De los animadores del Festival de Viña a los ejecutivos de la minería y ahora al Presidente de la República. Con más de tres décadas dedicadas a la sastrería masculina, Sergio Arias se ha convertido en uno de los nombres más influyentes del vestir masculino en Chile. En conversación con Forbes Chile, reflexiona sobre los estilos del liderazgo, desde el empresario minero hasta el genio de Silicon Valley, y del traje como un lenguaje del éxito. Por supuesto, también habla del poder político que ahora le toca diseñar.

La puerta roja del atelier de Sergio Arias, en Vitacura, es una frontera simbólica. Quienes la cruzan —empresarios, ejecutivos, políticos o novios— no vienen simplemente en busca de los trajes, corbatas, chaquetas, camisas, colleras y cintos que se despliegan con gusto y elegancia por el lugar. Vienen por algo más.

“Cuando alguien entra aquí no viene a comprar ropa. Viene a que Sergio Arias lo vista”, dice el diseñador. “Es distinto. Es una experiencia. Aquí yo tengo que interpretar al cliente y darle el sello de Sergio Arias”.

Foto: Rodolfo Jara

Con una sonrisa atenta y mirada penetrante, Sergio mide colorimetrías y proporciones de cada interlocutor. Ese proceso, que combina intuición, observación y oficio, es el corazón de una carrera que ya supera las tres décadas. Arias ha vestido a animadores del Festival de Viña del Mar, a figuras del espectáculo internacional y a ejecutivos de algunas de las industrias más poderosas del país. Hoy su nombre volvió a la conversación pública tras convertirse en asesor de vestuario del flamante Presidente José Antonio Kast.

Pero para él el tema es más profundo que una prenda bien cortada. El traje —dice— es un lenguaje. “La ropa comunica. Nosotros nos vestimos de acuerdo a cómo queremos que nos vean. Nadie se pone algo por casualidad. Uno se mira al espejo, se gusta y eso tiene un motivo. Todos nos vestimos de acuerdo a cómo queremos proyectarnos”, define.

Hoy dice que en política ese lenguaje se amplifica, porque un presidente encarna a un país. “Cuando tú miras a tu Presidente tienes que sentir que ese tipo te representa. Tiene que tener estatura de estadista. Y eso, increíblemente, va muy de la mano con la ropa”, dice, y sus ojos claros transmiten la pasión y la emoción que le genera su último desafío profesional.

Un nombre, una marca

El ingreso de Arias al mundo de la moda no fue planificado. De profesión relacionador público, llegó a la industria tras organizar un evento para llegada de la marca Christian Dior al país. Ese contacto lo llevó a integrarse al equipo que abriría la primera boutique de la casa francesa en Chile a comienzos de los años noventa. Poco después se trasladó a París para entrenarse en la firma.

Recuerda con claridad el momento en que, rodeado de estilo y belleza, sintió que cambiaba su vida: “Iba caminando desde la casa Dior a mi departamento por la Avenue Montaigne y me dije: esto es lo que quiero hacer el resto de mi vida”.

“Cuando tú miras a tu Presidente tienes que sentir que ese tipo te representa. Tiene que tener estatura de estadista. Y eso, increíblemente, va muy de la mano con la ropa”. -Sergio Arias

Hoy ríe cuando recuerda que por años intentó esconderse tras nombres italianos de fantasía que inventaba para sus colecciones. Pero sus propios clientes terminaron imponiendo la realidad “Todo el mundo decía ‘Sergio Arias’. Nadie nombraba las marcas. Entonces dije: ya está, mi nombre es la marca”, eso fue solo hace 11 años, cuando llegó al atelier donde conversa con Forbes Chile.

Arias cree que durante años el hombre chileno fue, en sus palabras, un consumidor tardío de moda. Pero eso cambió radicalmente en las últimas décadas: “Los últimos 20 años el hombre cambió completamente su estilo”, explica. “La apertura del mundo digital nos abrió la cabeza. Antes éramos un país muy cerrado. Hoy cualquiera puede ver lo que pasa en Europa o Estados Unidos desde su teléfono”.

Ese acceso a nuevas referencias detonó transformaciones profundas: aparecieron más marcas internacionales, mayor preocupación por el fitness, cosmética masculina y una cultura del cuidado personal que antes era marginal.

