A los 26 años Cristina Etcheberry no sabía qué era una startup. A los 32, levantó la ronda de financiamiento más grande de una mujer emprendedora en la historia de América Latina: US$48 millones. Con Toku está transformando la cobranza empresarial de Chile, México y Brasil.
Pararse en una línea de largada y competir contra las mejores de la región es algo que Cristina Etcheberry aprendió en la niñez. Apenas tenía 15 años cuando ganó medalla de bronce en un sudamericano de atletismo. Dos décadas después, volvió a pararse en un podio, pero como dueña del récord de financiamiento más grande levantado por una startup liderada por una mujer en la historia de América Latina: Toku.
Ella cree que algunos instintos se entrenan: “Hay varios estudios que dicen que los niños que participan en deportes competitivos tienen mucho más éxito después en su carrera laboral”, dice Etcheberry. “El hecho que una persona haya estado en un deporte competitivo demuestra que tiene disciplina, constancia, es capaz de recibir feedback, que lo toma para poder mejorar y siempre se empuja a hacer las cosas mejor”, agrega la hija de Javier Etcheberry.
Hay otros rasgos que se heredan: El apellido Etcheberry es ampliamente conocido en el mundo de los negocios chilenos. Su padre fue pionero en el sistema de pagos digitales en América Latina. Expresidente de Banco Estado fue la cabeza tras la creación de la cuenta RUT. También en el Servicio de Impuesto Interno (SII) creó el sistema de factura electrónica y, luego, fundó Klap, la procesadora de pagos que desafió el monopolio del sistema financiero chileno.
Cristina, la hija, ideó una startup que se dedica a agilizar y modernizar los procesos de cobranza en las empresas. Tuvo tanto éxito que en abril de 2025 cerró una Serie A de financiamiento por 48 millones de dólares. Fue la ronda más grande levantada por una mujer emprendedora en la historia del ecosistema tecnológico latinoamericano. ¿Su meta? Transformar una industria que —como los impuestos— nadie quería mirar.
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A un año de ese hito, Cristina —alta, delgada, de ojos verdes intensos, cabello rubio, de 33 años y vestir de estilo minimalista, con beatle gris y zapatillas— se reúne con Forbes Chile en las nuevas oficinas de Toku, en avenida Apoquindo. La entrevista es en la sala de reuniones más grande de las ocho que tiene en los tres pisos que agrupan la operación de Toku -1.700 metros cuadrados-, en el Patio Apoquindo, en Santiago. También serán en este lugar -y no en su oficina- las fotografías; pide verlas constantemente y no permite que se le hagan durante la entrevista, sino que después, para poder concentrarse.
El amplio edificio lo eligió con cuidado. Después de funcionar por años en un cowork, el logo de Toku ya está en la fachada de la construcción. La oficina nueva no es solo comodidad: es una declaración de su madurez.
Desde su fundación, Toku ha recaudado 65 millones de dólares en total y está valorizada en 175 millones. Opera en Chile, México y Brasil —países que concentran más del 70% del PIB de Latinoamérica— con cerca de 500 clientes que mueven 8 mil millones de dólares en transacciones a través de su plataforma.

REEMPLAZO DE 60 PERSONAS
Toku nació como respuesta a un problema estructural: los departamentos de cobranza y recaudación de las grandes empresas seguían siendo manuales, lentos y llenos de papeleo.
La plataforma conecta los sistemas de planificación de recursos (ERP) con bancos y plataformas de pago para automatizar ese proceso de extremo a extremo. Hoy atiende a Forum (BBVA), Chevrolet, Zurich, Clínica Indisa, entre cientos de otros clientes en industrias que van desde seguros hasta salud, inmobiliaria, educación, e-commerce y gobierno.
La startup partió con dos cofundadores más: Francisca Noguera, quien antes fue product manager de la tarjeta CMR del Banco Falabella; y Enzo Tamburini, que recién estaba saliendo de la universidad y trabajaba como ayudante en jefe del equipo de programación de ingeniería civil de la Universidad Católica. Solo ellos tres iniciaron el negocio con foco en aseguradoras y ahora son 280 personas que conforman el equipo.
Su producto más reciente —y el que mejor ilustra el salto tecnológico de la plataforma— son los agentes de inteligencia artificial: un solo agente automatizado hace hoy lo que antes requería 60 personas. Jorge Matuk, CEO de Forum (BBVA), lo cuantifica: cuando empezaron a trabajar con Toku, la penetración de pagos recurrentes en su cartera era cercana al 2%. Hoy es del 55%. “Este cambio no es solo cuantitativo, sino estructural”, dice el ejecutivo del principal cliente de la startup.
