Las nuevas generaciones están empujando a la industria del vino a reinventarse. Con una mayor conciencia sobre el impacto del consumo de alcohol en la salud, la Generación Z y los Millennials han acelerado el desarrollo de la línea de negocios NOLO —no and low alcohol—.

Andrés Duval estaba junto a su esposa, Cecilia, en un restaurante de Inglaterra durante un viaje de vacaciones cuando algo le llamó la atención. En los supermercados, los refrigeradores exhibían una amplia oferta de bebidas sin alcohol: whisky, ron, gin, cerveza y vino. La escena coincidía con una decisión personal reciente —dejar de consumir alcohol—, por lo que antes de la comida pidieron, por curiosidad, un vino zero. En Chile, hasta entonces, no habían visto nada similar.

A la mesa llegaron copas de cabernet sauvignon y de riesling. “Recuerdo que ambos vinos eran muy dulces. Francamente, eran malos. La experiencia no fue buena y me pregunté: ¿cómo es posible que en Chile, un país vitivinícola por excelencia, no se produzca este tipo de vinos?”, recuerda Duval. Volvió con esa idea rondándole la cabeza y, tras un año y medio de investigación y desarrollo, lanzó el primer cabernet sauvignon desalcoholizado producido en Chile. Así nació Sinzero.

La empresa se inició en 2017 con apoyo de fondos de la agencia estatal Corfo y capital propio —unos $ 30 millones—. Desde entonces, asegura Duval, el crecimiento ha sido sostenido, en torno a un 20% anual, reinvertido íntegramente en producción.

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La marca seleccionó vinos base de valles reconocidos y cepas definidas —cabernet sauvignon, chardonnay y país—, incorporando una tecnología de desalcoholización que permite conservar las cualidades organolépticas del vino. Con el tiempo, Sinzero ha sido distinguida con la Medalla de Oro y 96 puntos en el International Wine & Spirit Competition (IWSC) de Inglaterra; Medalla de Oro en Catad’Or 2025; Medalla de Bronce en The Drinks Business, además de reconocimientos de críticos como Tim Atkin y Peter Richards, ambos Master of Wine.

“Nuestro objetivo en Chile es convertirnos en la primera y mejor opción para quienes eligen no consumir alcohol. Para eso estamos fortaleciendo nuestra presencia en todo el territorio, tanto en supermercados regionales como en el retail tradicional, además de ampliar el canal HORECA —hoteles, restaurantes, cafeterías— y las tiendas especializadas”, explica Duval. En el plano internacional, la meta es consolidar los 14 países donde hoy están presentes y seguir abriendo mercados.

En esa misma línea, y siguiendo la tendencia de bajo o nulo alcohol, VSPT Wine Group innovó en 2024 con Donnaluna: un cóctel de vino en tres versiones —Bianco, Rossato y Tinto Rosso—, bajo en calorías y con solo 5,5 grados de alcohol.

“Detectamos una tendencia clara hacia productos con menor graduación alcohólica, impulsada por consumidores que buscan frescura, versatilidad y opciones más ligeras, adaptables a distintos momentos del día”, explican desde la compañía. “Existe una valoración creciente por perfiles más refrescantes y accesibles, muy alineados con estilos de vida activos y conscientes. Desde ahí nace nuestra apuesta por innovar”, agregan.

Desde Donnaluna aseguran que el foco está en acercar nuevos consumidores al vino de una forma amable y contemporánea, sin la necesidad de una ocasión específica ni de un lenguaje técnico que muchas veces resulta excluyente. “Queremos que sea una puerta de entrada, sin barreras ni rituales complejos, donde el disfrute sea simple y espontáneo”, señalan.

La estrategia ha dado resultados. Solo en los primeros 15 días de diciembre de 2025, las ventas superaron en un 20% las del mismo período del año anterior.

A nivel global, el fenómeno es aún más amplio. Según la VDMA —organización que agrupa a la industria europea de fabricación de maquinaria y equipos—, el volumen de ventas de bebidas sin alcohol crecerá un 16% hasta alcanzar los 972.000 millones de litros en 2028.

BAJA EL CONSUMO DE ALCOHOL

Chile registra hoy su nivel de consumo de alcohol más bajo desde 1994. De acuerdo con el último Estudio de Drogas en Población General del Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (Senda), el consumo mensual cayó de 39,2% en 2022 a 34,6% en 2024.

El estudio se basa en una encuesta aplicada a 18.668 personas entre 12 y 65 años, representativas de más de 11 millones de habitantes de 109 comunas del país. Entre los hombres, la prevalencia descendió de 45,1% a 41,7%, mientras que en mujeres cayó de 33,3% a 27,6% en el mismo período.