La globalización también ayudó a que el cambio se reflejara en momentos clave de la vida social, como el matrimonio. “Antes el novio se preocupaba del traje a última hora. Ahora llegan con seis meses o un año de anticipación. Hay un movimiento masculino real en el mercado”.

Tras la pandemia, cuenta, la actividad en su atelier vivió un auge inesperado. “Las visitas de clientes crecieron cerca de un 60%. Y en algunos periodos, entre 2021 y 2022, las ventas subieron incluso un 100%. Fue una locura”.

Arias interpreta ese fenómeno como parte de un cambio psicológico más profundo: “La pandemia nos hizo darnos cuenta de que la vida hay que vivirla ahora. Mucha gente dijo: si me quiero vestir bien, lo hago hoy. No lo postergo”.

Sin embargo, Sergio Arias también admite que la pandemia alteró el ecosistema del vestir masculino. El traje formal dejó de ser uniforme cotidiano y pasó a reservarse para momentos específicos. “El traje con corbata hoy se usa para eventos importantes, matrimonios o ceremonias. El día a día es mucho más casual”, define.

La respuesta del diseñador fue adaptarse rápidamente. Arias desarrolló una línea sport elegante, traída desde Italia, pensada para ejecutivos que siguen buscando distinción, pero en un contexto más relajado. “El casual friday desapareció. Ahora es casual toda la semana”, declara.

Sin embargo, el traje sigue siendo central en ciertos mundos de poder. Y por eso domina claramente su cartera de clientes.

El lujo de la minería

Cuando se le pregunta qué industria mueve el negocio de la sastrería en Chile, Arias no duda: “La minería”, asegura.

Cuenta que más de la mitad de sus clientes empresariales provienen directa o indirectamente de ese sector. “Ahí uno se da cuenta de cómo se mueve Chile. El mundo minero viaja mucho, tiene congresos internacionales, eventos formales. El traje sigue siendo muy importante”, dice.

Además, explica, se trata de una industria altamente competitiva donde la imagen juega un rol simbólico. “Al ejecutivo minero le gusta verse bien. Les gusta lucirse. No es el lujo silencioso. Les gusta que se note la calidad”, declara.

El contraste con otros sectores es evidente. El mundo legal, por ejemplo, redujo su formalidad después de la pandemia: “Los abogados dejaron mucho la corbata. Ahora usan más chaqueta con pantalón distinto. El ambo. Ese mercado cambió”, dice.

Y si la minería sigue defendiendo la formalidad, cuenta que la exitosa industria tech de Silicon Valley empujó el movimiento contrario en las nuevas generaciones. Las figuras del mundo tecnológico —de Steve Jobs a Mark Zuckerberg— construyeron un nuevo uniforme del poder: polerón, jeans y zapatillas.

“Informalizaron completamente la imagen del éxito”, reconoce Arias. Pero agrega que hay un matiz importante: “No se ponen cualquier polerón. No se ponen cualquier zapatilla. Siguen buscando calidad, diseño, buenos cortes. Hay marcas, como Uniqlo, que han crecido gracias a esa tendencia. Es otra estética, pero también hay sofisticación”.

El look del gobierno

El oficio de Sergio Arias no es ajeno al mundo del poder político. Ha trabajado con parlamentarios y ministros, como los antiguos titulares de Interior Rodrigo Hinzpeter y Rodrigo Peñailillo. Sin embargo, la experiencia de diseñar para un jefe de Estado, confiesa, pertenece a otra dimensión: “Nunca imaginé lo que significaba vestir a un Presidente. Es completamente distinto”.

Cuenta que apenas fue contactado por el equipo de José Antonio Kast investigó cómo se vestían otros mandatarios y qué códigos transmitían. Observó con atención figuras como Emmanuel Macron o Barack Obama, pero también revisó la historia chilena. “Siempre me llamó la atención Ricardo Lagos. Era un presidente muy bien vestido. Tenía un diseñador que era Atilio Andreoli. Eduardo Frei también vestía muy bien”.

Dice que vestir a un presidente implica tomar decisiones que van mucho más allá de lo estético. En el caso de Kast, Sergio Arias partió por observar algo que para él es esencial: la persona.

Antes de diseñar cualquier traje, pidió conocerlo. “Cuando me vinieron a buscar del equipo del Presidente, lo primero que dije fue: ‘ningún problema, pero yo quiero conocerlo’. Porque a mí me interesa vestirlo a él. Y para eso necesitaba saber cómo es”.

