La creación de Viña Amelia como filial independiente replica un modelo que la compañía ya había testeado con Don Melchor para el Cabernet Sauvignon. La lógica es clara: separar marcas ícono del portafolio masivo para construir valor propio y competir en ligas globales.
En una industria donde la escala suele imponerse, Viña Concha y Toro optó por lo contrario: reducir el foco para ganar valor. La creación de Viña Amelia —una filial independiente dedicada exclusivamente a Chardonnay y Pinot Noir— no solo marca un nuevo capítulo para la compañía, sino también una señal clara sobre hacia dónde se mueve el negocio del vino de alta gama.
La decisión responde a una lógica que hoy domina el segmento premium: especialización radical, identidad de origen y narrativa enológica. “La creación de Viña Amelia es un nuevo hito dentro de la estrategia de premiumización… el futuro de los vinos de alta gama se construye a partir de la especialización, el origen y la identidad”, afirmó Eduardo Guilisasti, gerente general de la compañía.

La creación de Viña Amelia como entidad independiente replica un modelo que la compañía ya había testeado con Don Melchor. La lógica es clara: separar marcas ícono del portafolio masivo para construir valor propio y competir en ligas globales.
“Así como en 2019 dimos vida a Viña Don Melchor como una filial independiente dentro del portafolio de Concha y Toro, hoy avanzamos con Viña Amelia, absolutamente convencidos del extraordinario potencial que tenemos para posicionar una viña en el escenario mundial focalizada en Chardonnay y Pinot Noir”, señaló Guilisasti .
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Del experimento al activo estratégico
La historia de Amelia no comienza como marca, sino como intuición. En 1996, el enólogo Marcelo Papa vinificó su primer Chardonnay del Limarí, en un momento en que la zona aún no figuraba en el mapa de los grandes vinos chilenos. Lo que encontró fue un perfil distinto: frescura, mineralidad y tensión, en contraste con el estilo más frutal dominante en otras regiones .
Convencer a la compañía tomó tiempo, pero a comienzos de los 2000 se iniciaron las primeras adquisiciones de viñedos. El punto de inflexión llegó en 2007 con la compra de Quebrada Seca y, dos años después, con la plantación de Chardonnay en un terroir que terminaría definiendo el ADN del proyecto .
Ese origen —ubicado a solo 23 kilómetros del Pacífico y en el límite norte de la viticultura chilena— combina suelos calcáreos, clima semiárido y una fuerte influencia oceánica. El resultado: vinos con acidez natural, salinidad y capacidad de guarda, atributos altamente valorados en el mercado internacional.
Quebrada Seca —en el límite del desierto de Atacama— encarna esa narrativa: un terroir extremo, poco explorado y capaz de producir vinos con carácter distintivo. “Los grandes vinos nacen donde pocos se atreven a buscar”, resume la historia del proyecto .
Para los controladores de la compañía, la convicción sobre el origen es clave. “Es un origen que, en su categoría, tiene el mismo potencial y relevancia que Puente Alto en el Valle del Maipo para Don Melchor”, agregó Guilisasti.
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“Estamos poniendo en valor un origen excepcional… junto a una propuesta enológica capaz de competir con los grandes referentes internacionales”, señaló por su parte Isabel Guilisasti, vicepresidenta de Vinos Finos.
El factor Marcelo Papa

Si la estrategia de preuminización define el marco de esta nueva viña, la ejecución tiene nombre propio. Marcelo Papa, hoy director técnico de la viña, ha construido una filosofía centrada en la mínima intervención y la expresión del origen.
“Cada terroir posee un sello único… lo que realmente importa es que los vinos hablen de su lugar de origen”, señala el enólogo .
Su enfoque se traduce en decisiones concretas: reducción del uso de barrica nueva a niveles de 10–15%, cosechas anticipadas para preservar acidez y vinificaciones que evitan enmascarar el carácter del suelo . En el caso del Chardonnay, incluso prescinde de la fermentación maloláctica para mantener frescura y tensión.
El resultado ha sido validado por la crítica internacional. Amelia se ha consolidado como una de las expresiones más destacadas de Chardonnay y Pinot Noir de Chile, mientras que Papa ha sido reconocido como Enólogo del Año en distintas guías y figura entre los 100 mejores del mundo según The Drinks Business.