Con Toku, agrega Etcheberry, las empresas tienen un aumento de entre 2% y 8% en la recaudación total, una reducción de la morosidad de entre 10% y 25%, y una disminución de hasta 20% en los costos asociados al procesamiento y operación de pagos.
Estos rangos reflejan el impacto promedio que la compañía ha medido al combinar orquestación de medios de pago, automatización de cobros recurrentes y reintentos inteligentes, en industrias tan distintas. Cristina sabe el impacto que genera, pero lejos de entusiasmarse en un discurso aprendido, organiza sus palabras de forma metódica y ordenada.
Se toma unos segundos antes de responder sobre la clave de su éxito: “Toku parte porque yo me crié aprendiendo mucho de pagos. Fue la combinación de pagos y tecnología. Se trata de cómo podemos usar el software para ayudar a las empresas a ser más eficientes en sus operaciones financieras”, define.
Durante el primer trimestre de 2025, Toku había alcanzado poco más de 10 millones de dólares en ingresos, el doble que el mismo período del año anterior. Etcheberry es cauta en entregar cifras del negocio: no confirma rentabilidad, pero sí entrega señales.
Dice que han alcanzado un crecimiento de más del doble anual durante tres años consecutivos, que se traducen en cientos de millones de dólares. Margen bruto cercano al 70%. Net Dollar Retention y SaaS Magic Number en rangos sólidos. Y un principio rector claro: la rentabilidad de su primer producto, el de cobranzas.
“Nuestro negocio principal es rentable. Mucho del dinero que viene de un producto lo usamos para invertir en nuevos. Hoy el objetivo es seguir creciendo en la cantidad de clientes que estamos ayudando a través de nuestra plataforma. Es importante la rentabilidad, pero hoy el foco está en mejorar y crecer”, declara sobre su estrategia para moverse en un mercado complejo.
Lejos de la euforia de inyectar dinero que se vivió antes de la pandemia por Covid, el ecosistema de capital de riesgo en Latinoamérica ha sido mucho más selectivo y pausado. En 2025 la cifra cayó a 4.300 millones de dólares distribuidos en 664 operaciones -de los 4.500 millones de dólares invertidos a través de 751 acuerdos de 2024-. Las principales firmas de Venture Capital se concentraron en los mercados de México y Brasil.
Para ejemplificar, una de las start-ups que más levantó capital de la región en 2025 fue Kavak, el unicornio mexicano fundado por el venezolano Carlos García Ottati. Levantó 400 millones de dólares como financiamiento vía deuda, una alternativa que ganó relevancia en 2025.
Tras Cristina, la siguiente mujer en la lista es Helena Polyblank, quien junto a tres hombres lidera Mendel, la startup mexicana de gestión de gastos corporativos. En Serie B lograron levantar 35 millones de dólares en diciembre de 2021.

LA REGIÓN COMO DESTINO
La expansión de Toku no fue gradual: fue acelerada por diseño. Por la pulsión entrenada de la velocidad. A un año de lanzarse en Chile, ya estaban en México. Francisca Noguera, cofundadora y compañera de universidad, lo describe sin rodeos: “Cuando decidimos abrir México, en 2022, a la semana la Cris ya estaba viviendo allá.
Así es ella, no hay nada que la detenga”. Dos años después, en 2024, abrió operaciones en Brasil. Ya tiene 4 años como migrante en México y asegura que está 100% adaptada tras pasar por un período más solitario mientras construía su red de amistades y conocidos. “Ahora estoy muy feliz allá. Soy súper curiosa y me nutro de personas distintas. Siento que esas experiencias son muy enriquecedoras personalmente”.
Para ella, México es un país muy influenciado por la cercanía con Estados Unidos, lo que hace que su economía sea mucho más global; mientras que Brasil es un país “gigante, digital, con mucha innovación en medios de pago”.
Conoce más de 50 países. Todos los años se toma al menos un mes de vacaciones “totalmente desconectada”. Entre sus próximos viajes está pasear en bicicleta por el sur de Francia. Toma clases de portugués dos veces por semana —no por obligación, sino porque Brasil, dice, siente que es casi su destino. Además de viajar y pasear a su perro, le gusta leer ficción, como la de la best seller Isabel Allende: “Me he leído todos sus libros. Es una seca”.
