Atando Cabos y Comberplast, empresas de la familia Compagnon, han revolucionado la industria chilena del plástico. Su propuesta de economía circular, basada en la recolección y reciclaje del plástico para fabricar productos dirigidos a clientes de diversas industrias, ya ha captado la atención de grandes corporaciones locales, como SQM. Su interés a futuro no solo es aumentar su capacidad y facturación, sino, eventualmente, aterrizar en mercados internacionales.

Michel Compagnon asegura que siempre le han apasionado dos temas que, actualmente, están bastante distanciados en el mundo: el cuidado del ambiente y el negocio del plástico. De niño, acompañaba a su padre a visitar a los clientes de Comberplast, la empresa de su familia que tiene cinco décadas elaborando productos a base de plástico. Ese contacto temprano con la industria lo hizo fascinarse por la relevancia y la presencia que tenía este insumo en la vida de las personas. En paralelo, creció su interés por el cuidado de la naturaleza. Cuando en el año 2000 heredó la fábrica de Comberplast, el ingeniero comercial egresado de la Universidad Finis Terrae vio una oportunidad inigualable para que sus dos pasiones convivan. 

Desde que tomaron las riendas del negocio familiar, Michel y su hermano Julio le dieron un giro a la planta de Comberplast (que antes fabricaba envases, embalajes y materiales para el sector agrícola). Bajo su gestión, la compañía, de la que Michel es gerente comercial y su hermano gerente general, empezó a desarrollar productos a partir de plástico reciclado. En la actualidad, la empresa procesa diversos materiales, como polipropileno y polietileno. Con estos insumos, Comberplast fabrica envases, muebles, piezas industriales y otros productos que luego vende a empresas de sectores como consumo masivo, construcción, logística, minería y energía.

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“En la economía circular, la primera palabra es clave: economía. Es un modelo de negocio,  alternativo a la economía lineal, con triple impacto, pero no hay que olvidarnos nunca de que es un modelo de negocio”, comenta Michel Compagnon. 

La apuesta por la economía circular del empresario se fortaleció en años recientes. Su interés por la naturaleza lo llevó a recorrer la Patagonia chilena. Durante sus viajes, vio cómo en algunas zonas de esa región acumulaban y desechaban toneladas de boyas y cuerdas usadas para la pesca. “Me decían que era basura”, recuerda. Al ver que había muchos desechos de plástico como esos en el sur de Chile, en 2016, el ejecutivo decidió sacar adelante un proyecto llamado Atando Cabos. Esta iniciativa hoy se ha convertido en una empresa (una cleantech) en la que Compagnon es gerente general. La firma está especializada en recolección, triturado, trazabilidad (a través de un software llamado T. R. S. T., que identifica el origen de cada desecho plástico) y pelletizado (desarrolla la química para ese proceso) del plástico. Los pellets generados por Atando Cabos son, posteriormente, procesados por la planta de Comberplast, ubicada en Santiago de Chile. 

A la fecha, Comberplast procesa alrededor de 6 millones de kilogramos al año. No obstante, el espacio para seguir creciendo en Chile que tienen esta empresa y Atando Cabos no es menor. De hecho, solo en 2024, el país consumió 1.238.000 toneladas de plásticos, según cifras de la Asociación Gremial de Industriales del Plástico (Asipla). Ese número fue 7% superior al registrado el año pasado. Sin embargo, de acuerdo con la Asipla, la tasa de reciclaje total de este material el año pasado alcanzó el 10,3%. Es decir, 89,7% del plástico que consume Chile aún no es aprovechado. 

Planes circulares

Comberplast y su spin off quieren crecer, pero también innovar. La facturación conjunta de estas empresas cerraría en alrededor de US$ 15 millones en 2025. En el caso de Atando Cabos, Michel Compagnon sostiene que la idea es aumentar el volumen de plástico recolectado. De hecho, a su planta de acopio en Puerto Mont se sumará en 2026 otra en Calama o Antofagasta para recolectar el plástico generado “por la minería en Chile y el sur de Perú”.

Por el lado de Comberplast, el fortalecimiento de la planta está muy presente en su agenda. “En los últimos 12 meses invertimos cerca de 4,5 millones de dólares en aumentar al doble la capacidad de reciclaje e incrementar la capacidad de fabricación de pellets. El próximo año tenemos que hacer inversiones un poco menores”, proyecta su gerente comercial y copropietario.

La relación de estas dos compañías con clientes grandes ha dado pasos importantes y también tiene buenas proyecciones. A mediados de este año, SQM Litio anunció que contrató a Comberplast para producir anualmente 150.000 pellets. Para ello, la empresa utilizará 3.000 toneladas de maxisacos provenientes de las operaciones en Atacama de la minera y de desechos plásticos recolectados por Atando Cabos. 

“Cuando entró SQM, la relación con otros clientes grandes cambió totalmente. Fueron el first mover: la primera gran empresa que se atrevió a esto y funcionó. Hay un montón [de otras compañías] interesadas. Estamos viendo que la facturación debería estar sobre el doble de acá a cuatro o cinco años”, estima Compagnon. De hecho, el empresario ve potencial para penetrar más en el sector retail chileno, especialmente en delivery, actividad que utiliza intensivamente el plástico. 

“El potencial de esas empresas para aportar a este negocio está en cómo transportan sus productos. Esa logística es gigante. Ahí está la demanda de materiales”, señala Michel Compagnon. 

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Asimismo, el también gerente general de Atando Cabos señala que le gustaría llevar esta firma a otros países de América Latina. Por lo pronto, adelanta que “Perú está en el radar” de esta eventual expansión internacional. También están evaluando Canadá, ya que tiene una industria salmonera que podría capitalizar los servicios de Atando Cabos. “[Ese negocio] sería para llegar al pellet. Y con ese pellet mandar a fabricar productos. Tenemos el software de trazabilidad. Sabemos cómo reciclar”, comenta. 

Pese a que hacen importantes sinergias, las dos empresas tienen desafíos diferentes en los siguientes años, sostiene Compagnon. Por el lado de Atando Cabos, el reto pasa, según el empresario, por buscar nuevas fuentes de material y tecnología para habilitar reciclaje de cosas que antes no se reciclaban,  con trazabilidad y calidad. En el caso de Comberplast, responsable de producir un output, el desafío es identificar y desarrollar “nuevos productos y mercados” que impulsen la demanda de materiales reciclados.