. David León Urbina tiene solo 25 años y lo dice sin solemnidad: “Me quedan, ojalá Dios quiera, 15 años más de carrera. Puedo hasta experimentar sacando cueca. Y voy a ser igual de feliz“.