La tendencia no es exclusiva de Chile. Según datos de IWSR, empresa especializada en análisis de la industria del alcohol, el volumen mundial de producción se redujo un 1% en 2024. En Estados Unidos la caída fue de 3% y en China alcanzó el 5%.

El vino, segunda bebida alcohólica más consumida en Chile después de la cerveza, tampoco ha sido ajeno a este retroceso. Según cifras del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), la producción total de vino en 2025 alcanzó los 838,6 millones de litros, un 10% menos que el año anterior y el nivel más bajo en una década. De ese total, 691,7 millones de litros correspondieron a vinos con denominación de origen, equivalentes al 82,5% del total declarado.

El informe del SAG atribuye la baja, en buena parte, a una caída de 14% en los vinos con denominación de origen. ¿La explicación de fondo? Cambios generacionales en los hábitos de consumo, asociados a una mayor preocupación por la salud, el bienestar y la moderación. En ese contexto, emerge con fuerza la tendencia NOLO: no and low alcohol.

Desde Wines of Chile explican que la generación Z y los millennials están redefiniendo la forma en que se consume vino. Ya no se trata necesariamente de un ritual formal ni de un producto asociado a códigos rígidos. El vino puede venir en otros formatos, mezclarse en cócteles, acompañarse de frutas o consumirse en contextos más informales.

“Buscan experiencias más relajadas y auténticas; prefieren estilos ligeros y ocasionales, como espumantes y rosados; valoran etiquetas con transparencia, compromiso ético y sostenibilidad; y planifican la compra según la ocasión más que como consumo habitual, optando por formatos como latas o porciones individuales”, señalan.

Agregan que existe un interés creciente por vinos orgánicos, biodinámicos y sostenibles, así como por opciones de menor graduación alcohólica y vinos desalcoholizados. “Los consumidores —especialmente en mercados como Chile— quieren aprender más sobre vino, asociarlo a distintas ocasiones y profundizar en su cultura y calidad”, explican.

DESARROLLOS CON IA

Frente a este escenario, la industria ha comenzado a reinventarse. Grandes bodegas están incorporando inteligencia artificial para analizar preferencias de consumo, desarrollar nuevos productos y diseñar experiencias más personalizadas.

“Más allá de la edad, las personas buscan hoy experiencias significativas que las conecten emocionalmente, no solo un producto”, afirma Isabel Mitarakis Guilisasti, enóloga de Vinos Finos y miembro de la tercera generación de la familia detrás de Viña Concha y Toro. “El vino tiene una ventaja única: es historia, cultura, origen y relato. Ahí está buena parte de su valor futuro”, agrega.

A través de iniciativas como el Centro del Vino, la viña busca acercarse a nuevos públicos con propuestas contemporáneas y relevantes. “Existe un espacio importante para seguir desarrollando la categoría, siempre que sepamos interpretar los nuevos códigos de consumo y estilos de vida”, opina la enóloga.

Entre 2023 y 2025, los productos de baja graduación alcohólica de la compañía —menos de 11 grados— crecieron 224%. Destacan líneas como Casillero del Diablo Belight, Casillero del Diablo Sparkling Zero y Exportación Frutal.

En Viña Santa Rita, el desarrollo de vinos de baja y nula graduación comenzó en 2021. Al cierre de 2025, las líneas 120 Zero y 120 Delight superaron las 39.000 cajas de nueve litros exportadas, con un crecimiento anual de 68% desde su lanzamiento. Para 2026, la proyección es alcanzar más de 47.000 cajas, con Irlanda, Canadá y Noruega como principales mercados.

En Chile, la viña ha ampliado su portafolio con cócteles listos para servir bajo la marca 120, incluyendo 120 Sabores y el reciente lanzamiento de 120 Spritz, su primer cóctel gasificado de baja graduación alcohólica.

MAYOR CONCIENCIA

No solo el cuidado de la salud personal marca el estilo de vida de las nuevas generaciones. La creciente conciencia medioambiental de los consumidores también desafía a la industria. “La sostenibilidad pesa cada vez más en la decisión de compra, especialmente entre consumidores jóvenes. En ese contexto, los formatos juegan un rol clave”, explican desde Santa Rita. Destacan iniciativas como el Bag in Box en 120 Sabores, botellas familiares de uso más eficiente y espumantes en lata con envases que contienen cerca de un 70% de aluminio reciclado.

La industria del vino, al igual que otros sectores, enfrenta un punto de inflexión. La innovación ya no es solo una opción, sino una condición para adaptarse a las nuevas preferencias de consumo, que, lejos de ser una amenaza, se perfilan como una oportunidad estratégica de largo plazo.