Entre quienes la han seguido a ella, también hay comentarios de elogio. Allen Miller, socio de Oak HC/FT —el venture capital estadounidense que lideró la Serie A— la define como una “fundadora generacional”: “A medida que la hemos conocido, hemos visto su increíble dedicación al desarrollo del producto, al crecimiento del equipo y al lanzamiento en nuevos mercados”. Matías Muchnick, fundador del unicornio chileno NotCo y uno de sus primeros inversionistas, recuerda haberla conocido en 2022: “Era extremadamente inteligente, súper organizada, resolviendo un problema que claramente existía pero que, por no ser tan sexy, mucha gente no miraba”.
PRIMER INVERSIONISTA
Antes de Toku, Cristina estuvo 3 años como product manager en Grupo Latam, liderando un proyecto tecnológico dirigido a Brasil. Lo cual recuerda como sumamente desafiante, ya que no hablaba portugués.
Fue luego de esa experiencia laboral corporativa que pensó en que podría ser entretenido emprender, decisión que fue apoyada por su padre, quien la impulsó a que fuera en el mundo de los pagos.
“Toku parte porque yo me crié aprendiendo mucho de pagos. En Chile había un monopolio y solo un banco adquirente que procesaba todas las transacciones con tarjeta del país, y mi papá fue la primera persona en desafiar este monopolio y fundó una empresa que se llamaba Multicaja, que después pasó a llamarse Klap.
Toku fue la combinación de pagos y tecnología y trata de cómo podemos usar el software para ayudar a las empresas a ser más eficientes en sus operaciones financieras”, define.
Su padre fue el primer inversionista de Toku; aportó a los 2 millones de dólares en la ronda pre-seed, una inversión que se multiplicó veinte veces. “Él fue la primera persona en creer en mí”, dice, incondicional.
Cuando le preguntan por cómo la afectó el momento más difícil de la carrera de su padre —la polémica de mediados de 2025 que lo sacó del SII por el incumplimiento en el pago de sus contribuciones al mismo sistema que dirigía—, Etcheberry devuelve la lealtad: “Vengo de una familia bien metida en política y he aprendido a vivir con los vaivenes de lo que significa estar en el ojo público. Me afecta por lo que significa para las personas que quiero. Pero nunca he sentido un peso por eso”.
Recuerda que, luego del pre-seed, la decisión de postular a Y Combinator fue competitiva. Escuchó a un emprendedor más joven que ella, con menor revenue, ser admitido en la aceleradora estadounidense. “Si él puede, yo también puedo”, pensó. Cinco días después recibió la admisión. En dos días levantó su primer capital.
EFICIENCIA, NO DINERO
Cristina es la única hija del matrimonio entre Cecilia Sommerhoff Hyde y Javier Etcheberry Celhay, y la menor de siete medio hermanos; uno de ellos es el exsenador Felipe Kast. Estudió en el Colegio Villa María —exclusivo de niñas, semillero de liderazgo femenino chileno—. En su casa, el dinero no era un tema de conversación: era infraestructura. Sabe que crecer escuchando hablar de impuestos y medios de pago en la mesa familiar es una formación particular. “En mi familia todos soñamos en grande y creo que es muy valioso para cualquier niño ver eso”, dice, tras un silencio.
Luego agregará: “El motor, por lo menos el mío y el de mi papá, nunca ha sido el dinero. Siempre ha sido ayudar a Chile y Latinoamérica a ser más eficiente. Y si uno gana dinero en el camino, bienvenido sea”. Entró a estudiar Ingeniería comercial a la Universidad Católica y sumó una pasión temprana por la tecnología que desarrolló por su cuenta: aprendió a programar sola. Así llegó a la certeza que la acompañó desde antes de saber cómo se llamaba lo que quería hacer: la intersección entre pagos y software era un territorio sin dueño. Alguien iba a tomarlo. ¿Por qué no ella?
De las 540 fintech que hay en Chile, solo el 13% ha sido fundado por mujeres, según el Mapa Fintech Chile 2026 de EY y FinteChile. Para Josefina Movillo, directora ejecutiva de FinteChile, Cristina y Toku son “un caso destacable de la nueva generación de liderazgo fintech en Latinoamérica”.
Rocío Wu, de F Prime Capital —otra de sus grandes inversionistas— va más lejos: “La veo tocando la campana del Nasdaq algún día, y estaremos con Toku hasta que eso suceda”.
Etcheberry no pierde el sueño por convertirse en unicornio. Lo que le obsesiona es la velocidad: moverse antes que el mercado, conquistar industrias antes de que alguien más lo haga, escuchar a los clientes antes de que sepan qué necesitan. Sobre sus expectativas declara: “Si hay un techo, por ahora estamos muy lejos de él. Tenemos ambiciones muy grandes como empresa”.