Foto: Presidencia

Ese encuentro definió rápidamente la paleta que dominaría el vestuario del mandatario. El azul marino apareció como el punto de partida natural. “Por las características físicas del Presidente, el azul marino le queda extraordinario. Es una persona blanca, canoso, con ojos muy azules. Entonces el azul es un color que le queda espectacular”, describe.

Pero para Arias el color no es solo una cuestión estética. También es un mensaje político: “El azul marino transmite serenidad, paz, elegancia, orden. Es un color que va muy de la mano con esos conceptos que, además, son muy de este gobierno”.

En ocasiones introduce pequeñas variaciones para romper la monotonía del uniforme presidencial. Un recurso son las corbatas. Otro llevar el azul a las camisas. Como cuando tras el triunfo en las elecciones, Kast fue a La Moneda a saludar al expresidente Boric con un traje gris medio y camisa celeste. “Era un look elegante pero un poco más fresco. Y llamó mucho la atención”.

Donde sea que esté, su trabajo convoca miradas. Cuando visitaba la oficina que tenía en presidente electo antes de asumir, los periodistas se le acercaban para saber qué llevaba dentro de los zippers que cargaba. El día en que se dio a conocer la fotografía oficial del mandato de José Antonio Kast, hasta redes sociales tan conspicuas como LinkedIn se llenaron de observaciones sobre el pliegue en el nudo de la corbata o sobre si era correcto llevar abierto el segundo botón de la chaqueta.

“No tomé mucho en cuenta lo que se dijo del tema de la foto”, cuenta Arias. “Hay reglas de sastrería básica que no todos tienen por qué conocer. En redes sociales muchas veces se opina desde la ignorancia. Cuando alguien critica algo así generalmente es porque en su vida se ha puesto un traje”, opina desde su autoridad.

Sergio Arias acaba de cumplir 63 años. Cree que todavía tiene al menos dos décadas de trabajo por delante. Hoy su clientela se extiende desde Arica hasta Punta Arenas, con ejecutivos que viajan especialmente a su atelier. Él viaja a Europa para buscar inspiración y materiales con sus proveedores exclusivos: la belga Dormeuil y la francesa Scabal. Las camisas a medida las manda a hacer a la casa Repunte, de España, y los trajes los trabaja en sus talleres acá.

Dice que no sabe muy bien cómo se las arreglará para seguir cumpliendo con lo demandante de su nuevo rol. “Quizás tendré un espacio en La Moneda”, bromea. Pero sí tiene claro que todavía quedan desafíos. Y sueños por cumplir.

La jornada del 11 de marzo, el día en que asumió José Antonio Kast, mandatarios de todo el mundo estuvieron en Chile y otros presenciaron el evento a través de los medios de comunicación. Arias cree que ese nivel de exposición lo acerca a un anhelo pendiente: “Vestir a un rey sería algo que me gustaría hacer”.

El estilo de la política

A lo largo de la historia moderna, los jefes de Estado han construido una identidad visual reconocible a través del vestuario. Aunque el traje oscuro domina el protocolo político global, cada mandatario desarrolla un estilo propio.

  • Abraham Lincoln: Con 1.93 cm de estatura, que aumentaba con un sombrero de copa, fue uno de los primeros presidentes de Estados Unidos que se asoció a una marca. Sus trajes eran confeccionados por la histórica firma Brooks Brothers.
  • Winston Churchill: El primer ministro inglés vestía con trajes a medida de estilo clásico británico, de tres piezas, hechos por sastres de Saville Row y Henry Poole & Co. Destacaba por el uso de sombreros Homburg, humitas, bastones y sus icónicos “trajes sirena”; unosoveralles que la prestigiosa firma Turnbull & Asser confeccionaba para él durante la Segunda Guerra para que se vistiera rápidamente en caso de ataques aéreos o emergencias.
  • Barack Obama: Popularizó el uso casi uniforme de trajes azul marino y gris. En su caso, varias marcas estadounidenses —incluyendo Brooks Brothers, Tom Ford y Brioni— participaron en su vestuario.
  • Emmanuel Macron: El presidente francés es conocido por su traje entallado, casi minimalista, que proyecta modernidad. “Él se viste a medida, es evidente. Es de baja estatura, y un buen traje hace que no se note”, dice Arias. Agrega que él, al igual que hará Kast, recurre mucho al azul.  De hecho, las gafas azules que usó en el pasado foro de Davos se agotaron en el mercado.