El fenómeno global del K-pop —con BTS liderando una demanda sin precedentes— está tensionando la infraestructura tecnológica de la industria del entretenimiento. Desde Lollapalooza Chile hasta las preventas masivas, Ticketmaster enfrenta un nuevo reto: ciberseguridad en tiempo real para garantizar que las entradas lleguen a los espectadores, y no a redes de fraude.
La escena es cada vez más cotidiana: estadios llenos, preventas agotadas y fechas de conciertos que se suman ante la alta demanda. El regreso de BTS a Chile no solo confirmó el poder económico del fandom —con ventas que escalan en minutos—, sino también la creciente complejidad tecnológica detrás de cada ticket.
La rápida confirmación de un tercer show para la boyband de K-pop, tras una preventa que superó todas las expectativas, es el síntoma visible de una transformación más profunda: la industria del entretenimiento en vivo ya no compite solo por artistas o recintos, sino por infraestructura digital capaz de resistir picos extremos de demanda.
En una conversación con Forbes Chile, realizada durante Lollapalooza en marzo pasado, los representantes de Ticketmaster Adam Newsam —vicepresidente ejecutivo para Latam— y Javier Parra —gerente general en el país— lo resumen sin rodeos: la experiencia del fan comienza mucho antes del concierto, y hoy depende de sistemas tecnológicos que deben operar bajo condiciones cercanas al estrés máximo.
El mismo fin de semana en que, en el Parque O’Higgins, miles de personas asistían al primer Lollapalooza que lograba sold out desde que Ticketmaster está a cargo, en otro punto de la ciudad los fanáticos del rock llegaban al Estadio Nacional para ver a AC/DC. Millares de espectadores entrando sin fricción, gracias a pulseras cashless y accesos digitalizados, vivieron una experiencia donde la fila ya no está en los torniquetes. Está en la nube.
Ahí, donde millones de intentos de conexión se concentran en segundos, se juega la primera experiencia del fan. Y también la más crítica.
“Lo que hacemos —ya sea en Lollapalooza o en cualquier otro evento— tiene que estar completamente centrado en que el fan tenga la mejor experiencia posible”, dice Adam Newsam, con la naturalidad de quien habla de un estándar, no de una ambición.
Nacido en Inglaterra, Newsam cuenta que lleva 30 años en la compañía. Nunca ha trabajado en otro lugar. Y tiene muy presentes sus inicios: operador de call center en Ticketmaster, cuando la compra telefónica era la gran innovación que venía a reemplazar la taquilla de las boleterías físicas.
Es por eso —porque ha visto evolucionar la industria— que tiene claro dónde se juega hoy el valor. “Desde la compra del ticket hasta el ingreso al recinto o la posibilidad de resolver un problema; todo tiene que funcionar. Y si los problemas no se ven, es porque lo hicimos bien”.
Lo que no se ve, justamente, es lo que más recursos consume.
La guerra invisible: hackers y crimen organizado
El principal enemigo de la industria -según cuentan- no está en la fila virtual, sino detrás de ella. “Hoy los bots representan un desafío diario para nosotros. Es una especie de carrera armamentista”, explica Newsam. “Estamos bloqueando cerca de 500 millones de bots al día a nivel global, lo que representa un crecimiento de 3.000% en los últimos años”.
No se trata solo de fanáticos intentando conseguir entradas antes que otros. Según el ejecutivo, detrás de estos ataques hay desde redes organizadas hasta actores vinculados al mercado negro, capaces de capturar tickets para revenderlos con márgenes significativos.

“Pueden ser grandes organizaciones, incluso vinculadas al crimen organizado, o simplemente compañías que buscan lucrar con la reventa”, agrega, sobre un fenómeno que escala en paralelo al crecimiento global de artistas como BTS, cuya capacidad de movilizar audiencias masivas convierte cada venta en un objetivo altamente rentable.
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K-pop: el catalizador de la hiper demanda
Más allá de la tecnología, los ejecutivos dicen que hay una fuerza estructural que empuja este fenómeno: la globalización del contenido. “El crecimiento que estamos viendo no es solo post pandemia”, dice Newsam. “Tiene que ver con cómo la música se ha vuelto completamente global. Un fan en Perú puede escuchar el lanzamiento de un grupo de K-pop al mismo tiempo que alguien en Corea. Y eso cambia completamente la dinámica de la demanda”.
El K-pop no solo globalizó la música; globalizó la presión sobre los sistemas. “Cuando se trata de comunidades tan activas como la de BTS, estamos frente a ventas de altísima demanda que requieren preparación tecnológica, operativa y comunicacional”, señala Javier Parra.
En Chile, esa presión se tradujo en preventas exclusivas mediante registro previo (Weverse), fila virtual para administrar tráfico, entradas nominativas para reducir la reventa y sistemas de trazabilidad como Quentro.
La alta demanda generó la apertura de una tercera fecha (14 de octubre), que se suma a los shows ya programados el 16 y 17 de octubre en el Estadio Nacional.
La venta general para las tres fechas estaba programada para el viernes 10 de abril a las 13:00 horas.
Tecnología, regulación y un nuevo estándar
A diferencia de otros mercados de la región, Chile presenta niveles más bajos de fraude, gracias a una mayor formalización financiera y mejores sistemas de pago. Sin embargo, la amenaza persiste.
“Siempre hay bots intentando comprar tickets. La diferencia es que hoy logramos bloquearlos antes de que generen un problema”, explica Newsam.
Y agrega que Ticketmaster —parte de Live Nation Entertainment— destina aproximadamente US$1.000 millones anuales en tecnología, con foco creciente en ciberseguridad y prevención de fraude.
El desafío no es solo tecnológico. También es regulatorio. Actualmente, no existe en Chile una legislación específica contra bots aplicable al ticketing, lo que abre un espacio donde la industria debe operar con herramientas propias y coordinación con autoridades como el SERNAC.
Lo que emerge es un cambio estructural: las ticketeras ya no son intermediarios, sino plataformas tecnológicas complejas. Desde sistemas cashless en festivales hasta motores de recomendación y bases de datos de millones de usuarios, el negocio se redefine en torno a la data y la experiencia.
“Queremos ser un destino, no solo un punto de compra”, dice Newsam.
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Latam y Chile: mercado en expansión
Para la compañía, Latinoamérica es un mercado prometedor. “Estamos viendo crecimiento de doble dígito en Chile y en toda la región”, dice Newsam. “Hubo un efecto post pandemia, sin duda. Pero el hecho de que en 2026 ese crecimiento se mantenga demuestra que no fue solo un rebote. Cambió la percepción de las personas sobre lo que es importante”, agrega.
Y ahí aparece el dato clave: la experiencia pasó a ser prioritaria. “Lo que vemos en nuestros estudios es que, incluso cuando la economía se contrae, lo último que la gente está dispuesta a dejar es el entretenimiento en vivo. Esa experiencia se volvió central”, explica.
Ese crecimiento no se limita a los grandes conciertos. “Queremos desarrollar contenido local, no solo depender de giras internacionales. Eso incluye teatro, comedia y música emergente”, dice.
Parra lo aterriza:
“Estamos cerrando acuerdos con teatros, desarrollando proyectos como Ticketmaster New Music, donde invitamos a bandas locales a crecer y visibilizarse. También estamos trabajando en regiones como Concepción o Viña del Mar, porque el desafío es descentralizar”.
El modelo también se amplía hacia el deporte, desde torneos como el Santiago Open hasta alianzas con federaciones. “Con el deporte no queremos solo vender tickets”, dice Parra. “Queremos ser un partner que ayude a desarrollar la industria: mejorar accesos, entender al fan, ofrecer nuevas experiencias”, agrega.
En ese mapa aparece el rugby, con acuerdos que incluyen a Los Cóndores, símbolo de un ecosistema que comienza a profesionalizar la experiencia del espectador. “Ahí hay mucho espacio de crecimiento”, concluye.
